Kane ya rompió una maldición; ahora va por otra

Thomas Tuchel lo sacó al minuto 63 del último amistoso de Inglaterra antes del Mundial 2026 y Harry Kane caminó hacia la banca sin prisa.
El trabajo estaba hecho. Inglaterra ganaba 3-0 a Costa Rica y su capitán abandonaba la cancha exactamente cuando estaba previsto. No parecía una sustitución normal, sino la manera en que una selección protege a su futbolista más importante.
La fase de grupos reforzó esa idea. Kane apareció con un doblete en el debut contra Croacia, alcanzó a Gary Lineker como máximo goleador inglés en Copas del Mundo y después vivió una tarde más incómoda en el empate sin goles ante Ghana, en el que Inglaterra tuvo la pelota, pero no encontró la claridad para resolver el partido. Incluso él, el jugador al que normalmente nadie quiere ver con el balón suelto dentro del área, dejó ir una ocasión clara en los últimos minutos.
Ese 0-0 no cambió el fondo de la historia, pero sí le recordó algo a Inglaterra: por más talento que tenga alrededor, la selección de Tuchel todavía necesita que Kane esté cerca de su mejor versión para sentirse realmente candidata.
A sus 32 años, el delantero llegó a Norteamérica en uno de los mejores momentos de su carrera. Durante más de una década convivió con una pregunta que aparecía cada vez que se analizaba su trayectoria. Nadie discutía sus goles, su capacidad para decidir partidos ni su lugar entre los mejores delanteros de su generación. La duda era otra: si podía ganar.
Mientras acumulaba récords con Tottenham, la conversación siempre terminaba en el mismo sitio. Kane era extraordinario, pero no tenía títulos que respaldaran una carrera destinada a algo más que reconocimientos individuales.
Por eso decidió marcharse. No abandonó únicamente un club, dejó el lugar donde se había formado, donde se convirtió en leyenda y donde terminó como goleador histórico. A los 30 años entendió que si quería cambiar la narrativa de su carrera tendría que hacerlo lejos de Inglaterra.
El destino fue Bayern Múnich y la apuesta funcionó. Los goles siguieron llegando, pero ahora también llegaron los títulos, los reconocimientos individuales y la tranquilidad de haber dejado atrás la única crítica que todavía acompañaba su nombre.
El delantero que llegó a este Mundial no es el mismo que abandonó Qatar 2022 con el recuerdo del penal fallado frente a Francia en los cuartos de final. Entre aquel torneo y este fue campeón, ganó la Bundesliga, levantó la Copa de Alemania y fue nombrado el mejor jugador de la liga.
Pero quizá el cambio más importante no aparece en ninguna estadística. Kane se volvió un futbolista más completo. Se mantiene como uno de los mejores finalizadores del planeta, pero hoy también baja metros para participar en la construcción, organiza ataques y utiliza su inteligencia para abrir espacios a quienes juegan a su alrededor.
Nadie conoce mejor esa evolución que Tuchel. El técnico alemán insistió en ficharlo para Bayern en 2023 y ahora vuelve a encontrarse con él en la selección inglesa. No heredó a Kane, lo eligió. Conoce sus movimientos, entiende cómo potenciarlo y ha construido buena parte de la estructura ofensiva de Inglaterra alrededor de él.
Por eso la relación entre ambos es una de las historias más interesantes de este Mundial. También explica parte del optimismo que rodea a Inglaterra, aunque el empate ante Ghana dejó claro que el camino no será tan limpio como parecía después del estreno. La selección inglesa ya tiene asegurado su lugar en la siguiente ronda, pero necesita cerrar la fase de grupos con mejores sensaciones.
La otra razón del optimismo está en el talento que acompaña a Kane. A su alrededor aparece probablemente la generación inglesa más profunda de las últimas dos décadas, con Jude Bellingham, Bukayo Saka, Phil Foden, Cole Palmer y Declan Rice como parte de una base que pocas selecciones pueden igualar. Inglaterra tiene talento, experiencia, profundidad y al máximo goleador de su historia.
Lo único que todavía no tiene es una Copa del Mundo. La última llegó en 1966.
Han pasado casi seis décadas desde entonces. Generaciones enteras crecieron convencidas de que serían las encargadas de terminar con la espera y ninguna lo consiguió. Kane ha estado más cerca que la mayoría. Vivió la semifinal de Rusia 2018, perdió la final de la Eurocopa 2021 y volvió a quedarse corto en otra final continental tres años después.
Ahora llega con una diferencia importante. Ya no carga con la etiqueta del goleador sin títulos. Esa parte de su historia quedó atrás en Alemania. Pero el Mundial le acaba de recordar que la otra maldición, la más pesada, sigue intacta.
Harry Kane ya rompió una, ahora intentará romper la de Inglaterra.
