Lorenzo, el discípulo de Pékerman que aprendió a rodear a James

En México, James Rodríguez se fue y dejó más dudas que respuestas. Su paso por el León fue breve, irregular y marcado por una decepción: el Mundial de Clubes, uno de los principales motivos por los que fichó por el club, no llegó.
Para muchos, fue la confirmación de un futbolista que a sus 34 años ya no vive en la plenitud física de otros tiempos, que carga con lesiones y una carrera en clubes que hace tiempo dejó de reflejar el tamaño de su nombre.
En Colombia, sin embargo, la mirada cambia.
James no es el futbolista que pasa por la parte final de su carrera. Es el 10, el capitán, el recuerdo vivo de Brasil 2014 y una pieza que todavía carga con la ilusión mundialista de todo un país cuando la pelota pasa por su zurda.
En un club parece obligado a demostrar que todavía puede competir. En la selección, basta con que se ponga la camiseta amarilla para que todos recuerden por qué Néstor Lorenzo construye los ataques alrededor de él.
Entre los periodistas colombianos que acompañan a su selección en Guadalajara, James Rodríguez no se discute desde la duda que dejó en México o en el paso de su último club, el Minnesota United de la MLS, sino desde el lugar que todavía ocupa en Colombia.
No se habla solo del futbolista que pasó por León sin dejar una huella profunda, sino del capitán que funciona como estandarte de una selección que aprendió a mirarlo de otra manera.
Ya no es aquel jugador que fue el máximo goleador de Brasil 2014 y guió al país a su mejor actuación histórica en una Copa del Mundo, con aquellos cuartos de final que siguen en la memoria colombiana, pero tampoco es un futbolista cualquiera dentro del equipo.
James llega con menos explosión, más desgaste y una carrera que ha tenido demasiadas mudanzas. La pregunta ya no es si puede volver a ser el mismo de 2014, sino por qué en Colombia todavía encuentra un contexto para sentirse cómodo, protegido y determinante.
Ahí aparece la figura de Néstor Lorenzo, un técnico que no descubrió al mejor James, pero sí estuvo cerca del proceso que lo convirtió en una figura mundial.
“Si hay alguien que conoce el potencial de James es Lorenzo”, dijo Jenny Gámez, editora de deportes de El Tiempo, uno de los diarios de mayor tradición e influencia en Colombia, a Sports Illustrated México.
La frase ayuda a ordenar la historia. Lorenzo estuvo en el lugar donde ese James se convirtió en una figura mundial. Lo vio desde adentro, como parte de aquel cuerpo técnico de José Pékerman que llegó a Brasil 2014 sin Radamel Falcao y encontró en el zurdo, entonces de 23 años, al futbolista más brillante del torneo.
Gámez recuerdó que la relación no nació ahora. Viene desde el proceso de clasificación rumbo al Mundial de 2014, cuando Lorenzo formaba parte del cuerpo técnico de Pékerman y tenía una función ligada a la planeación.
“Ellos ya eran muy cercanos. Lorenzo era, en el cuerpo técnico de Pékerman, el hombre de la planeación. Entonces, en eso tenía mucha relación con James”.
Esa cercanía no solo le permitió conocer al jugador en la cancha, sino entender sus movimientos, necesidades y la forma en que el equipo debía acomodarse para que su talento no quedara aislado.
El matiz es importante porque Pékerman era el nombre central de aquella Colombia. Gámez no intenta quitarle ese lugar, al contrario, lo subraya.
“El genio del 2014 se llama José Pékerman. Él es el que pierde a Falcao cinco meses antes del Mundial y revoluciona el equipo de tal manera que presenta otra nómina distinta y otro estilo distinto en Brasil”, señaló.
Lorenzo no fue el autor principal de esa obra, pero sí uno de los testigos más cercanos de ese laboratorio. Ahora su mérito es otro. No se trata de repetir el manual de 2014, porque ese James ya no existe, sino de adaptar lo aprendido a una versión más lenta y más cerca del epílogo que de la explosión.
Lorenzo entendió que no podía pedirle a James que fuera un volante de ida y vuelta, ni exigirle esfuerzos que nunca fueron parte natural de su juego. También entendió que, si lo rodea bien, si le reduce cargas y si le pone apoyos cerca, todavía puede recibir de él algo que no sobra en ningún Mundial: claridad y talento.
“En este punto se encuentra con un jugador que tiene otras condiciones deportivas, incluso en su vida personal, es otra cosa distinta. Lo que ha hecho Lorenzo es tratar de acomodarlo a un esquema en el que no lo sacrifique tanto, en el que le ponga muchos apoyos alrededor para que él no tenga que esforzarse tanto”, señaló Gámez.
La confianza de Néstor en James no es solo emocional, también es táctica. No lo mantiene por nostalgia, aunque eso siempre acompañe a un 10 que hizo vivir a Colombia su mejor Mundial.
Lo sostiene porque entiende que todavía hay partidos en los que su zurda, pausa y lectura pueden darle al equipo algo que no se consigue únicamente con piernas frescas.
La exfutbolista Isabella Echeverri, actual analista de Telemundo, mira el caso desde un lugar distinto. No solo como comentarista, sino como exseleccionada colombiana, mundialista, olímpica y con pasado en México, donde jugó para las Rayadas del Monterrey.
Desde esa experiencia, describe lo de Lorenzo como un ecosistema creado alrededor del capitán. Para ella, desde que el técnico tomó la selección en 2022, James se convirtió en el pilar del equipo y el entrenador construyó alrededor de sus virtudes.
