Michael Jordan y su historia con el automovilismo: Un vínculo que lo une a su padre

La decisión de Michael Jordan, considerado el mejor jugador de la NBA, de tener un equipo en la Nascar no pasó por un nuevo activo a su portafolio de negocios, sino que tuvo que ver con la relación con su fallecido padre.
Jordan, quien pasó gran parte de su infancia en carreras de autos junto a su familia, heredó de su papá el amor por la velocidad y el espectáculo de los óvalos, experiencias que convirtieron estas competencias en una tradición vacacional y que, años después, influirían en sus decisiones empresariales y deportivas.
Esa pasión lo llevó en septiembre de 2020 a asociarse con el piloto de Nascar Denny Hamlin para formar 23XI Racing, equipo que debutó en la temporada de 2021. Jordan es el propietario mayoritario, mientras que Hamlin tiene una participación minoritaria; el nombre del equipo alude al legendario número 23 que Jordan usó en el basquetbol y al 11 del auto de Hamlin.
Antes incluso de su entrada a Nascar, Jordan ya había probado suerte en el deporte motor. En los años 2000 estuvo vinculado a un equipo de carreras de motos, llamado Michael Jordan Motorsports, que participó en disciplinas de velocidad sobre dos ruedas y contó incluso con diseños exclusivos inspirados en su marca Air Jordan.
La compra del equipo para competir en Nascar fue también una apuesta social: Jordan vio en la llegada del piloto Bubba Wallace, con el que su equipo debutó, una oportunidad para abrir puertas y dar visibilidad a la diversidad dentro de una categoría tradicionalmente menos diversa, al hacerlo el primer afrodescendiente en la historia categoría.
La incursión de Jordan en el serial también ha tenido momentos de tensión institucional: a finales de 2024, 23XI Racing y otro equipo presentaron una demanda antimonopolio contra Nascar por las prácticas relacionadas con su sistema de contratos “charter”, que garantizan la participación en las carreras y derechos financieros. Tras más de un año de disputa legal, ambas partes alcanzaron un acuerdo en diciembre pasado.
Sin embargo, en el óvalo del Daytona International Speedway este fin de semana Jordan vivió otro motivo de celebración: la victoria en la Daytona 500 con el piloto Tyler Reddick, un triunfo que confirmó que su apuesta no solo es emotiva, sino también deportiva.
Para Jordan, volver a celebrar en Daytona no fue solo ganar una carrera, fue reconectar con una pasión que empezó en familia y que hoy, como dueño de equipo, lo consolida como figura influyente en las pistas y en la industria del automovilismo estadounidense.
