Hubertus von Hohenlohe: el príncipe "mexicano" en Olímpicos de Invierno

Hubertus von Hohenlohe desciende de una familia de príncipes en Alemania. No vive en un castillo, no porta corona alguna y es libre de toda obligación monárquica. Sin embargo, nació en México ––lejos de la realeza–– y se convirtió en el primer esquiador mexicano en competir en unos Juegos Olímpicos de Invierno.
El principado no existe desde 1879, aunque los títulos se mantuvieron. Hubertus relata en entrevista con Sports Illustrated México la historia de su familia. Los Hohenlohe tuvieron gran relevancia en la época medieval, especialmente durante Las Cruzadas hacia Jerusalén y todavía existen ocho o nueve castillos de Hohenlohe cerca de Stuttgart. Hasta hubo algún papa en la familia.
Es uno de los miembros más afamados de su linaje real en Europa y ocasionalmente visita los castillos. De esa misma familia provino el Príncipe Felipe de Edimburgo, que fue esposo de la Reina Isabel II. Una de las casas reales de mayor influencia en el mundo.
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Hubertus vivió en México hasta los dos años de edad. Después su familia se mudó a Marbella, España, donde se establecieron en un hotel de lujo que su padre construyó con gente afamada e ilustre. De aquella etapa recuerda que “todo era fiesta y vacaciones”.
Sus padres lo enviaron a Austria a estudiar con la intención de alejarlo de la diversión y acercarlo a una vida más real. Fue ahí donde descubrió el esquí, se enamoró del deporte y comenzó a competir. Ganó carreras en la escuela y el Campeonato austríaco de descenso en la Universidad. Esta experiencia le dio la idea de representar a un país en competencias de relevancia como Copas del Mundo.
Nació en México y su abuela era mexicana lo que le otorgaba el pasaporte mexicano. Según las reglas debía esquiar por el país del que poseía el pasaporte. Así México se convirtió en el destino desde el cual trazaría su camino en la nieve.
"México me eligió a mí".
- Hubertus, esquiador mexicano
Para él, esquiar exige equilibrio, fuerza y talento en el movimiento corporal y la capacidad de adaptación rápida a las condiciones cambiantes de la pista. Describe las sensaciones al descender sobre la nieve, que varían entre la euforia y el peligro, y compara la experiencia con volar. Alguna vez alcanzó los 148 kilómetros por hora. El olor a la nieve, a veces dice que más fabricada, con un olor químico que delata su origen artificial.
Durante la entrevista, Hubertus irrumpe en canto con una canción titulada “México Ski”, la cual fue lanzada la semana pasada. Escrita por él mismo y definida como una ranchera-rap. La canción recorre su propia historia y condensa cuatro décadas compitiendo por México.
La idea de crearla surgió de un productor que le sugirió documentar su carrera, y Hubertus incorporó una estrofa sobre su nacimiento en México y la meta de “Cielito Lindo” adaptada a su experiencia, con la participación de mariachis.
"La canción es un regalo para México y una expresión de lo que el país me dio".
- Hubertus von Hohenlohe
“Ay, ay, ay, ay canto y no lloro porque el país por el cual yo competí es el más lindo de los mejores", entona dejando que cada frase resuene como un homenaje a la nieve y al país que lo vio volar en traje de charro durante los Juegos Olímpicos de Sochi 2014.
Cuando dice que compite por México, la comunidad de los deportes olímpicos reacciona con una aprobación casi inmediata. De acuerdo a Hubertus, el país es percibido como "colorido, positivo, místico e interesante". Esto hace que su representación sea especial. Está convencido de que defender los colores de otras naciones no hubiera generado el mismo impacto.
La alegría se debe a que hay alguien dispuesto a competir por México, a pesar de que no es un país donde abunda la nieve. Es más una excepción que una costumbre.
El mexicano revela su pasión por el canto, la composición, la fotografía ––realiza exposiciones en museos–– el diseño y su incursión musical. Para él, la canción es la forma más adecuada de contar su historia única en tres minutos, como un legado de su trayectoria como esquiador y sus sentimientos por México.
Los primeros años como esquiador no fueron fáciles al intentar fundar la federación de esquí–– que actualmente representa––. También sufrió varias caídas que resultaron en hospitalizaciones por un ligamento cruzado roto, una pierna y una mano, entre otras lesiones a lo largo de 40 años.
Pero el momento que más dolor le causó fue un incidente en los Juegos Olímpicos de Invierno Torino 2006. Fue excluido de los Juegos una o dos semanas antes de su inicio. La razón oficial fue que otros atletas del equipo de patinaje artístico tuvieron problemas de dopaje y no quisieron enviarlo solo. Su familia había comprado entradas para la ceremonia de apertura, pero a él le quitaron la bandera una semana antes y no pudo entrar.
Aunque acepta el dolor, reconoce que a otros atletas que se clasificaron más tarde tampoco los enviaron. México volvió a enviar a atletas de invierno hasta 2010.
Habla de su carrera como fotógrafo y destaca que él inventó un estilo de “selfies” en 2001, ocho años antes de que el término se popularizara en 2009, lo que lo posiciona como un “antecesor del selfie”. Esta faceta artística tuvo éxito inmediato, consiguió posiciones en galerías y museos.
Más tarde, al preguntarle sobre cómo se definiría a sí mismo, Hubertus sonríe y se autonombra–– a sus 66 años–– “ecléctico” y “hombre orquesta”. Una persona multifacética: esquiador, cantante, compositor, fotógrafo y diseñador. “Quizá ninguno a la perfección, pero todos con gran pasión y talento”.
"México me ha dado la oportunidad de vivir mi sueño que es esquiar por México y difundir la cultura mexicana en el mundo".
- Hubertus von Hohenlohe
