La noche triste de Monterrey, cuando México perdió en penales contra Alemania en 1986

Aquel partido en Monterrey clausuró la mejor participación histórica de México en una Copa del Mundo —un sexto lugar general— , e institucionalizó la maldición del quinto partido.
Karl-Heinz Rummenigge y Tomas Boy de Mexico previo al partido Mexico vs Alemania en la Copa Mundial de Mexico el 21 de Junio de 1986.
Karl-Heinz Rummenigge y Tomas Boy de Mexico previo al partido Mexico vs Alemania en la Copa Mundial de Mexico el 21 de Junio de 1986. / David Leah/Mexsport

Quien se proclame a sí mismo libre de supersticiones, quizás es porque no conoce esta historia. 

El 21 de junio de 1986, la selección mexicana de futbol disputó en el Estadio Universitario de Monterrey el partido más trascendente de su historia moderna. El encuentro de cuartos de final ante la Alemania Federal representaba el acceso al quinto partido , una quimera que el equipo anfitrión buscaba superar bajo condiciones sociales e institucionales sumamente complejas. 

Nueve meses antes, el terremoto de septiembre de 1985 había devastado la capital del país , y el torneo se celebraba en medio de una asfixiante crisis económica marcada por la inflación y devaluaciones constantes. El futbol, por tanto, actuaba como entretenimiento y como un catalizador de distracción colectiva para una sociedad civil visiblemente desgastada.

Bora Milutinović, el estratega serbio que dirigía al representativo local, estructuró una plantilla cohesionada. La base del equipo se había formado bajo su tutela directa en los Pumas de la UNAM, con nombres como Manuel Negrete, Miguel España, Raúl Servín, Rafael Amador y Félix Cruz

Foto de archivo de la selección nacional mexicana ante Alemania durante un juego de la Copa del Mundo 86.
Foto de archivo de la selección nacional mexicana ante Alemania durante un juego de la Copa del Mundo 86. / Mexsport

La campaña de la selección mexicana en la fase de grupos había sido sólida e invicta, con victorias ante Bélgica e Irak, y un empate contra Paraguay. En los octavos de final, el Estadio Azteca presenció un triunfo por 2-0 ante Bulgaria, sellado por un espectacular gol de tijera de Manuel Negrete

Sin embargo, para disputar los cuartos de final, el equipo tuvo que abandonar la altitud de la Ciudad de México y trasladarse al ardiente verano del norte de la República.

En Monterrey, las condiciones ambientales resultaron brutales. El termómetro registraba oficialmente 32 grados centígrados a la sombra, pero sobre la cancha la sensación térmica real superaba los 40 grados. 

Fuera de la cancha, el director técnico de Alemania Federal, Franz Beckenbauer, operó con astucia. En público, calificó a México como el favorito indiscutible , pero en privado exigió a los organizadores recortar el césped del estadio al mínimo para restarle velocidad al juego técnico de los futbolistas locales. El partido comenzó con un juego ríspido, disputado sobre un terreno de juego sucio, cubierto de papeles y plásticos que volaban al viento seco.

Apenas al minuto 32, el esquema táctico de México sufrió un golpe determinante. Tomás Boy, el mediocampista creativo y capitán del equipo, tuvo que abandonar el campo en camilla debido a una lesión de consideración, siendo reemplazado por Carlos de los Cobos. Sin la visión de juego y la pausa que aportaba Boy, el partido perdió fluidez y se transformó en un duelo de contacto físico e infracciones constantes. 

A pesar de la hostilidad del clima, la línea defensiva de México se comportó a la altura y neutralizó con orden los embates de la delantera alemana.

El rumbo de la eliminatoria pareció cambiar en el minuto 65. El defensor alemán Thomas Berthold, frustrado por el forcejeo físico con Fernando Quirarte dentro del área, reaccionó lanzándole golpes de puño

El árbitro colombiano Jesús Díaz Palacios mostró la tarjeta roja directa y dejó a Alemania Federal con diez hombres sobre el terreno de juego

Buscando capitalizar la superioridad numérica en medio de los cánticos de apoyo de la afición local, Milutinović envió a la cancha al delantero de los Tigres de la UANL, Francisco Javier El Abuelo Cruz, en sustitución de Rafael Amador al minuto 69

Dos minutos después, en el minuto 71, Cruz empujó el balón a la red tras una serie de rebotes desordenados generados por un tiro de esquina. Sin embargo, la celebración duró apenas unos segundos; Díaz Palacios invalidó la jugada de inmediato.