“Lo protege bastante. James tiene mucha libertad en el campo, pero tiene dos jugadores o tres jugadores detrás y uno adelante que le ayudan a hacer recorridos, sobre todo defensivos, para que cuando él tenga la pelota pueda tener la claridad de decidir bien y tomar buenas decisiones”, explicó Echeverri.
Ese diseño se nota en los apoyos. James no queda solo, ni obligado a bajar a defender. Cerca de él aparecen futbolistas que equilibran, hacen recorridos y le permiten ahorrar esfuerzos para llegar con lucidez a la zona donde puede decidir.
“No es casualidad que Jefferson Lerma se mantenga siempre detrás de él, tampoco que un John Arias también esté muy cerca ayudándolo a hacer más recorridos. La selección no le pide que corra como los demás; le pide que piense antes que los demás”, añadió.
La frase que mejor explica al James actual también sale de esa lectura: “Él no es rápido con la pelota, pero hace el juego muy rápido cuando tiene la pelota en los pies y por eso Colombia es diferente por él”.
Esa diferencia rompe el debate físico. Si solo se habla de kilómetros recorridos, minutos jugados en clubes o velocidad perdida con los años, James parece un jugador en retiro.
Pero si se mira por lo que todavía puede hacer con un pase, una pausa o un cambio de frente, la discusión cambia. Lorenzo no lo protege para esconderlo, sino para que llegue limpio a los momentos donde Colombia necesita que la jugada pase por su zurda.
La herencia de Pékerman también aparece en otro punto menos visible: el manejo emocional.
Faiver Hoyos, presidente de la Asociación Colombiana de Periodistas Deportivos Acord Colombia, consideró que Lorenzo se ha convertido en una especie de psicólogo para el jugador colombiano.
“Ha sabido entender sus momentos de crisis y sus momentos de éxito. Sabe interpretar el estado de ánimo del jugador y eso es importante para hacerlo sentir importante”.
No es un entrenador que empuje al futbolista cuando está caído, sino uno que intenta levantarlo desde la confianza. En el caso de James, esa lectura resulta todavía más importante, porque pocas carreras han sido tan contrastantes entre lo que representa en la selección y lo que ha vivido en los clubes.
En León no entregó lo que se esperaba. Llegó con la motivación de ponerse a punto para este Mundial y con la ilusión de disputar el Mundial de Clubes, pero ese escenario se cayó.
“Ustedes tuvieron la mala fortuna de tener a un James que ya no estaba en la plenitud en la que nos vimos en 2014 nosotros. Es un jugador con 10 años más, una cantidad de decisiones erradas en su carrera”, afirmó Gámez.
Para el aficionado mexicano, el James de los últimos meses pudo ser un jugador intermitente, condicionado por su físico y por un contexto que no siempre le favoreció. Para Colombia, sin embargo, la mirada es distinta.
Hoyos cree que la selección lo transforma: “La selección es otro ingrediente. La selección es su país. El solo tener la camiseta de Colombia lo llena”.
Gámez lo resume con una frase que explica casi todo: “En todos los clubes tiene que ir a demostrar qué es, quién es, qué ha ganado y por qué. En la selección solo tiene ese James. Nada más”.
En Colombia no necesita reconstruir su autoridad cada semana. Ya es el capitán, el 10, el símbolo de una generación y el futbolista que todavía puede conectar al país con aquel recuerdo de 2014.
René Wehdeking, periodista de Win Sports, casa del Mundial en Colombia, lleva el tema al terreno del estado de ánimo. En su lectura, una de las cosas que Lorenzo pudo aprender de Pékerman fue la prudencia, la calma y la idea de hacer familia alrededor de los referentes.
“Esa unión de familia creo que también fue un aspecto fundamental con James”.
Colombia no solo ha protegido a James desde lo táctico, también desde lo emocional. Lo ha hecho sentir necesario incluso cuando parte de la opinión pública apuntaba hacia otro lado.
Por eso el caso James también sirve para contar a Lorenzo. Su llegada a la selección se entiende por todo lo que había caminado dentro del proceso colombiano.
Él ya conocía a la base, los códigos del grupo, la importancia de los referentes y la forma en que el país se relaciona con su selección.
“Si tú lo piensas objetivamente, ninguna selección con el talento que tiene Colombia le da una selección nacional de mayores a un entrenador que tiene como única experiencia seis meses como entrenador principal en el Melgar de Perú. Si Lorenzo está en la selección es porque tenía una gran relación con esta base. Él no tuvo que llegar a construir de cero”, comentó Gámez.
El Mundial 2026 le ofrece a James un territorio que parece hecho para su presente. No es una temporada larga de clubes, en la que el desgaste y la regularidad suelen pasarle factura.
Es un torneo corto, con pocos partidos y márgenes mínimos, en el que un pase puede cambiar una historia. Para un futbolista en la etapa final de su carrera, con un historial amplio de lesiones, ese formato es una ventaja.
Colombia llega al duelo contra Congo con la certeza de que no necesita que James vuelva a ser el goleador de Brasil, ni que corra como hace 12 años o cargue solo con todo el peso ofensivo del equipo.
Necesita que aparezca cuando el partido le pida pausa, lectura y precisión. Que, por algunos tramos, siga siendo el futbolista que ve un pase antes que los demás. Para eso lo rodea y cuida Lorenzo.
Pékerman encontró al mejor 10 de Colombia en el momento más brillante de su carrera. Lorenzo recibió a otro, más grande, discutido y frágil físicamente, pero todavía capaz de sentirse distinto cuando juega para su país.
