Donovan Carrillo renace para Milán-Cortina 2026

Donovan Carrillo terminó de competir en los Juegos Olímpicos de Beijing 2022. Lucía un traje negro en brillantes plateados, su cabello se alborotaba al compás de cada giro. Espigado. Movimientos finos con las manos como si dibujara en el aire. Si se caía, no importaba; se volvía a impulsar con naturalidad y mantenía la sonrisa en la pista helada. El arte de patinar.
Era la primera vez en la historia que un patinador mexicano competía en un programa largo en el escenario olímpico. Patinó al ritmo de Perhaps, de Carlos Rivera y Diego Boaventura; Sway, de Dean Martin; María, de Ricky Martin, y Bailar, de Elvis Crespo. Y con su interpretación totalizó 218.13 puntos, 79.69 en el programa corto y 138.44 en el largo para ubicarse en el lugar 21 general.
Las sorpresas apenas comenzaban: Julio César Chávez, el gran referente del boxeo, le envió un mensaje en redes sociales. Le siguieron el ganador del Oscar, Eugenio Derbez, y su ídolo ––el cantante Carlos Rivera––. De pronto, recibía más mensajes que una estrella de cine.
Destacar en un deporte invernal en México ––donde el hielo es un rumor lejano–– era un mérito en sí mismo. Llegaba a la cumbre de su carrera deportiva a los 22 años.
Su historia comenzó cuando Dafne, su hermana mayor, practicaba patinaje artístico. Solía acompañar a sus padres para dejarla en la pista. Fue entonces cuando descubrió el mundo del hielo, después de practicar gimnasia y clavados. Sin imaginar que se convertiría en el mejor patinador de México.
Los cinco aros dejaban de ser solo un sueño de infancia. A partir de entonces, después de los reflectores, parece que su historia se puso en pausa para la opinión pública.
Ya no tenía que imaginarlo; lo estaba viviendo. En febrero de 2022 apenas se empezaba a contar el inicio de una nueva historia.
Desde Toronto, donde la nieve no es un cuento y el patinaje artístico es potencia, Donovan atiende esta entrevista con Sports Illustrated México previo a competir este 10 de febrero en Milano-Cortina 2026, sus segundos Juegos Olímpicos invernales.
“Darme cuenta que muchísimas personas en México, Latinoamérica y en el mundo conocieron mi historia, siguieron mis competencias y estuvieron ahí para apoyarme fue algo que me marcó muchísimo…sabía que era algo muy grande”, recuerda Donovan con brío en la mirada y una gracia que lo acompaña.
Estaba en la cima de su carrera en aquel invierno de hace cuatro años y los cambios llegaron abrupta e inesperadamente.
Después de más de una década realizando saltos de alto grado de dificultad y giros que desafiaban la gravedad con una velocidad arrasadora fue cuando tuvo sus primeras caídas. No en la pista. Fuera del hielo.
No lograba encontrar ritmo en las competencias por una lesión que le aquejaba en el tobillo. A toda costa intentó evadir la cirugía. Estaba en la plenitud de su nueva vida y no concebía la idea de detenerse.
Un tobillo que gritaba y que no le permitía cumplir con los estándares que en su interior sabía que podía lograr. No encontraba constancia. Salió avante de la cirugía que prolongó hasta diciembre de 2022, pero el tiempo fue implacable y en un periodo de tres meses no patinó.
“Pasó de todo, hice, aprendí y disfruté, me caí y patiné mal. Todo lo que tenía que pasarme me pasó para convertirme en quien hoy soy y llegar a esta segunda cita olímpica”.
Y los cambios sucedieron a una velocidad vertiginosa.
El dolor ahora era emocional. Decidió separarse al siguiente año, en 2023, de su entrenador Gregorio Núñez porque las diferencias personales le impedían trabajar por el mismo objetivo. Y un día, como era costumbre ––desde los 13 años–– llegó a patinar a la pista del Ice Sports Center, una plaza comercial en León, Guanajuato. “Me corren a mí de la pista de León porque él era el entrenador del programa de patinaje”. Fue Gregorio quien le informó que ahí no podía volver a patinar. “Me quedo sin pista de hielo”.
Era la primera vez en 10 años que no tenía dónde entrenar en un país carente de infraestructura para los deportes de invierno.
Donovan recogió sus pertenencias de la oficina de Gregorio. “Entendí el mensaje, no pregunté nada”.
Habló con los dueños de la pista y le explicaron que cuando él llegó a León a los 13 años, Gregorio le consiguió una beca deportiva para que no pagara por patinar y ahora él decidía retirarle esa beca y ellos no tenían otra opción. “Podía patinar lo que yo quisiera y no me cobraban nada. Gracias a ese apoyo es que yo pude llegar a unos Juegos Olímpicos”, valora sin resentimiento.
Un tiempo en el que solía preguntarse: “¿Qué pasaría si Donovan se fuera de México? ¿Podría mejorar más? ¿Me quedaría igual? ¿Empeoraría o qué sería?”. En medio de tantas preguntas encontró otras opciones.
