Chequia vuelve al Mundial entre polémicas, sanciones y una selección diseñada para incomodar a México

Veinte años después de su última participación mundialista, Chequia regresa a la Copa del Mundo con jugadores recientemente sancionados, un entrenador de 74 años y una de las selecciones más físicas del torneo. México la enfrentará en el cierre del Grupo A.
Tomas Chory, uno de los jugadores checos involucrados en la polémica del clásico local
Tomas Chory, uno de los jugadores checos involucrados en la polémica del clásico local / Gabriel Kuchta/Getty Images

A Chequia le tomó dos décadas volver a una Copa del Mundo, pero su regreso no está exento de polémica porque luego de obtener el boleto, la lista de Miroslav Koubek incluyó a dos jugadores que protagonizaron recientemente uno de los mayores escándalos del futbol checo.

El delantero Tomas Chory y el mediocampista David Doudera estarán en el Mundial, pese a haber sido suspendidos por la liga local, tras los incidentes ocurridos en el clásico entre Slavia Praga y Sparta Praga, un duelo que terminó con expulsiones, invasión a la cancha y sanciones disciplinarias.

No es la única tensión que acompaña a la selección que México enfrentará el 24 de junio en el Estadio Azteca.

Los checos regresan a una Copa del Mundo por primera vez desde Alemania 2006 con un entrenador de 74 años, una base construida alrededor de un solo club y una de las plantillas más peligrosas del campeonato cuando se trata del juego aéreo.

La decisión de Koubek de mantener a Chory y Doudera en la lista provocó debate en el país, pero también dejó claro cuál es su prioridad: Para el entrenador, el talento y la experiencia pesan más que cualquier polémica.

En el caso de Chory, la explicación es sencilla: Con 1.99 metros de estatura, es una de las principales armas ofensivas de una selección que ha construido buena parte de su identidad gracias al juego físico.

A su lado aparecen nombres como Tomás Soucek (1.92), Patrik Schick (1.91), Ladislav Krejci (1.91) y Adam Hlozek (1.88), elementos que convierten cada córner, tiro libre y balón dividido en una amenaza constante.

Para México, ahí debe estar el principal foco de atención: Chequia no necesita dominar partidos durante 90 minutos para anotar, le basta un centro al área o un balón parado para cambiar el rumbo de un encuentro.

Esa identidad ha sido impulsada por Koubek. A sus 74 años será el segundo entrenador más veterano del Mundial. Su carrera tampoco siguió el camino habitual. Pasó décadas trabajando lejos de los reflectores antes de consolidarse en la primera división checa, en la que levantó un título con el Viktoria Plzen.

No es un técnico asociado con revoluciones tácticas ni sistemas complejos, sus equipos suelen parecerse a él: ordenados, competitivos y pragmáticos. La fórmula funcionó para hacer historia con su país.

Tras la sorpresiva derrota ante Islas Feroe que sacudió al futbol checo, Koubek tomó el control de la selección y la guió de regreso al Mundial al obtener el ticket en el repechaje europeo.

Pero las polémicas no se limitaron al clásico de Praga. Meses antes de asegurar su clasificación, la Federación Checa castigó económicamente al plantel, después de que los jugadores abandonaran el campo sin agradecer a los aficionados tras un partido de eliminatoria.

El episodio generó un debate nacional sobre la relación entre la selección y sus seguidores. Dentro de la cancha, sin embargo, pocas selecciones llegarán al torneo con tanta cohesión.

Diez de los 26 convocados pertenecen al Slavia Praga y 17 juegan en la liga local. El portero Jindrich Stanek, los defensores David Doudera, Tomás Holes y David Zima, los mediocampistas Lukas Provod y Michal Sadilek, además de los delanteros Chory y Mojmir Chytil comparten vestidor en los Rojiblancos.

Mientras otras selecciones utilizan las concentraciones para construir automatismos, Chequia llega al Mundial con buena parte de ellos ya incorporados.

A esa base se suman figuras consolidadas como Schick y Soucek, además de una de las mayores promesas del país, Hugo Sochurek, mediocampista de apenas 17 años que será uno de los jugadores más jóvenes del torneo.

Por nombres, Chequia no tiene el brillo de otras selecciones europeas, tampoco cuenta con una figura global, pero sí tiene algo que suele resultar incómodo en torneos cortos como un Mundial: una identidad definida.

Veinte años después de su última Copa del Mundo, los checos regresan con polémicas a cuestas, pero también con una receta que pocas selecciones dominan mejor: orden, experiencia y una capacidad extraordinaria para castigar cualquier error por arriba.


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Rodrigo Corona
RODRIGO CORONA

Reportero en Sports Illustrated México. Apasionado por contar historias del mundo deportivo.