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El pitcher de los Bravos de Atlanta que fue cajero del 7-Eleven y el bullpen que silenció a Dodgers

Seis lanzadores se combinaron para maniatar a una alineación de estrellas que incluía a Mookie Betts, Freddie Freeman y Shohei Ohtani, limitándolos a seis hits y dos carreras para sellar una improbable victoria de 3-2 que empató la serie.
La de Ryan Kerr, el opener en los juegos de bullpen de los Braves, es una de las mejores historias de la postemporada de MLB.
La de Ryan Kerr, el opener en los juegos de bullpen de los Braves, es una de las mejores historias de la postemporada de MLB. | Getty Images

El beisbol tradicional dictó, durante décadas, que el lanzador abridor era un guerrero solitario destinado a devorar entradas hasta que un brazo cansado —o 100 lanzamientos, lo que llegue primero— dictara sentencia. 

Sin embargo, la sabermetría moderna y la crudeza de los calendarios largos engendraron una criatura distinta, el juego de bullpen. Esta estrategia, que prescinde del abridor convencional para lanzar un desfile de relevistas con roles hiperespecíficos, transforma los juegos en una especie de ajedrez entrada por entrada. 

En esta postemporada de MLB, los Bravos de Atlanta adoptaron esta doctrina y la convirtieron en su salvavidas. Enfrentando los playoffs con una rotación de abridores desgastada, Atlanta tuvo que apostar su supervivencia a la profundidad de su bullpen.

La dependencia extrema en los relevistas se materializó rápidamente. Ya en la Serie de Comodines frente a los Philadelphia Phillies, los Braves tuvieron que maniobrar de emergencia cuando Tyler Mahle, uno de sus abridores, sufrió un repentino espasmo abdominal justo antes del inicio de un juego. 

Obligados a jugar el todo por el todo en el decisivo Juego 3 de esa misma serie, el mánager Walt Weiss implementó su primer juego de bullpen a gran escala. Empleando a Ryan Kerr como abridor situacional para neutralizar a los poderosos bateadores zurdos de Filadelfia —como Kyle Schwarber y Bryce Harper— y recargando el peso en brazos largos como el de Grant Holmes, la táctica funcionó de maravilla y les permitió avanzar de ronda. 

El verdadero examen de esta estrategia llegó en la Serie Divisional ante los Dodgers. 

Abajo 1-0 en la serie, y después de haber utilizado a Chris Sale para sacar los últimos tres outs del juego decisivo ante los Phillies, Weiss no tuvo más remedio que recurrir a otro juego de bullpen. 

Weiss justificó la audaz decisión explicando que prefería tener a un Sale al 100 por ciento de sus capacidades y que confiaba ciegamente en sus relevistas. La ejecución de esta coreografía de pitcheo fue brillante: seis lanzadores se combinaron para maniatar a una alineación de estrellas que incluía a Mookie Betts, Freddie Freeman y Shohei Ohtani, limitándolos a seis hits y dos carreras para sellar una improbable victoria de 3-2 que empató la serie.

El hombre designado por Weiss para abrir fuego en estos cruciales juegos de bullpen fue el zurdo Ray Kerr, un opener cuya biografía es tan impresionante como lo ha sido su desempeño. 

Criado en Reno, Nevada, Kerr sufrió una infancia sumamente inestable en casas hogares,  marcada por la ausencia de su madre biológica y un padre frecuentemente encarcelado. Tras frustrarse en programas de beisbol de secundaria con muy bajo nivel, colgó el guante a los 20 años y se resignó a trabajar limpiando palomitas en un cine IMAX y abasteciendo las frías cámaras de una tienda 7-Eleven.

Su historia habría terminado ahí de no ser por su madre de crianza, Lisa, quien sin tener obligación alguna costeó su matrícula universitaria para que volviera a lanzar. 

Kerr aprovechó la oportunidad, desarrollando una recta que alcanzó las 95 mph y que lo llevó a firmar profesionalmente. A pesar de un debut tardío en las Mayores y de perder 26 meses debido a una severa cirugía Tommy John en el codo, regresó a los Braves en agosto de 2026 mostrando un dominio absoluto, con una efectividad microscópica de 1.47 y un WHIP de 0.60 en sus últimas 18.1 entradas de la temporada regular.

Convertido en un especialista, Kerr ejecutó a la perfección su rol de opener. En el Juego 3 del Comodín ante los Phillies lanzó 3.1 entradas en blanco, y en el crítico Juego 2 contra los Dodgers dictó cátedra. 

Frente a la realeza ofensiva de Los Ángeles, Kerr lanzó 2.2 episodios sin permitir carrera y se dio el lujo de ponchar a Shohei Ohtani con una bola rápida 95 mph, entregando la ventaja y el ímpetu al resto del grupo de relevistas.

Tras la impecable apertura de Kerr, el diseño táctico requería un puente que devorara los episodios intermedios. Ese rol recayó en el novato de 21 años, Didier Fuentes, quien demostró nervios de acero. 

El relevista colombiano sometió a los Dodgers a lo largo de 3.2 episodios en los que llegó a retirar a 11 bateadores de forma consecutiva, un dominio asfixiante que anuló gran parte del intento de remontada local.

Con la mínima ventaja protegida por la eficiencia combinada de Kerr, Fuentes, Grant Holmes y Dylan Lee, la novena entrada quedó a cargo del cerrador Raisel Iglesias. Con apenas tres lanzamientos, Iglesias selló el último out de la noche. 

El modesto pero implacable bullpen de Atlanta demostró que el beisbol de octubre es caótico. Y que la resiliencia pesa tanto como los nombres más grandes de un roster plagado de estrellas.

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Published | Modified
Alejandra González Centeno
ALEJANDRA GONZÁLEZ CENTENO

Reportera y creadora de contenido en Sports Illustrated México.