Camila Osorio: los sacrificios silenciosos detrás de una tenista latinoamericana

A los 11 años, la colombiana dejó su país, su familia y su idioma para perseguir un sueño que en Latinoamérica suele exigir más sacrificios que apoyos
Camila Osorio, tras una victoria en el Mérida WTA 500
Camila Osorio, tras una victoria en el Mérida WTA 500 / Mérida WTA 500

La tenista colombiana Camila Osorio tuvo que irse de su país con solo 11 años para comenzar un entrenamiento de alto rendimiento en la academia Club Med de Florida. Llegó a Estados Unidos sin saber inglés y lejos de su familia, un ejemlo de los sacrificios que deben hacer las jugadoras latinoamericanas en un deporte en el que predominan las jugadoras anglosajonas.

Fue una buena decisión y agradezco a mis padres por apoyarme en ese sueño, porque es complicado que un padre acepte que su hija se vaya a los 11 años sola a otro país”, explicó a Sports Illusrated México desde su participación en el Mérida WTA 500.

Veintitrés años después, la apuesta parece ser la correcta. Antes de cumplir 18 años, ya había ganado un US Open juvenil y fue la número uno en esa categoría.

En el tour de la WTA, su ascenso no fue tan rápido, pero al momento se mantiene como una de las mejores latinoamericanas de esta década: con cuatro títulos y participaciones en los cuatro Grand Slams.

Pero su historia no se hubiera contado sin aquel solitario inicio, con 11 años, en otro país, sin poder comunicarse con sus compañeras de la academia, debido a que en América Latina en ese momento no había entrenadores especializados como en Estados Unidos y los torneos femeninos escaseaban.

“Gracias a irme puedo hacer lo que amo y disfruto. A mí me gusta el tenis, independientemente si lo juegue o no como profesional. Me gusta verlo y disfrutarlo”, añadió la oriunda de Cúcuta.

Salir del país también contó con un sacrificio económico. La preparación en una nación en la que los dólares son la moneda oficial hace que los precios se multipliquen y los costos, al menos en el caso de Colombia, recaen en la familia.

Además, Osorio cree que históricamente hay poco apoyo para el deporte de mujeres. Ella recuerda que en sus primeros años, su papá debía hablar con los padres de otras niñas para que se pudieran completar los torneos.

“Si hubieran más academias y escuelas con entrenadores de experiencia en los países latinoamericanos, de pronto ya no habría necesidad de salirte de tus país. El día de mañana me gustaría ayudar a más niñas a salir, es lo que me gustaría aportar”, confesó.

Si bien, reconoce que desde que abandonó su país existen más torneos en la región, con México a la cabeza con tres categoría 500 (Mérida, Guadalajara y Monterrey), todavía hay retos, como más apoyo de las autoridades.

Ahora hay más niñas que quieren ser tenistas. Cuando estoy en mi país y quiero pedir una cancha, casi siempre están ocupadas y eso es bonito. He visto el crecimiento, pero al deporte femenino deberían apoyarlo mucho más”.

Osorio pasó el último año entre lesiones que limitaron su esplendor deportivo. Un 2025 el que no pudo conseguir su cuarto título en el torneo de casa, el Abierto de Bogotá.

El 2026 ha comenzado de forma positiva: ganó el Abierto de Filipinas en enero, al derrotar en la final a la croata Donna Vekic, medallista de plata en los Juegos Olímpicos de París 2024. Se debe a un mejor trabajo físico, que es acompañado por fortalecer también la mente.

“Ahora estoy viajando con una fisio para tener el cuerpo a punto en los torneos. Eso me da confianza y seguridad. También, el trabajo con la psicóloga ha sido importante. Aprendí a que entre más tranquila y relajada esté, las cosas fluyen mejor. La ansiedad genera tensión en los músculos y lesiones”.

Enfocada en un 2026 que empezó positivo, Osorio apunta a volver al camino del triunfo, tras abandonar Mérida por molestias físicas.


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Rodrigo Corona
RODRIGO CORONA

Reportero en Sports Illustrated México. Apasionado por contar historias del mundo deportivo.