México, la casa prestada que empujó la clasificación de Colombia en el Mundial 2026

Colombia encontró en México una casa prestada durante el Mundial 2026: calles llenas de aficionados, estadios vestidos de amarillo y una base estable que empujó su clasificación.
La marea amarilla que tomó el Akron
La marea amarilla que tomó el Akron / David Ramos/Getty Images

Colombia encontró en México algo más que dos sedes para jugar el Mundial 2026. También encontró calles tomadas por camisetas amarillas, estadios en los que fue ampliamente local y una rutina que le permitió competir como si estuviera mucho más cerca de casa.

La selección dirigida por Néstor Lorenzo llega a su último partido contra Portugal con la clasificación asegurada a los dieciseisavos de final y la posibilidad de terminar primera del Grupo K, pero su paso por la Ciudad de México y Guadalajara dejó otra lectura: el país tricolor se transformó en una sucursal de Bogotá.

La historia empezó en la Ciudad de México, antes del 3-1 sobre Uzbekistán. Desde el Centro Histórico hasta los alrededores del Estadio Azteca, la afición colombiana convirtió el debut en una fiesta que se movió todo el día por la capital.

Hubo camisetas de James Rodríguez, sombreros vueltiaos, banderas, tambores, pelucas del Pibe y una caminata rumbo al Coloso de Santa Úrsula que hizo sentir al equipo en terreno conocido.

La marcha salió desde el Parque Libertad 2 de Octubre y avanzó durante poco más de una hora hacia el Azteca. Fue una procesión amarilla entre avenidas, puestos, policías, curiosos y mexicanos que grababan con el celular una escena que parecía más de Barranquilla que de la Ciudad de México.

Los colombianos caminaron cantando, hicieron sonar los tambores, se tomaron las calles alrededor del estadio y convirtieron la previa contra Uzbekistán en una demostración de fuerza antes de que la pelota empezara a rodar.

Ese recorrido también marcó el tono de la noche. Mientras un pequeño grupo de uzbekos intentaba hacerse escuchar con sus propios tambores, la mayoría del ambiente caminaba en otra dirección.

Colombia llegó al Azteca empujada por una marea que no solo ocupó la tribuna, sino también los accesos, las explanadas y los caminos hacia Santa Úrsula. El estadio, acostumbrado a noches de la selección mexicana como protagonista, se pintó de amarillo para un partido que Colombia necesitaba ganar y que marcó el primer paso hacia la fase final.

No fue solo la gente que viajó desde Colombia. También estuvieron los colombianos que viven en México, los que llegaron desde Estados Unidos y los mexicanos que se sumaron a la fiesta por simpatía o por simple contagio mundialista.

Esa mezcla convirtió el debut en una especie de localía prestada, con la presión que implica jugar frente a una tribuna entregada, pero también con el impulso que pocas selecciones encuentran fuera de su país. Más de 60 mil colombianos se hicieron presentes en un Azteca lleno.

Después vino Guadalajara, donde la ventaja tomó otra forma. Colombia instaló su base en la Academia Aga del Atlas, en Zapopan, un complejo donde entrenó, descansó y preparó sus partidos.

La selección construyó una rutina casi de club, lejos de la improvisación y cerca de un lugar que además tenía un vínculo natural con el grupo: Camilo Vargas, arquero de Colombia e ídolo del Atlas.

Guadalajara también respondió en la calle. La Minerva se llenó de miles de colombianos antes del partido contra la República Democrática del Congo, con música, espuma, banderas y cantos que anunciaron lo que después se vería en el Akron.

No fue solo un banderazo previo a un partido de fase de grupos, era la confirmación de que Colombia había logrado llevar su ambiente a otra ciudad mexicana y que el equipo no iba a jugarse la clasificación a dieciseisavos de final sin su gente.

En el Akron, la escena volvió a repetirse. Colombia sufrió más de lo esperado ante Congo, pero encontró el gol con Daniel Muñoz y sostuvo el 1-0 para sellar su boleto a la siguiente ronda.

El lateral, que ya había marcado en el debut contra Uzbekistán, no separó la clasificación del entorno que acompañó al equipo en México. Recordó el Azteca lleno, con más de 80 mil personas en el debut, y también el ambiente de Guadalajara, donde otra vez la tribuna se pintó de amarillo para empujar a la selección.

Muñoz habló de un trato “maravilloso” en las sedes mexicanas y de una sensación que se repitió en la Ciudad de México y en el Akron: Colombia no se sintió visitante.

“Nos han tratado como si estuviéramos en casa”, resumió el lateral, antes de agradecer tanto a los colombianos que acompañaron al equipo como a los mexicanos que hicieron parte de la organización y del ambiente mundialista.

Jefferson Lerma lo explicó con una frase más directa. Para el mediocampista, lo que ocurrió en el Azteca y en el Akron no fue una sorpresa, sino una muestra más de la relación entre el equipo y una afición que suele viajar con la selección a donde sea.

“No es nada raro. Esa fiebre amarilla, esa mancha amarilla siempre nos respalda. Es un orgullo para nosotros, es nuestro número 12 y lo disfrutamos al máximo. Siempre ellos nos dan ese aliento”, dijo tras la clasificación a dieciseisavos.

El jugador del Crystal Palace también señaló otro punto que ayudó a Colombia en México: la adaptación. La altura de la Ciudad de México, sobre los 2,240 metros sobre el nivel del mar, podía convertirse en un problema, sobre todo en el debut, pero el trabajo previo en Guadalajara ayudó a reducir ese impacto.

Lerma reconoció que la altura es compleja cuando no hay preparación, aunque en este caso jugó a favor de una selección que llegó mejor ajustada a las condiciones gracias al trabajo en la Academia Aga.

El seleccionador Néstor Lorenzo llevó el tema al compromiso que genera ver una tribuna así. El técnico argentino no habló solo del ruido ni del color, sino de lo que provoca en el grupo tener a miles de colombianos detrás del equipo en un Mundial.

“Es emocionante, debo decirle gracias a la gente por cómo siguen al equipo, con esas ganas, con esa pasión y entusiasmo. A todos nos compromete a entrenar duro por esa camiseta amarilla, hay que hacerse cargo y hay que seguir así”, dijo después del triunfo contra Congo.

Por eso el paso de Colombia por México no se cuenta únicamente desde el avance a la siguiente ronda. La selección ganó sus dos partidos, se clasificó antes de enfrentar a Portugal y quedó con la posibilidad de cerrar como líder del Grupo K, pero detrás de ese arranque también hubo una estructura favorable.

El Azteca le dio una noche grande desde el debut, Guadalajara le dio una base estable y el Akron le dio otra tribuna vestida de amarillo.

En un Mundial repartido entre tres países, con viajes largos y cambios constantes de sede, Colombia encontró en México una ventaja que no aparece en las estadísticas. No fue solo el gol de Muñoz, ni la jerarquía de Luis Díaz o la seguridad de Camilo Vargas. Fue también la caminata en la Ciudad de México, el banderazo en La Minerva, las calles llenas de colombianos y esa sensación de que, durante una semana, la selección jugó lejos de su país sin sentirse visitante.


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Rodrigo Corona
RODRIGO CORONA

Reportero en Sports Illustrated México. Apasionado por contar historias del mundo deportivo.