La anulación del gol del Abuelo Cruz se convirtió en uno de los momentos más debatidos en la historia de la selección nacional en Mundiales. Díaz Palacios explicó años más tarde que había señalado un empujón por detrás de Rafael Amador sobre el lateral alemán Andreas Brehme antes de que Cruz rematara y aseguró que los defensores alemanes se frenaron al escuchar el silbatazo previo. 

Por su parte, el mediocampista mexicano Miguel España reconoció con honestidad años después que la jugada formaba parte de un diseño táctico donde Hugo Sánchez debía obstruir o hacer una cortina sobre el defensor alemán del poste, una acción que bajo el reglamento estricto constituía una falta real. 

A pesar de los argumentos técnicos, El Abuelo Cruz resumió la frustración de la época señalando que la jerarquía internacional de la camiseta de Alemania influyó directamente en la psicología del árbitro colombiano.

La hostilidad del público local alcanzó niveles alarmantes tras la anulación. Al concluir el encuentro, el coordinador de árbitros del torneo, Mario Rubio, tuvo que disponer de un operativo militar de emergencia

La terna arbitral fue evacuada del Estadio Universitario oculta en una ambulancia custodiada por fuerzas policiales con sirenas encendidas. Al día siguiente, la tensión se trasladó al aeropuerto y a bordo del vuelo rumbo a la Ciudad de México

Pasajeros alcoholizados identificaron a Díaz Palacios y exigieron de forma hostil que lo bajaran del avión, obligando al capitán de la aeronave a resguardar al silbante dentro de la cabina de tripulación por seguridad. 

Profundamente afectado por el acoso y las acusaciones públicas de soborno, Díaz Palacios renunció al arbitraje profesional a los 34 años de edad para dedicarse a trabajar como visitador médico en Colombia.

El trámite del partido continuó con un desgaste físico brutal. La ventaja numérica mexicana desapareció en el minuto 100 de la prórroga. Javier Aguirre, quien ya estaba amonestado por una infracción táctica, derribó a Lothar Matthäus en el mediocampo para detener un contragolpe.

Díaz Palacios le mostró la segunda tarjeta amarilla y la consecuente roja, convirtiendo a Aguirre en el primer jugador expulsado de la selección mexicana en un Mundial. Para colmo, el defensa central Fernando Quirarte sufrió una grave lesión en la ingle. Al haber agotado Milutinović sus dos cambios reglamentarios autorizados para la época  México tuvo que replegarse y jugar los últimos minutos del tiempo extra prácticamente con nueve futbolistas en condiciones óptimas.

El empate a cero tras 120 minutos envió la eliminatoria a la definición desde el punto penal. 

En esa instancia, la frialdad de Alemania Federal se impuso sin atenuantes. Los cobradores alemanes —Klaus Allofs, Andreas Brehme, Lothar Matthäus y Pierre Littbarski— ejecutaron sus disparos con absoluta precisión. Por México, únicamente Manuel Negrete logró convertir. El guardameta germano, Harald Toni Schumacher, detuvo con facilidad los disparos de Fernando Quirarte y Raúl Servín, sellando el definitivo 4-1 que eliminó al equipo anfitrión.

El gran debate posterior a la derrota se centró en la ausencia de la gran estrella del equipo, Hugo Sánchez, en la lista de los cobradores de penaltis. Sánchez, goleador del Real Madrid y cobrador oficial en la liga española, justificó su decisión alegando que sufrió calambres extremos en ambas piernas debido a la deshidratación por los 40 grados de calor en Monterrey

Sin embargo, esta versión fue cuestionada dentro del propio vestuario mexicano. El guardameta Pablo Larios desestimó el argumento físico, aseverando públicamente que Sánchez simuló los calambres para eludir la inmensa presión de la tanda penal debido a que días antes había fallado un penalti decisivo ante Paraguay en la fase de grupos, un error que mermó su confianza frente al público nacional.

A pesar de la eliminación, la selección mexicana de 1986 concluyó el torneo de forma invicta en tiempo regular y con solo dos goles recibidos en cinco encuentros

Los medios de comunicación oficiales y el aparato político del Estado asimilaron la derrota no como un fracaso organizativo, sino como una epopeya de la derrota con dignidad. Aquel partido en Monterrey clausuró la mejor participación histórica de México en una Copa del Mundo —un sexto lugar general— , e institucionalizó la maldición del quinto partido, un umbral psicológico y deportivo que el futbol mexicano no lograría superar en los siguientes cuarenta años, acumulando siete eliminaciones consecutivas en octavos de final entre 1994 y 2018.


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Alejandra González Centeno
ALEJANDRA GONZÁLEZ CENTENO

Reportera y creadora de contenido en Sports Illustrated México.