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Las claves de los Brewers para coronarse en el Juego 5 de la Serie Mundial 2026

Tras 57 temporadas de existencia, la franquicia de Wisconsin alcanzó la gloria absoluta en el Juego 5
William Contreras, MVP de la Serie Mundial, celebra tras el último out.
William Contreras, MVP de la Serie Mundial, celebra tras el último out. | Getty Images

El 28 de octubre de 2026 quedará grabado en los libros de historia del beisbol como la noche en que los Milwaukee Brewers finalmente rompieron su sequía. Tras 57 temporadas de existencia y una dolorosa espera de 44 años desde su última aparición en el Clásico de Otoño en 1982, la franquicia conquistó su primera Serie Mundial al vencer a los Tampa Bay Rays 4-1 en el decisivo Juego 5 disputado en el Tropicana Field.

El campeonato fue el cierre con broche de oro de una temporada regular arrolladora donde sumaron 103 victorias (103-59), establecieron un récord para la franquicia y aseguraron el mejor registro de todas las Grandes Ligas. 

En octubre, la maquinaria de Wisconsin fue prácticamente invencible, registrando una marca de 11-2 en postemporada tras despachar a los Padres, barrer de forma histórica a los colosales Dodgers y finalmente someter a los Rays.

La legión venezolana y el dominio del MVP

El motor indiscutible de los Brewers en este campeonato tuvo acento venezolano, encabezado por el receptor William Contreras, quien hizo historia al alzarse con el premio al Jugador Más Valioso (MVP) de la Serie Mundial. 

En el Juego 5, Contreras volvió a ser determinante al conectar un oportuno doblete productor en la sexta entrada que amplió la ventaja del equipo, coronando una serie en la que bateó para un astronómico promedio de .381 con un OPS de .864 y cuatro carreras impulsadas.

Sin embargo, el valor de Contreras fue mucho más allá de su bateo oportuno. 

El venezolano se consolidó como una auténtica muralla defensiva y táctica. Logró revertir 10 llamadas de los umpires con el sistema de desafío automatizado (ABS) y atrapó a cuatro corredores en intento de robo a lo largo del Clásico de Otoño, disuadiendo por completo la velocidad de Tampa Bay. 

A su lado, la chispa de la juventud fue encendida por el dinámico Jackson Chourio, quien fungiendo como primer bate acumuló 14 imparables y nueve impulsadas en la postemporada.

Desde el montículo, el brazo derecho de Antonio Senzatela completó este letal núcleo latinoamericano. 

Tras una desastrosa temporada 2025 donde registró marca de 4-15 con Colorado, Senzatela resurgió en Milwaukee como un relevista intermedio de máxima confianza. 

En la postemporada de 2026, lanzó 4.1 entradas inmaculadas (0.00 ERA) permitiendo un WHIP de apenas 1.15. Su capacidad para apagar conatos de rebelión en los tercios medios de los juegos fue fundamental para preservar ventajas antes de entregarle la pelota a los cerradores.

Un bullpen hermético

Si un factor aisló a los Brewers del resto de los contendientes en octubre fue su capacidad para asfixiar las ofensivas rivales en los episodios finales. 

De manera colectiva, el cuerpo de relevistas de Milwaukee permitió apenas ocho carreras limpias a lo largo de 61 entradas totales de labor en los playoffs. El ancla y figura histórica de este grupo fue el zurdo Aaron Ashby, cuya actuación debe ser catalogada como una de las más dominantes en los registros del beisbol moderno. 

Ashby acumuló 12.1 entradas lanzadas en los playoffs sin tolerar una sola carrera (0.00 ERA) y rompió el legendario récord de Andrew Miller de más entradas consecutivas en blanco para un relevista en una misma postemporada.

Las métricas avanzadas de Ashby rayan en lo inverosímil. En la Serie Mundial registró un WHIP de 0.176 y un FIP (Fielding Independent Pitching) negativo de -0.08. 

