El Mundial encontró casa en las tres sedes de México

La Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey cerraron su participación como sedes del Mundial 2026 con una sensación que se repitió entre jugadores y aficionados visitantes: durante unas semanas, México dejó de ser solo anfitrión para convertirse en casa de miles de personas.
La afición del Azteca en el partido ante Inglaterra
La afición del Azteca en el partido ante Inglaterra / Kevin C. Cox/Getty Images

México recibió apenas 13 de los 104 partidos del Mundial 2026. Muy lejos del protagonismo único que tuvo en 1970 y 1986 y de la carga que asumió Estados Unidos en esta edición.

Sin embargo, cuando el balón dejó de rodar en el Azteca también quedó una sensación que apareció una y otra vez en las tres sedes: el país hizo sentir en casa a miles de aficionados que llegaron desde Colombia, Corea del Sur, Suecia, Marruecos, Inglaterra, Sudáfrica y decenas de países más.

Cada ciudad encontró una forma distinta de vivir el torneo.

La Ciudad de México concentró los grandes escenarios. El Azteca inauguró por tercera vez la Copa del Mundo, acompañó el recorrido de la selección mexicana hasta la eliminación frente a Inglaterra en los octavos de final y volvió a convertirse en un estadio capaz de sorprender incluso a quienes están acostumbrados a jugar en los escenarios más importantes del planeta.

Dan Burn, central inglés, lo resumió después del partido: nunca había jugado en un estadio como ese. Antes del silbatazo, escuchar el himno mexicano rodeado por miles de aficionados fue, según sus palabras, una experiencia “surrealista”.

Pero el futbol también se vivió lejos de la cancha. Hubo playeras agotadas del Tri en las tiendas oficiales, fiestas sin final en el Ángel y Reforma, y comercios que recuperaron el movimiento gracias al torneo.

Por varias semanas, la ciudad giró alrededor de un mismo tema.

Guadalajara encontró otro ritmo. Corea del Sur recibió el apoyo inesperado de aficionados mexicanos; Colombia convirtió su caminata rumbo al estadio en una de las imágenes del torneo; Lumumba Vea, el aficionado más emblemático de República Democrática del Congo, por fin pudo asistir al único partido que vivió en México después de perderse el debut por las restricciones sanitarias, y España contra Uruguay cerró la fase de grupos con dos campeonas del mundo frente a frente.

Los mariachis convivieron con los tambores coreanos, las calles se llenaron de camisetas amarillas y los visitantes dejaron de sentirse turistas para convertirse, durante unos días, en parte de la ciudad.

El cafetero Daniel Muñoz encontró una frase que resumió lo que muchos vivieron durante esas semanas: Colombia se sintió en México “como si estuviera en casa”.

Monterrey mostró otra cara del torneo. El Gigante de Acero recibió cuatro partidos, 13 goles, una definición por penales y el encuentro número mil en la historia de la Copa del Mundo.

En el Parque Fundidora convivieron aficionados de Suecia, Túnez, Japón, Corea del Sur, Marruecos y Sudáfrica, mientras la ciudad confirmó que podía sostener un calendario mundialista cuatro décadas después de volver a abrirle sus puertas al torneo.

Las tres sedes contaron la misma historia desde lugares distintos.

Los ingleses abandonaron el país hablando del Azteca y de la calidad bienvenida más que del resultado. Un aficionado sueco definió su paso por Monterrey con una frase sencilla: “Todas las personas son geniales”.

No fue una campaña de promoción, fue una impresión que apareció una y otra vez en los partidos del Mundial en México.

La Ciudad de México aportó la historia y el peso del Azteca. Guadalajara encontró su lugar a través de las aficiones visitantes y de las historias que crecieron alrededor de las selecciones.

Monterrey confirmó que podía responder a un torneo de esta dimensión sin perder su identidad. Ninguna intentó parecerse a la otra y, precisamente por eso, se complementaro.

El formato nunca permitió que México concentrara la Copa del Mundo como ocurrió hace cuatro décadas.

El calendario repartido entre tres países redujo su participación desde el principio. Aun así, por casi un mes, el Mundial encontró en las calles mexicanas algo que ningún plan logístico puede fabricar: ciudades capaces de hacer sentir locales a quienes estaban a miles de kilómetros de casa.

El Mundial se fue tras la derrota de México en el Azteca ante Inglaterra, pero la sensación de aficionados etranjeros haber encontrado casa en las tres sedes mexicanas, no.


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Rodrigo Corona
RODRIGO CORONA

Reportero en Sports Illustrated México. Apasionado por contar historias del mundo deportivo.