El PGA Tour abrió su negocio a inversionistas: las lecciones para el plan de la FIFA

La propuesta de la FIFA para abrir el negocio del Mundial al capital privado tiene su antecedente deportivo más cercano en el PGA Tour. En enero de 2024, el circuito creó PGA Tour Enterprises, una compañía con fines de lucro encargada de concentrar sus contratos audiovisuales, patrocinios y otros activos comerciales.
La operación formó parte de la respuesta del PGA Tour a la ofensiva de LIV Golf, el circuito financiado por el fondo soberano de Arabia Saudita que atrajo a varias de sus figuras mediante contratos millonarios.
La nueva empresa le permitió obtener capital, recompensar a los jugadores que permanecieron en sus torneos y fortalecer su posición en medio de la disputa por controlar el golf profesional.
Strategic Sports Group, un consorcio encabezado por Fenway Sports Group, aportó inicialmente 1,500 millones de dólares y dejó disponible una segunda inversión por la misma cantidad. A cambio, obtuvo una participación minoritaria, mientras el PGA Tour conservó el control de la empresa.
La fórmula se aproxima a la que Gianni Infantino plantea para FIFA Forward Enterprise: crear una subsidiaria comercial, mantener la mayoría de las acciones y permitir la entrada de inversionistas para obtener recursos sin vender por completo el negocio.
El capital le permitió financiar nuevos proyectos y buscar oportunidades en medios, patrocinios y experiencias para los aficionados, áreas que quedaron bajo la responsabilidad de PGA Tour Enterprises. También incorporó a propietarios con experiencia en equipos como Liverpool, Boston Red Sox, Pittsburgh Penguins y Atlanta Falcons.
Los jugadores también se convirtieron en propietarios
La principal diferencia con la FIFA está en quién participa del crecimiento de la nueva empresa. El PGA Tour creó un programa mediante el cual sus miembros podían recibir acciones de PGA Tour Enterprises.
La primera distribución entregó 930 millones de dólares en participaciones a 193 jugadores. Las acciones no se convirtieron inmediatamente en dinero: su propiedad se consolida durante varios años y depende del rendimiento, la trayectoria, la permanencia en el circuito y la participación en sus torneos.
Para enero de 2026, cerca de 200 golfistas ya eran accionistas y el valor de las participaciones concedidas superaba los 1,000 millones de dólares. El PGA Tour amplió además el programa para que los 50 mejores de la clasificación anual puedan recibir nuevas acciones, incluso si no participaron en el reparto original.
Los jugadores también obtuvieron representación en la empresa. El consejo inicial de PGA Tour Enterprises quedó compuesto por 13 integrantes: nueve nombrados por el circuito y cuatro por Strategic Sports Group. Entre los representantes del Tour se encontraban seis golfistas activos y el exjugador Joe Ogilvie.
El modelo busca que los deportistas no sólo compitan por premios, sino que también se beneficien si aumentan la audiencia, los contratos audiovisuales, los patrocinios y el valor comercial del circuito.
Un beneficio concentrado en las figuras
El reparto, sin embargo, favoreció principalmente a los nombres más importantes. De los 930 millones distribuidos inicialmente, 750 millones quedaron entre 36 jugadores, elegidos por su trayectoria, desempeño y capacidad para atraer público. Los otros 180 millones se dividieron entre 157 miembros activos y retirados.
La fórmula recompensó especialmente a figuras que rechazaron las ofertas de LIV Golf y permanecieron en el PGA Tour, pero también amplió la distancia con los jugadores que completan los torneos sin producir los mismos ingresos comerciales.
Las acciones funcionan además como una herramienta para retenerlos. Los beneficiarios deben cumplir requisitos de participación y servicio durante el periodo en el que consolidan su propiedad. Abandonar el PGA Tour puede significar perder una parte del valor concedido.
El modelo tampoco eliminó los conflictos internos. PGA Tour Enterprises surgió después de que el circuito anunciara por sorpresa en 2023 un acuerdo con el fondo soberano de Arabia Saudita, financiador de LIV Golf.
Los jugadores no fueron consultados y varios conocieron la noticia al mismo tiempo que los medios. La reacción obligó al Tour a aumentar su representación en los órganos de decisión y a ofrecer mayores garantías de que una negociación similar no volvería a realizarse sin su participación.
La diferencia con la FIFA
La FIFA busca captar hasta 4,200 millones de dólares mediante una empresa comercial valorada en 20,000 millones. Entre los posibles inversionistas aparece Thrive Eternal, encabezada por Joshua Kushner, hermano de Jared Kushner, yerno de Donald Trump.
El dinero también serviría para aumentar el Programa Forward, mediante el cual la FIFA financia proyectos de desarrollo en sus 211 federaciones.
En el ciclo 2023-2026, cada asociación puede acceder a un máximo de ocho millones de dólares para financiar infraestructura, selecciones nacionales, competencias juveniles, futbol femenil y gastos operativos.
La propuesta elevaría esa cantidad a 20 millones de dólares por federación entre 2027 y 2030, un incremento del 150 por ciento. Los recursos no se entregarían automáticamente: las asociaciones tendrían que presentar proyectos, comprobar los gastos y someterse a las revisiones de la FIFA.
La asignación aumentaría posteriormente a 22 millones durante el ciclo 2031-2034 y a 24 millones entre 2035 y 2038.
Además, la FIFA plantea crear Fast Forward, un mecanismo mediante el cual cada federación podría solicitar una sola vez hasta 20 millones de dólares adicionales para estadios, centros nacionales de entrenamiento y obras que no puedan financiarse con el programa ordinario.
La promesa de más recursos es uno de los principales incentivos para que las asociaciones respalden la creación de FIFA Forward Enterprise.
El PGA Tour permitió la entrada de capital privado, pero también dio acciones y representación a los golfistas. La FIFA busca sumar inversionistas sin ceder el control y ofrecer más recursos a las federaciones encargadas de aprobar el proyecto. El modelo se parece en la forma, pero cambia quién participa, quién decide y quién recibe los beneficios.