Registrar un FIP negativo es una anomalía estadística extrema, lo que indica que, al remover el factor de la defensa, Ashby fue matemáticamente mejor que un lanzador perfecto en términos de prevención de eventos positivos para el bateador. 

En el Juego 5, esta dinámica ejecutó su guión a la perfección. 

Tras la brillante salida del meteórico abridor Jacob Misiorowski —quien lanzó 5.2 entradas en blanco en las que permitió solo dos hits y otorgó dos ponches—, el bullpen de Murphy tomó las riendas. 

La implacable profundidad de los brazos de Milwaukee garantizó el cierre del partido, siendo Trevor Megill el encargado de retirar los últimos outs, bajar el telón del campeonato y desatar la euforia en el diamante de Florida.

La filosofía de Pat Murphy

El componente anímico de este título tiene un arquitecto fundamental y es el mánager Pat Murphy. 

Asumiendo el mando en una temporada de altas expectativas, Murphy impregnó rápidamente al roster de una identidad inquebrantable, resistente al pánico y descrita por sus propios jugadores como "implacable". 

El momento definitorio de su gestión motivacional ocurrió durante la celebración tras barrer a los Dodgers, cuya nómina superaba los $340 millones de dólares. Frente a todo el equipo, Murphy declaró: "Ellos podrán tener un montón de futuros miembros del Salón de la Fama, pero nosotros tenemos un montón de guerreros ('gamers'). Y los guerreros ganaron esta semana".

Esta identidad de equipo obrero se trasladó empíricamente al terreno de juego. 

Milwaukee demostró ser el equipo más resiliente del año, sumando siete de sus 11 victorias de postemporada por la vía de la remontada. En lugar de derrumbarse ante la adversidad, el equipo aplicó una filosofía de paciencia extrema que el mánager rival de Tampa Bay, Kevin Cash, describió como la mentalidad de "una ficha y una silla de póker".

El mejor ejemplo de este temple se vivió en el Juego 2 de la Serie Mundial, cuando los Brewers cayeron en un agujero de 4-0 apenas en la primera entrada y, sin inmutarse, desgastaron al pitcheo rival para darle la vuelta al marcador y ganar 5-4. 

El beisbol de contacto 

En la era moderna del beisbol, estadísticamente dominada por los jonrones, los ponches y las bases por bolas, los Brewers conquistaron el título yendo deliberadamente en contracorriente. 

Durante la temporada regular, Milwaukee anotó el porcentaje más bajo de sus carreras por la vía del cuadrangular entre las 30 franquicias de las Grandes Ligas. 

En lugar de depender de batazos de cuatro esquinas que a menudo desaparecen ante el pitcheo de élite en octubre, construyeron su ofensiva poniendo la pelota en juego de forma incesante, exprimiendo la velocidad de sus corredores y forzando a la defensiva rival a ejecutar bajo máximo estrés.

El triunfo en el Juego 5 fue una radiografía perfecta de este estilo táctico de "bola pequeña".

La ofensiva prescindió de los estacazos largos y se basó en el dinamismo del cuadro interior. El novato Cooper Pratt fue decisivo al conectar un sencillo productor que impulsó a Brice Turang en la segunda entrada, y más tarde sentenció el partido con un elevado de sacrificio en la sexta para ampliar la ventaja. 

Turang, fungiendo como motor en las bases, cerró la noche bateando de 4-2 con un doble, una base robada y una carrera anotada, mientras que David Hamilton aportó otra rayita mediante un productivo rodado al cuadro.

Este esquema de contacto incesante ya había hecho pedazos a los Rays en el histórico Juego 3, cuando Milwaukee anotó ocho carreras en la quinta entrada —todas producidas con dos outs— a base de imparables consecutivos, incluyendo rodados que por pura física y efecto vencieron al cuadro interior de Tampa Bay. 

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Published | Modified
Alejandra González Centeno
ALEJANDRA GONZÁLEZ CENTENO

Reportera y creadora de contenido en Sports Illustrated México.