Nuevo estadio de Buffalo sacrificó espectacularidad por una sofisticada tecnología climática

El equipo decidió no techar por completo el estadio para preservar la imagen de sede hostil para los visitantes, frecuentemente con partidos bajo la nieve.
El nuevo estadio de los Bills costó aproximadamente la mitad que el SoFi.
El nuevo estadio de los Bills costó aproximadamente la mitad que el SoFi. / Timothy T. Ludwig/Getty Images

El nuevo Highmark Stadium de los Bills vivirá su primer juego oficial este jueves 17 de septiembre cuando Buffalo reciba a Detroit, luego de tres años de construcción y una inversión de 2,100 millones de dólares. Será uno de los estadios más caros de la NFL, pero paradójicamente también el más pequeño de toda la liga, con una capacidad de 60,108 espectadores. Esas dos cifras plantean una comparación inevitable con los otros estadios que la NFL ha inaugurado en los últimos años.

El punto de referencia más directo es el SoFi Stadium de Los Ángeles, casa de los Rams y los Chargers desde 2020. SoFi costó 5,500 millones de dólares, más del doble que Buffalo, pero la diferencia no es solo de precio. El estadio californiano tiene capacidad para 70,240 personas, 10,000 más que el nuevo Highmark, y cuenta con el Infinity Screen de Samsung, una pantalla oval de 70,000 pies cuadrados suspendida a 37 metros sobre el campo, con 80 millones de pixeles y más de 260 bocinas integradas. Fue el primer estadio del mundo con producción de video de punta a punta en resolución 4K. SoFi, además, fue financiado por completo con dinero privado.

El Allegiant Stadium de Las Vegas, inaugurado el mismo año que SoFi, costó 1,900 millones de dólares, 200 millones menos que Buffalo. A pesar de eso, el estadio de los Raiders tiene techo completo translúcido, 65,000 asientos (casi 5,000 más que el nuevo Highmark), un campo retráctil de pasto natural que puede desplazarse al exterior del recinto, y 66,000 pies cuadrados de pantallas LED repartidos por toda la estructura, con 93 millones de pixeles en total.

Más atrás en el calendario, el Mercedes-Benz Stadium de Atlanta abrió en 2017 con un costo de 1,600 millones de dólares, 500 millones menos que Buffalo. El estadio de los Falcons ofrece un techo retráctil con diseño de ocho pétalos, capacidad para 71,000 personas y el Halo Board, una pantalla circular de 360 grados con 62,350 pies cuadrados de superficie y más de 37 millones de LEDs. Fue la primera pantalla envolvente de su tipo en un estadio deportivo.

El nuevo Nissan Stadium de los Tennessee Titans, que se espera para febrero de 2027, tiene un presupuesto casi idéntico al de Buffalo: 2,100 millones de dólares. Sin embargo, el estadio de Nashville será un domo completamente cerrado, con un “Ring of Fire” que recorrerá todo el techo como pantalla envolvente y capacidad para alrededor de 60,000 personas. Es decir, por un costo equivalente, Tennessee obtendrá un recinto con techo total; Buffalo construyó uno con techo parcial.

La 'espectacularidad' del Highmark está en su sistema de deshielo

Lo que sí tiene el nuevo Highmark y ningún otro estadio de la NFL puede presumir son sus innovaciones contra el clima. Buffalo está en el oeste de Nueva York, una zona donde las nevadas y los vientos definen la temporada. El estadio incorporó el sistema de deshielo más grande del mundo, con tuberías de calefacción hidrónica incrustadas en toda la estructura del techo parcial que se activan de forma automática para derretir la nieve acumulada. La fachada perforada fue diseñada para reducir la velocidad del viento a nivel de cancha hasta en un 50%, según pruebas realizadas durante la construcción. Y el campo es de pasto natural con calefacción subterránea, algo que los estadios con domo y superficie artificial no necesitan resolver.

El techo parcial, que cubre el 65% de las butacas pero deja el campo descubierto, fue una decisión deliberada. Los Bills decidieron no cerrar el estadio por completo por dos razones: reducir el costo de la obra y preservar la identidad del equipo, cuyas transmisiones bajo la nieve han formado parte de la imagen de la franquicia durante décadas.

El financiamiento también merece una mención aparte. De los 2,100 millones de dólares del proyecto, 850 millones provinieron de fondos públicos: 600 del estado de Nueva York y 250 del condado de Erie. Al momento de su aprobación, fue la mayor contribución de dinero público jamás destinada a un estadio de la NFL. Ese récord duró poco: el nuevo estadio de Tennessee contempla 1,200 millones en fondos públicos.

Cada proyecto responde a un mercado, un clima y una estrategia de negocio distintos porque mientras el SoFi alberga a dos equipos en la segunda ciudad más grande de Estados Unidos, el Allegiant fue diseñado para atraer eventos en una capital turística, además de que el Mercedes-Benz buscó posicionar a Atlanta como sede de Super Bowls y finales universitarias. Por su parte, Buffalo construyó un estadio para un equipo en el segundo mercado más pequeño de la NFL, solo por encima de Green Bay, pero lo hizo pensado para resistir inviernos extremos.

Lo que los números permiten observar es que el Highmark es el estadio nuevo más caro que no tiene techo completo, el de menor capacidad en toda la liga, y el que cuenta con menos tecnología de entretenimiento visible entre los inaugurados en la última década. Pero todo ello porque sus innovaciones están concentradas en la ingeniería climática, no en la experiencia audiovisual.


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Álvaro Piñeirua
ÁLVARO PIÑEIRUA

Redactor en Sports Illustrated México.