Como cualquier otro cliente pagaba su entrada a la pista de León y después se iba. Pasaron tres semanas en lo que comenzó a gestionar sus trámites para vivir en Canadá y le presentó un proyecto a las autoridades deportivas de México. Ahí podría entrenar con Myke Gilman y Jonathan Mills ––a quienes conocía desde 2019–– además de colaborar con expertos en giros y coreografía como el renombrado francés Benoit Richaud y Román Hagenager, especialista en ice dance.
A diferencia de otros atletas, en México no hay pistas de hielo para poder desarrollar patinadores y traer un entrenador era complicado. Entonces, en la propuesta le aseguraron un año de apoyo para entrenar en Toronto, salir por primera vez del país y continuar en el patinaje sobre hielo.
“Me doy cuenta que mi edad deportiva dentro del patinaje cada vez se acorta y si tenía que exponerme a vivir un cambio así en mi vida tenía que ser en ese momento”.
A Toronto llegó en junio de 2023. Lo que más llamó su atención fue entrenar con la temperatura adecuada del hielo, patinar en condiciones de primer nivel, con entrenadores élite y con patinadores mundialistas y olímpicos.
Se dio cuenta muy pronto que no llegaba en su mejor forma deportiva por la rehabilitación en el tobillo y tenía que iniciar de cero. Llegó a vivir por un mes en el sótano de una casa de la familia de una compañera, mientras encontraba un departamento.
Asimilaba un sistema diferente de entrenamiento. Revela que antes estaba acostumbrado a patinar enojado en las prácticas y si algo no le parecía “gritaba o explotaba” con el entorno. Llegó a Toronto y aprendió a regularse emocionalmente.
“Mis entrenadores me dijeron: ‘tienes que entender que tienes 23 años’, aquí vienes a disfrutarlo y a aprender. Si tuviste un mal día o un mal salto o una mala sesión fue solo eso. Y tienes otra oportunidad para hacerlo mejor. Esto tiene que ser divertido’”. No pasó mucho tiempo para que aprendiera a ver el patinaje con una nueva mirada. Empezó realmente a disfrutar.
Comenzó a recuperar lo que sabía hacer y aprendió a hacer los dobles, triples y cuádruples. Este amplio y creciente equipo le permitió combinar técnica y expresión artística. Algo fundamental para competir al más alto nivel. Solo que ahora lo hacía disfrutando hasta de las caídas.
No vivió su primera gloria de inmediato. Donovan solo ha llorado una vez por un resultado. El Campeonato del Mundo en Boston, que se celebró en marzo del año de 2024, y otorgaba 24 lugares directos para competir en los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina 2026. Gran parte del mundo del patinaje artístico predecía que Donovan conseguiría el boleto olímpico, sus entrenadores y él lo aseguraban.
Todo había mejorado, sin embargo, le faltaba esperar.
Aquel día, en cambio, falló dos elementos que le costaron puntos en el programa corto y como consecuencia no logró la clasificación directa.
El llanto lo venció. Su familia estaba ahí. Sentía que había decepcionado a la gente que fue a verlo competir, a su equipo y a él mismo. El dolor de no haber conseguido el boleto como lo había planeado. Eran muchas emociones al mismo tiempo. Sintió que había fallado a un país entero.
Fue, en efecto, el fruto de una equivocación donde surgió la convicción de mejorar las áreas en las que no había prestado atención: alimentación, descanso, tiempo de sueño y entrenamiento mental.
Su rutina por la mañana es inamovible. Se despierta, tiende su cama, hace afirmaciones, escribe en un diario y se lava el rostro. Antes de realizar cualquier movimiento en sus entrenamientos cierra sus ojos y visualiza su práctica para mejorar sus saltos, busca detalles técnicos que le gustarían sentir al momento de patinar para que los elementos salgan y después entrena. Si de repente algo sale fuera de control o como no espera regresa su atención al momento presente, suelta el error y no lo carga durante toda su práctica.
“De las cenizas renací”, dice, y sincero, además: “Era algo que necesitaba pasarme y también me sirvió para replantearme”.
Ese fue su aprendizaje: cuidar de los detalles externos para tener un mejor resultado en sus entrenamientos y competencias. Dedica entre 6 a 7 horas diarias a su preparación. Todos los días.
En septiembre pasado, en el Clasificatorio olímpico de Beijing, China, Donovan ganó la medalla de bronce y el boleto a sus segundos Juegos Olímpicos de Invierno Milán-Cortina 2026. Llega con 26 años y un nuevo ciclo olímpico de lucha.
En las tierras itálicas competirá este martes al ritmo de Hip Hip Chin Chin en el programa corto; en el libre, un Remix de Elvis Presley y en la apertura, My Way, una canción que su abuela le ha pedido por incontables años.
La verdad es que aún le falta otro sueño por cumplir. Espera algún día poder interpretar en una pista de hielo la canción de Sincerándome con su ídolo Carlos Rivera cantándola en vivo. La letra de esa canción le transmite estar consigo mismo, con sus pensamientos y sus emociones. Ese podría ser el cierre perfecto con la voz de su ídolo, el mismo que lo siguió hace cuatro años en redes sociales.
- Días de competencia:
- Martes 10 de febrero | 11:30 horas | Programa corto
- Viernes 13 de febrero | 12:00 horas | Programa largo
