Los vuelos del Ícaro austriaco: la vida de Felix Baumgartner

Felix Baumgartner, místico del aire y pionero de hazañas extremas, desafió los límites del cielo con saltos inolvidables. Piloto y competidor incansable, vivió para volar, romper récords y desafiar la gravedad. Sin embargo, incluso el hombre sin miedo luchó contra su mayor temor: la claustrofobia que casi detuvo su salto más audaz.
Felix Baumgartner falleció este jueves tras sufrir perder el control de su parapente en Italia
Felix Baumgartner falleció este jueves tras sufrir perder el control de su parapente en Italia / Red Bull via Getty Images

A Félix Baumgartner lo llamaban el hombre sin miedo. Pero incluso, en lo más profundo de su aplomo, respiraba una fragilidad insoportable. Fearless Felix era claustrofóbico. Lo último que se espera de un hombre que saltó desde la estratósfera a 39 mil metros es que le temiera, no al vacío del cielo, sino al encierro de su casco.

Cuando la preparación para la que sería su más grande hazaña alcanzaba sus etapas más rigurosas, Baumgartner empezó a sufrir ataques de pánico mientras permanecía encerrado dentro del traje presurizado y su casco, un confinamiento diseñado para simular las extremas condiciones del salto. 

En 2010, en lugar de enfrentar la prueba de resistencia que lo confrontaría una vez más con su mayor —y quizás único— temor, Felix se dirigió al aeropuerto y abandonó Estados Unidos, donde se encontraba en plena preparación.

Gracias a la guía de un psicólogo deportivo aprendió a controlar su claustrofobia y volvió a ser dueño del aire. 

Aquel 14 de octubre, en medio de un planeta que lo miraba en vilo, Baumgartner se subió a una cápsula presurizada, y con ayuda de un globo aerostático se elevó más de 39 mil metros sobre el desierto de Nuevo México, y se lanzó al vacío. Cayó a velocidad supersónica, rompiendo la barrera del sonido con su propio cuerpo. Durante cuatro minutos y veinte segundos, fue apenas un punto en el cielo, una sombra cayendo sobre la curvatura de la Tierra. Fue el primer hombre en romper el sonido sin ayuda mecánica. Un Ícaro moderno que no necesitó alas de plumas y cera.

Oriundo de las tierras de Mozart, Baumgartner nació en Salzburgo, Austria, en 1969. Parecía haber sido arrojado al mundo con el alma dislocada. A los 16 años ya hacía saltos en caída libre, y a los 20 había abandonado cualquier idea de una vida “normal”. Formó parte del equipo de demostración y competencia del ejército austriaco, una etapa crucial en la que pulió sus habilidades con disciplina y vértigo. Se había entregado por completo a una vocación que parecía más propia de los mitos: vivir en esa línea imprecisa donde el cielo y la tierra se confunden.

Sus proezas en Salto BASE —salto desde objetos fijos con paracaídas a baja altura— empezaron a acumularse.

En 1999 voló por encima del Canal de la Mancha con un ala de carbono adherida al torso; en 2003 saltó desde el brazo extendido de la estatua del Cristo Redentor en Río de Janeiro y en 2006 voló por encima de Reforma en la Ciudad de México tras arrojarse del que era entonces edificio más alto del país, la Torre Mayor. 

En 2007 saltó desde el edificio más grande del mundo: la Torre Taipei 101 en Taiwán, donde contrató a bailarines de break dance para que los guardias de seguridad no impidieran su brinco al vacío. Le prohibieron la entrada al país como consecuencia. En Gospic, Croacia, se sumergió en el vacío de Mamet Cave, una cueva que desciende más de 200 metros en la tierra.

Felix Baumgartner realiza un salto desde el edificio más alto del mundo, la torre Taipei 101
Felix Baumgartner realiza un salto desde el edificio más alto del mundo, la torre Taipei 101 / Joerg Mitter/Euro-Newsroom via Getty Images

También corrió carreras, pilotó helicópteros y, en una ocasión, se enfrentó en una carrera aérea contra un avión. No importaba el escenario: el cielo, la ciudad o el subsuelo, Félix vivió para volar. 

Hoy a los 56 años, murió en Italia, tras perder el control de su parapente y desplomarse en la alberca — una versión diminuta del mar de Ícaro— de una casa de vacaciones en Porto Sant'Elpidio, Italia

Fue el desenlace natural de un místico del aire, hereje del sueño, mártir de la gravedad. Un hombre que convirtió la caída en una forma de elevarse.

Baumgartner se convirtió en la primera persona en hacer paracaidismo cruzando el estrecho entre Inglaterra y Francia
Baumgartner se convirtió en la primera persona en hacer paracaidismo cruzando el estrecho entre Inglaterra y Francia / Foto de Stefan Aufschnaiter vía Getty Images

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Alejandra González Centeno
ALEJANDRA GONZÁLEZ CENTENO

Reportera y creadora de contenido en Sports Illustrated México.