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Huelgas y paros laborales en la MLB, la historia del conflicto y la tragedia de 1994

Un recorrido por las nueve disputas entre dueños y peloteros que redefinieron la economía del beisbol en las Grandes Ligas.
A lo largo de cinco décadas, estas batallas de poder entre el capital y el trabajo han resultado en la cancelación de aproximadamente 1,746 juegos y la pérdida de 470 días del calendario oficial. 
A lo largo de cinco décadas, estas batallas de poder entre el capital y el trabajo han resultado en la cancelación de aproximadamente 1,746 juegos y la pérdida de 470 días del calendario oficial.  | Getty Images

El beisbol es a menudo visto como un pasatiempo romántico, un escape de verano donde el tiempo parece detenerse. Sin embargo, la historia de las Grandes Ligas está marcada por una intensa y constante lucha laboral. 

Desde que la Asociación de Jugadores se consolidó como un sindicato real bajo el mando del visionario Marvin Miller a finales de los años sesenta, el deporte ha sufrido nueve interrupciones laborales —cinco huelgas y cuatro paros patronales— que han redefinido por completo su economía.

A lo largo de cinco décadas, estas batallas de poder entre el capital y el trabajo han resultado en la cancelación de aproximadamente 1,746 juegos y la pérdida de 470 días del calendario oficial. 

En un deporte que se jacta de su continuidad y de sus récords históricos inquebrantables, cada uno de estos conflictos ha dejado una cicatriz profunda en la relación entre los dueños de las franquicias y los peloteros que saltan al terreno de juego.

La primera sacudida llegó en 1972. 

Los jugadores, organizados y hartos de que los dueños se negaran a aumentar sus aportaciones al fondo de pensiones, se declararon en huelga durante 13 días. 

Lograron que se inyectaran $500 mil dólares adicionales al fondo, pero lo más importante fue que demostraron que el sindicato tenía los dientes suficientes para paralizar el juego. 

Apenas un año después, en 1973, los dueños respondieron con un paro patronal —lockout— durante los entrenamientos de primavera, un conflicto que culminó con una victoria monumental para los peloteros, la creación del arbitraje salarial, que por fin les dio un mecanismo independiente para negociar sus sueldos.

Pero el verdadero punto de inflexión ocurrió en 1976. Tras la histórica decisión del árbitro Peter Seitz que abolió la centenaria "cláusula de reserva" —la cual ataba a los jugadores a un equipo de por vida— los dueños cerraron los campos de entrenamiento en un intento desesperado por mantener el control del mercado. 

El resultado de las negociaciones fue el Acuerdo Básico de 1976, que formalizó la agencia libre para aquellos jugadores con seis años de servicio.

La década de 1980, en cambio, estuvo dominada por la tensión y el caos. Una breve huelga en la primavera de 1980 postergó una disputa sobre la compensación por la pérdida de agentes libres, lo que inevitablemente detonó la desastrosa huelga de 1981. 

Durante 50 días, el beisbol se detuvo por completo. Se cancelaron 712 juegos y los jugadores forzaron a la liga a improvisar un formato de "temporada dividida" que insólitamente dejó fuera de la postemporada a los equipos con los mejores récords generales del año, como los Reds y los Cardinals. 

Las hostilidades continuaron con una huelga de dos días en 1985 que dio paso a la era de la "colusión", donde los dueños acordaron en secreto y de forma ilegal no firmar a los agentes libres estrella, una trampa que luego les costó $280 millones en daños. 

Poco después, el paro patronal de 1990 retrasó el Opening Day por una semana, resolviendo disputas sobre la elegibilidad para el arbitraje salarial y elevando el salario mínimo a $100,000 dólares.

El conflicto más reciente nos remonta a la temporada baja de 2021-2022. 

Tras más de un cuarto de siglo de paz ininterrumpida, los dueños impusieron el noveno paro de la historia, el cual duró 99 días. 

Esta vez, la pelea sindical no fue por proteger los megacontratos, sino por defender a la "clase media" del beisbol. Lograron aumentos significativos en el salario mínimo, instauraron una lotería del draft para evitar que los equipos perdieran a propósito (tanking) y crearon un innovador fondo de $50 millones para compensar a los mejores peloteros jóvenes previos al arbitraje, utilizando métricas avanzadas (WAR) y premios para definir los bonos.

Sin embargo, ningún evento en esta larga y turbulenta cronología se compara remotamente con la huelga de 1994-1995, el conflicto laboral más oscuro y destructivo en la historia del deporte profesional estadounidense. 

Todo comenzó porque los dueños, preocupados por la disparidad económica entre equipos de mercados grandes y pequeños, intentaron imponer un tope salarial duro para limitar los sueldos. El sindicato se negó rotundamente a entregar el sistema de libre mercado que tantas batallas les había costado construir.

El 12 de agosto de 1994, los jugadores abandonaron los diamantes. Un mes después, acorralado y sin un acuerdo a la vista, el comisionado interino Bud Selig hizo lo impensable y canceló el resto de la temporada regular, los playoffs y la Serie Mundial, algo que el béisbol no veía desde 1904. 

El paro se extendió durante 232 días agónicos, que esfumaron más de $800 millones de dólares combinados en salarios e ingresos y robándole a los fanáticos momentos históricos que jamás volverían. 

Tony Gwynn buscaba batear para .400 y se quedó congelado en .394, mientras que Matt Williams llevaba un ritmo brutal para romper el sagrado récord de jonrones en una temporada y se quedó en 43 por culpa del paro.

Las consecuencias deportivas de esa huelga fueron devastadoras, y nadie sufrió más que los Montreal Expos. 

Con un récord de 74-40, eran el mejor equipo del momento y los grandes favoritos al título. 

La cancelación los ahogó financieramente y los obligó a malbaratar a todas sus estrellas jóvenes en una vergonzosa liquidación al año siguiente. 

La ciudad perdió la fe, y el declive culminó con la mudanza de la franquicia a Washington en 2004. Además, en medio del conflicto, los dueños intentaron iniciar la temporada de 1995 usando jugadores de reemplazo, creando parias de por vida a los que la Asociación de Jugadores vetó para siempre de su mercancía y de videojuegos oficiales, como le pasó a Kevin Millar, que por años apareció en las consolas bajo seudónimos.

El catastrófico apagón del beisbol solo llegó a su fin el 2 de abril de 1995, cuando la entonces jueza federal —y hoy jueza de la Corte Suprema— Sonia Sotomayor emitió una orden judicial clave. 

Ella dictaminó que los dueños no podían cambiar unilateralmente reglas como la agencia libre y el arbitraje y los forzó a restaurar el status quo laboral de 1990 para regresar al campo de juego sin un tope salarial. 

Aunque el pasatiempo nacional sobrevivió y la afición regresó lentamente, la huelga del 94 quedó marcada en la memoria colectiva como la temporada más catastrófica de las Grandes Ligas.

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Published | Modified
Alejandra González Centeno
ALEJANDRA GONZÁLEZ CENTENO

Reportera y creadora de contenido en Sports Illustrated México.