Mikel Oyarzabal, el delantero que España tardó en valorar

La pregunta no era directamente sobre Mikel Oyarzabal. Luis de la Fuente explicaba en Guadalajara cómo administraba una plantilla de 26 jugadores antes de enfrentar a Uruguay, en el cierre de la fase de grupos del Mundial 2026, cuando interrumpió su respuesta para hablar del delantero de la Real Sociedad.
“Si me permite, ha hablado de Mikel Oyarzabal, un grande entre los grandes. Por fin estamos empezando a reconocerle en España. Madre mía”, expresó el seleccionador.
De la Fuente explicó después qué encontraba en él: “Mikel Oyarzabal es una persona muy inteligente y eso se ve en el terreno de juego. Para mí es uno de los mejores delanteros jugando al espacio, entre líneas. Esa interpretación que tiene del futbol la tienen muy pocos futbolistas”. También destacó su sobriedad y su capacidad para mantener “los pies en el suelo”. “Cada día me encandila más”, remató.
El entrenador describía a un atacante difícil de reducir a una sola cualidad. Oyarzabal no es el más rápido, el más alto ni el mejor regateador de España. Tampoco responde a la imagen del delantero que permanece entre los centrales, espera centros y concentra el juego ofensivo a su alrededor.
Con 1.81 metros de altura, posee el físico para soportar el contacto dentro del área, pero su futbol no depende de imponerse por arriba. Es zurdo, se formó en posiciones exteriores y durante su carrera ha jugado como extremo, mediapunta, segundo delantero y atacante central.
Ese recorrido explica su inusual manera de ocupar el puesto de nueve. Oyarzabal abandona el área, recibe entre líneas y se desplaza hacia los costados para participar en la circulación. Puede ofrecer una pared, arrastrar a un defensor y regresar a zona de remate antes de que termine la jugada.
Cuando retrocede, obliga al central a decidir si lo persigue o conserva su posición. Si sale detrás de él, abre un carril para las diagonales de Lamine Yamal, Nico Williams o los interiores; si espera, Oyarzabal puede recibir libre entre el mediocampo y la defensa.
Por eso encaja en el modelo de España. De la Fuente necesita un delantero que presione, se relacione con los centrocampistas y libere a los extremos, no una referencia que permanezca desconectada hasta que la pelota llegue al área.
Oyarzabal tampoco es un falso nueve en el sentido tradicional. No abandona la zona de remate para dirigir el ataque ni necesita acumular intervenciones como un mediapunta. Sale para relacionarse y desordenar a la defensa, pero su recorrido suele terminar cerca de la portería. Es un delantero de llegada que utiliza movimientos aprendidos como extremo.
El Mundial convirtió ese trabajo en goles. Oyarzabal llegó a la final contra Argentina como máximo anotador español del torneo, con cinco. Marcó dos frente a Arabia Saudí, dos ante Austria y convirtió el penalti que abrió la semifinal contra Francia.
La cifra igualó el récord de un futbolista español en una sola Copa del Mundo. Antes lo habían alcanzado Emilio Butragueño en México 1986 y David Villa en Sudáfrica 2010. Oyarzabal tendrá ante Argentina la posibilidad de convertirse en el primero que llega a seis.
Los tres alcanzaron la misma cantidad por caminos distintos. Butragueño marcó cuatro de sus cinco goles en un solo encuentro contra Dinamarca. Villa anotó cinco de los ocho tantos con los que España conquistó su primer Mundial. Oyarzabal distribuyó los suyos entre la fase de grupos, la primera ronda eliminatoria y la semifinal.
Su registro resulta más llamativo porque España pasó años discutiendo la falta de un delantero centro mientras él acumulaba goles desde una posición que parecía provisional. No modificó radicalmente su juego para convertirse en nueve; De la Fuente encontró una estructura que aprovechaba los movimientos que ya realizaba desde otras zonas.
Con el tanto ante Francia también alcanzó los 30 goles en 60 partidos internacionales. Su promedio de una anotación cada dos encuentros contradice la idea de que su valor se limita al trabajo sin pelota o a la generación de espacios.
De la Fuente lo conoce desde las categorías inferiores y lo ha convertido en uno de los futbolistas centrales de su ciclo. Esa confianza también se sostiene en su respuesta durante los partidos decisivos.
Oyarzabal marcó el gol con el que España derrotó 2-1 a Inglaterra en la final de la Eurocopa de 2024. Entró desde el banquillo y, a cuatro minutos del final, atacó entre los centrales para rematar el servicio de Marc Cucurella.
Antes había convertido el penalti que permitió a la Real Sociedad conquistar la Copa del Rey de 2021, el primer gran título del club en más de tres décadas. También volvió a marcar en la final copera de 2026.
Su carrera se ha desarrollado íntegramente en la Real Sociedad. Permanecer en San Sebastián lo alejó de la exposición que habría recibido en el Real Madrid, el Barcelona o la Premier League, pero le permitió convertirse en capitán y referencia del club en el que se formó.
Esa continuidad influyó en la percepción construida alrededor de él. Nunca fue presentado como una contratación millonaria ni protagonizó un movimiento de mercado que obligara a evaluarlo como una estrella. Su juego, basado en decisiones y movimientos sin pelota, tampoco genera con frecuencia las acciones individuales que dominan los resúmenes.
La lesión del ligamento cruzado que sufrió en 2022 modificó su carrera. Después de nueve meses fuera, regresó con menos dependencia de la velocidad que había utilizado desde la banda y una mayor selección de sus esfuerzos. Su traslado hacia posiciones centrales reforzó una capacidad que ya poseía: leer la jugada antes de iniciar la carrera.
España tardó en valorarlo porque Oyarzabal no se parecía al delantero que creía necesitar. No fija siempre a los centrales, no espera cada ataque cerca de la portería ni construye su influencia a partir del volumen de remates.
De la Fuente no lo consideró una solución temporal ni un extremo reconvertido por necesidad. Vio en su movilidad, su lectura y su capacidad goleadora al atacante que completaba el funcionamiento de España.
Oyarzabal llega a la final con 30 goles internacionales y cinco en este Mundial. Durante años España discutió si tenía un delantero centro mientras él aprendía a ocupar la posición de una manera distinta. Ante Argentina puede superar a Butragueño y Villa y convertir esa diferencia en un récord.
