Rob Thomson tenía que irse de Philadelphia

El despido de Alex Cora hizo más fácil—si no inevitable—el despido de Rob Thomson. Los Boston Red Sox y los Philadelphia Phillies están cortados con la misma tijera: equipos de alto presupuesto con inicios desastrosos, enfrentando la urgencia de abril sin margen para cambiar el personal. Los Phillies están incluso peor que los Red Sox. Así que el manager tenía que irse.
Los managers son despedidos en cadena. Como las toallas de papel o la comida para mascotas, los chivos expiatorios vienen al por mayor. A los gerentes generales les gusta tener compañía cuando se trata de hacer cambios.
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Thomson fue despedido tres días después de Cora, tal como el año pasado Baltimore despidió a Brandon Hyde nueve días después de que Pittsburgh cesara a Derek Shelton, lo que precedió al despido de Dave Martinez en Washington 49 días después. Cuando una mala construcción del roster lleva a un mal desempeño, la culpa recae en el manager y los coaches, no en los ejecutivos que armaron el equipo y que gozan de mucha mayor seguridad laboral.
Hubo un tiempo en que los gerentes generales eran reacios a despedir managers, porque eso los acercaba a poner en riesgo su propio puesto. Se decía que un GM tenía derecho a dos contrataciones de manager, en casos raros tres. Los tiempos han cambiado. A.J. Preller, de los Padres, ha despedido a siete managers de tiempo completo en 12 años. La cifra de despidos en los dugouts de MLB sigue creciendo:
- Once equipos han cambiado de manager en los últimos 12 meses.
- Más de la mitad de los equipos de MLB, 16, han cambiado de manager en los últimos 20 meses.
- Dave Roberts es el único manager campeón de la Serie Mundial que aún mantiene su puesto con la misma organización.
Thomson llevó a los Phillies a cuatro temporadas consecutivas de postemporada con un promedio de 92 victorias por año. El año pasado llevaron al límite a los poderosos Dodgers en la Serie Divisional de la Liga Nacional, perdiendo los tres juegos con la carrera del empate en la caja de bateo en el último out.
Todo ese éxito apenas le otorgó 28 juegos de margen. Con marca de 9-19, los Phillies están empatados con los Mets como los peores equipos del beisbol (lo que debería convertir a Carlos Mendoza en el hombre más nervioso del deporte, especialmente con Cora disponible como una opción inmediata).
Veintiocho juegos parecen pocos, hasta que se entiende que los buenos equipos casi nunca juegan tan mal. Un 9-19 no es producto de la mala suerte en una pequeña muestra, sino un reflejo de los problemas reales de Philadelphia. Los números son contundentes en lo grave de su situación.
En la era del comodín, 75 equipos comenzaron con marca de 9-19 o peor. Solo uno—¡uno!—llegó a playoffs: los Astros de 2024, que ganaron el Oeste de la Liga Americana con 88 victorias en una división débil. Seattle fue segundo con 85 triunfos.
Es difícil dimensionar lo mal que están los Phillies en todos los aspectos del juego, un nivel de crisis por el cual cualquier manager debe asumir gran parte de la responsabilidad. La ofensiva es más superficial que el río Schuylkill. Philadelphia ha caído del octavo lugar en carreras por juego el año pasado al puesto 28 este año. Los bateadores del fondo del lineup (7-8-9) batean para .209.
Alec Bohm luce completamente perdido, como pocos bateadores de Grandes Ligas que se recuerden. Solo ha conectado una pelota con contacto sólido en toda la temporada, batea .100 contra rectas y no ha jalado un hit más allá del campocorto. Adolis García, designado para asignación por los Rangers, sigue persiguiendo demasiado y tiene problemas con lanzamientos con efecto (.193 el año pasado, .190 este año). Bryson Stott no ha bateado en tres años (OPS+ de 89, el quinto peor en MLB entre jugadores con al menos 1,000 turnos). Justin Crawford es un novato que persigue demasiado. El equipo tiene la quinta tasa más alta de swings fuera de la zona.
Más allá de Trea Turner (quien atraviesa una mala temporada, algo no sorprendente para un shortstop de 33 años), Kyle Schwarber y Bryce Harper, un pitcher puede trabajar sin mayores problemas. Esos tres jugadores suman 1.1 WAR en conjunto. Brandon Marsh lidera al equipo con 0.6 WAR. Todos los demás, fuera de esos cuatro, combinan para -1.8 WAR.
Los problemas ofensivos son evidentes; las deficiencias defensivas son un poco menos visibles, pero casi igual de dañinas. Los Phillies ocupan el lugar 23 en Outs Above Average. Peor aún, están permitiendo un altísimo promedio de bateo en bolas en juego de .354, el más alto en MLB. El pobre Cristopher Sánchez, especialista zurdo en sinker, tiene el BABIP más alto de las Grandes Ligas con .423. El promedio de bateo en MLB en roletazos es de .246. Los Phillies están permitiendo un promedio de .295 en rodados, el peor del beisbol.
Philadelphia necesita renovar su personal, pero en esta época del año casi no hay cambios y el principal prospecto, Aiden Miller, ha lidiado con una lesión recurrente en la espalda desde el otoño pasado.
Lo peor para un manager en la cuerda floja es un día libre. Provoca que la reflexión sustituya la esperanza de que la suerte cambie en el juego de esa noche. La oficina de los Phillies tuvo tiempo para reflexionar sobre lo mal que está este equipo. Un equipo con la quinta nómina más alta tiene el peor récord del béisbol mientras falla en todas las facetas del juego.
Don Mattingly es una opción lógica y evidente para reemplazar a Thomson. Tiene 12 años de experiencia como manager y, como coach de banca de Thomson, conoce al personal disponible. Pero no es como si pudiera jugar una mano diferente a la de Thomson. Sigue sin tener un cuarto bate y una defensa sin alcance.
La parte más fascinante de la contratación es que el gerente general de los Phillies es el hijo de Mattingly, Preston Mattingly. Don dejó Toronto, donde como coach de banca llegó a la Serie Mundial por primera vez, para trabajar con su hijo. Dave Dombrowski es el presidente de operaciones de béisbol de los Phillies y quien toma las decisiones finales. Su historial con managers incluye grandes aciertos (Jim Leyland en Florida, Cora en Boston y Thomson en Philadelphia ganaron banderines o Series Mundiales) y errores (despidió a Phil Garner en Detroit apenas seis juegos iniciada una temporada).
Se pensaría que la dinámica padre-hijo entre gerente y manager le da a Don Mattingly más margen que a la mayoría de las contrataciones a mitad de temporada. Aunque, por otro lado, los Yankees de 1985 tuvieron una relación similar entre manager y jugador con Yogi y Dale Berra. Yogi fue despedido tras 26 juegos.
Publicado originalmente en www.sportsillustrated.com el 28/04/2026, traducido al español para SI México.
