El fantasma de 1906, la insólita sequía que los White Sox buscan enterrar en el Sur de Chicago

El año 1906 olía a humo de ferrocarril y a sangre de los mataderos. Mientras el escritor Upton Sinclair horrorizaba a Estados Unidos publicando La Jungla, una novela que exponía las brutalidades de la industria empacadora de carne en Chicago, la clase obrera del sur de la ciudad encontraba su único escape en un grupo de inadaptados del beisbol.
Les decían los Hitless Wonders (Las maravillas sin hit), una escuadra que bateaba un anémico .230 pero que, contra toda lógica matemática, se había colado en la Serie Mundial para enfrentar a sus vecinos aristocráticos, los todopoderosos Chicago Cubs, dueños del récord de 116 victorias.
Nadie apostaba por los White Sox. Pero el 14 de octubre de aquel año, en el viejo estadio de madera South Side Park III y frente a 19,249 almas delirantes, masacraron al legendario lanzador de los Cubs, Mordecai "Three-Finger" Brown.
Con tres carreras impulsadas por el veterano George Davis y un juego completo del zurdo Doc White, el marcador final dictó un aplastante 8-3. Los obreros saltaron al campo, ahogando sus penas en un éxtasis total.
Lo que ninguno de esos aficionados imaginó en aquella tarde helada es que tendrían que pasar al menos 120 años para que la franquicia volviera a asegurar una serie de postemporada en su propio estadio.
Suena a broma cruel, pero es una de las anomalías geográficas más bizarras en la historia del deporte. Desde aquel lejano 1906, cada vez que los White Sox descorcharon champaña para celebrar la victoria de una serie de playoffs, lo hicieron con las maletas hechas y en patio ajeno.
Cuando ganaron la Serie Mundial de 1917, el juego decisivo se disputó en el mítico Polo Grounds de Nueva York. Y aquella legendaria aplanadora del 2005 bajo el mando de Ozzie Guillén? Barrieron la Serie Divisional en el Fenway Park de Boston, ganaron el campeonato de la Liga Americana en el Angel Stadium de Anaheim, y se coronaron campeones del mundo barriendo a los Astros en el Minute Maid Park de Houston.
Esta condena de nomadismo triunfal nos trae al presente, a un electrizante octubre de 2026.
La franquicia viene de tocar el fondo histórico del beisbol moderno tras sufrir espantosas temporadas consecutivas de 121 y 102 derrotas en 2024 y 2025. Sin embargo, bajo la audaz batuta del mánager Will Venable, se han convertido en el primer equipo en los anales de las Grandes Ligas en clasificar a la postemporada inmediatamente después de hilar dos campañas con más de un centenar de descalabros.
Y no solo llegaron de milagro; están arrasando. Fieles a su inquebrantable guión, viajaron primero al Daikin Park de Houston para despachar a los Astros en la Serie de Comodines, ganando otra serie en suelo tejano.
Ahora, en la Serie Divisional de la Liga Americana, tienen contra las cuerdas a los Cleveland Guardians tras robarse los dos primeros juegos en Ohio.
La serie regresó a Chicago y, a pesar de la derrota en el Juego 3, el escenario está servido para el cuarto encuentro.
El coloso de la calle 35 aguarda la catarsis definitiva. Solo les falta una victoria más frente a Cleveland para espantar de una vez por todas a los fantasmas de la Era de la bola muerta y gritar, al fin, que son ganadores en su propio patio.
Ciento veinte años después, el sur de Chicago merece, más que nadie, que la champaña se derrame sobre su propio césped.

Reportera y creadora de contenido en Sports Illustrated México.