Skip to main content

¿Cómo los Rays evitaron la barrida en el Juego 4? Las claves del milagro en la Serie Mundial

Los Rays sobrevivieron a la eliminación en entradas extras tras estar abajo 3-0 en el Clásico de Otoño. Con un bullpen intratable, defensa milagrosa y un épico rally en la doceava entrada, forzaron un quinto juego frente a los Brewers en una noche para la historia en el Tropicana Field.
El batazo de la victoria. Ben Williamson efervesce en jubilo junto a sus compañeros de los Tampa Bay Rays tras conectar el sencillo remolcador en el duodécimo episodio
El batazo de la victoria. Ben Williamson efervesce en jubilo junto a sus compañeros de los Tampa Bay Rays tras conectar el sencillo remolcador en el duodécimo episodio | Getty Images

El 27 de octubre de 2026, los Milwaukee Brewers llegaron al Tropicana Field con una imponente y absoluta ventaja de 3-0. El equipo dirigido por Pat Murphy se encontraba a solo 27 outs —de hecho estuvo a tres outs— de consumar una barrida y alzar el primer trofeo de Serie Mundial en la historia de la franquicia, un desenlace que parecía inminente tras la aplastante victoria de 10-1 que habían logrado apenas la noche anterior en el Juego 3.

Frente a ellos, los Tampa Bay Rays encaraban el abismo. En toda la historia de las Grandes Ligas, ningún equipo ha logrado reponerse de un déficit de 0-3 en el Clásico de Otoño. El mánager Kevin Cash y su novena necesitaban aferrarse a la mentalidad de "una ficha y una silla", apostando todo a sobrevivir un día más frente a su afición.

El beisbol, sin embargo, demostró una vez más su naturaleza impredecible. En un encuentro maratónico de más de cuatro horas y 12 entradas, los Rays se negaron a capitular. 

Con un triunfo final de 4-3, Tampa Bay evitó la eliminación y expuso grietas en el blindaje de Milwaukee. 

El dominio del bullpen de Tampa Bay y la redención de Bryan Baker

Para orquestar una victoria en extra innings, el pitcheo de relevo debe rozar la perfección, y el cuerpo de lanzadores de los Rays ejecutó el plan al pie de la letra. 

Tras una apertura sólida de cuatro entradas de Griffin Jax, el mánager Kevin Cash activó un desfile de seis relevistas que secaron a la poderosa ofensiva de Milwaukee. En conjunto, el bullpen de Tampa Bay lanzó ocho entradas, permitiendo apenas una carrera, cuatro imparables, regalando solo dos boletos y recetando cinco ponches.

Dentro de esta maquinaria, la figura de Bryan Baker fue fundamental. 

Baker —que lideró la temporada con 41 salvamentos pero no había visto acción en la Serie Mundial— ingresó en las entradas intermedias, un tramo crítico donde los juegos cerrados suelen fracturarse. 

Lanzó dos episodios completos en los que permitió apenas un hit y cero carreras.

Ese magistral control de daños, complementado por actuaciones estoicas de Nick Martínez, Cam Booser, Tyler Wells y el cerrador Ian Seymour, neutralizó la inercia ofensiva de Milwaukee. Los relevistas mantuvieron el empate a lo largo de nueve extenuantes entradas sin permitir anotaciones —de la sexta a la undécima—, sentando las bases para el milagro tardío.

La atrapada salvadora de Chandler Simpson en la novena entrada

El pitcheo no habría sobrevivido sin la brillantez del guante, y el jardín de los Rays fue escenario de una de las jugadas defensivas más importantes de la postemporada. 

En la novena entrada, con el juego empatado y la tensión al límite tras embasarse el corredor de los Brewers, el novato Chandler Simpson se robó el protagonismo absoluto.

Simpson rastreó un batazo profundo y, con un salto espectacular contra la barda, decapitó lo que prometía ser un extrabase productor. La atrapada salvó una carrera inminente y obligó al corredor de Milwaukee Cooper Pratt a regresar apresuradamente a la primera base para evitar el doble play, manteniendo el marcador intacto y congelando el impulso visitante.

A pesar de quedar visiblemente aturdido tras el impacto contra el muro, Simpson tuvo la presencia mental de incorporarse rápidamente y lanzar la pelota al hombre de corte. 

El milagroso rally de la doceava entrada y el batazo de oro

El clímax del Juego 4 llegó en la baja de la duodécima entrada.

Milwaukee parecía haber liquidado el campeonato cuando Cooper Pratt conectó un cuadrangular en la alta de ese episodio, poniendo el marcador 3-2. Sin embargo, la magia de octubre se desató sin outs en la pizarra. Todo comenzó con un costoso error en un tiro del antesalista Joey Ortiz, el cual permitió que Junior Caminero llegara a salvo a la inicial.

A partir de ahí, la paciencia y la ejecución situacional de Tampa Bay desmantelaron al relevista Shane Drohan. Liam Hicks conectó un sencillo que puso corredores en las esquinas, seguido de un imparable de Jonny DeLuca por el jardín central corto que trajo al plato a Cedric Mullins —corredor emergente por Caminero— para empatar el juego a 3-3. 

Un toque convertido en indiscutible por Chandler Simpson llenó las bases y dejó la mesa servida.

El mánager Kevin Cash llamó al emergente Ben Williamson. 

Con la casa llena, Williamson hizo contacto produciendo un dramático Baltimore Chop —un rodado que picó alto contra la superficie artificial del estadio— que techó al primera base Jake Bauers y se internó en el jardín derecho. Nick Fortes cruzó el plato con la carrera del triunfo en un asombroso cierre de cuatro imparables consecutivos, sellando el walk-off por 4-3.

Bonus: ¿Por qué Pat Murphy no metió a su as, Jacob Misiorowski?

Una de las decisiones más polarizantes del Juego 4 fue el manejo del bullpen por parte del mánager de los Brewers, Pat Murphy. 

Estando a solo tres outs de ganar la Serie Mundial en la duodécima entrada, los manuales no escritos del beisbol sugerían traer a tu mejor brazo disponible, independientemente de su rol. 

Los fanáticos recordaban hazañas épicas de abridores cerrando series, como Chris Sale con los Red Sox en 2018, Madison Bumgarner con los Giants en 2014, o el legendario Randy Johnson en 2001. Sin embargo, Murphy optó por el inexperimentado Shane Drohan.

Drohan, quien arrastraba un historial de nula capacidad para generar swings en blanco durante la postemporada, colapsó permitiendo cuatro hits sin sacar un solo out. Mientras tanto, Jacob Misiorowski —el as de la rotación de 24 años que promedió más de 13 ponches por cada nueve entradas y alcanzó las 104 mph— observó la tragedia desde el bullpen. 

Murphy justificó su ortodoxia amparándose en el contexto global de la serie: al estar arriba 3-0 y jugar como visitantes con una ventaja de apenas una carrera, no quería arriesgar a quemar el brazo de Misiorowski, quien estaba programado con descanso completo para abrir el Juego 5. 

Aunque lógicamente defendible a largo plazo, la omisión de The Miz le dio vida a los Rays y transformó lo que pudo ser una noche de celebración histórica en una prolongación agónica del Clásico de Otoño.

Add us as a preferred source on Google

Published | Modified
Alejandra González Centeno
ALEJANDRA GONZÁLEZ CENTENO

Reportera y creadora de contenido en Sports Illustrated México.