Tras 30 años: Angélica Gavaldón celebra el triunfo de Renata Zarazúa en Wimbledon

Siempre que ocurre un logro en el tenis femenil mexicano Angélica Gavaldón es la primera referente. Y así es con la victoria de Renata Zarazúa a la Segunda Ronda de Wimbledon. Gavaldón había sido la última mexicana en conseguir un triunfo al que llegó a la Tercera Ronda en 1990 y después en 1995.
Desde Coronado, California, Angélica Gavaldón concede esta entrevista y platica sobre significado de Zarazúa en el Grand Slam británico como Top 100 del mundo. Torneo, en el que ella, Fernanda Contreras y Renata Zarazúa han competido en las últimas tres décadas en el cuadro individual.
Y fue Wimbledon quien hizo soñar a Gavaldón con jugar tenis. Estaba en el cuarto de sus padres en Tijuana, cuando a los seis años vio por televisión jugar a Chris Evert y Martina Navratilova. Diez años después, —a los 16— estaría compitiendo en el césped del tercer Grand Slam de la temporada.
Hoy sin la presión de ser tenista profesional, Angélica habla con total apertura como si aún tuviera una raqueta en la mano.
¿Qué significa para ti que Renata Zarazúa esté en la Segunda Ronda de Wimbledon? Un torneo de mucho prestigio, de mucha tradición y donde tú jugaste por última vez en 1995.
Me llena de orgullo y de felicidad que Renata no solo esté en Wimbledon sino que haya avanzado a la Segunda Ronda. Siempre lo he dicho y no me canso de decirlo porque es una jugadora que tiene todo el potencial para seguir escalando y subiendo su clasificación mundialmente.
Me da muchísimo gusto que se haya metido dentro de las 100 primeras. Sé que tiene mucho que dar. Creo que la forma en que ha llevado sus resultados —a pesar de sus lesiones—, parte de ser tenista profesional, ha sido muy constante con sus resultados. Eso es positivo. Ella ha trabajado muy fuerte, desde que la conocí me di cuenta el potencial que tenía y es mentalmente muy fuerte para manejar la presión.
No solo es un sacrificio de Renata sino de todo su entorno como sus papás, su hermano y todo su equipo.
¿Hay mayor presión cuando estás dentro del Top 100?
En el tenis, mientras mejor te va, mayor es la presión. Estar dentro del circuito profesional es mentalmente muy desgastante. Tienes que ser fuerte mentalmente y saber cómo manejar esa presión. A medida que obtienes mejores resultados, las expectativas también aumentan. Eso es lo más difícil del tenis: incluso si llegas a ser la número uno del mundo, al año siguiente tienes que igualar o superar ese nivel para mantener tu posición.
Hoy podemos darnos cuenta de lo difícil que es. Para el espectador, o para quienes lo ven desde fuera, resulta muy fácil criticar, opinar o decir qué se debería hacer. Pero estar ahí, y sobre todo estar entre las mejores del mundo, es sumamente complicado y tiene muchísimo mérito.
¿Cómo recuerdas Wimbledon?
No es como los otros Grand Slams. Es un torneo de mucho prestigio. No les importa quién seas, son muy estrictos. Las canchas no las abren hasta un día antes de que el torneo empiece, las jugadoras entrenan en un parque cerca de ahí. Han cambiado las reglas, pero solo te dan un cierto tiempo y debes estar vestida de blanco, una regla que no se puede romper. Ves a la gente dormida afuera para poder entrar. Ahora, lo recuerdo sin esa presión que tenía como jugadora.
¿Tienes alguna anécdota?
La superficie era muy complicada. Si no llegaba bien preparada o no había hecho una buena pretemporada en pasto, no me iba bien. El bote de la pelota es distinto, los puntos son más rápidos y tienes que jugar mucho en la red. Aun así, fue una experiencia muy bonita, y es un torneo sumamente elegante. Recuerdo que, un año en el que yo jugué, no dejaron entrar a Boris Becker porque no traía su gafete. Incluso leí en una entrevista que a Roger Federer le pasó lo mismo. Son muy estrictos con las reglas.
Un momento bonito fue cuando mis papás viajaron a verme y jugué con una tenista local y logré sacar el partido. Ella medía casi 1.92 m y yo estaba muy chiquita (1.60 m). Me acuerdo de este triunfo. Tengo otra anécdota con mi papá, que alguna vez lo siguieron a todos lados porque lo confundieron con Jack Nicholson (actor estadounidense). Tengo bonitos recuerdos de mi papá ahí conmigo.
¿Cuándo viste Wimbledon por primera vez?
A los 6 años con Chris Evert y Martina Navratilova y le dije a mi papá: ‘Un día voy a jugar ahí’. Me metieron a clases de tenis y 10 años después entré a Wimbledon y mi entrenador me dijo: ‘respira y huele las flores’ ‘aprecia este momento, esto siempre fue algo que tú querías’. Sentía mucha presión porque ese año había llegado a los Cuartos de Final del Abierto de Australia (1990). Sentía mucha presión y no podía valorar el significado que tenía en ese momento.
Estaba en la habitación de mis papás en el piso, me acuerdo perfecto. Mi papá era fanático del tenis y recuerdo a ver volteado y decirle eso a mi papá. Nunca fue un plan, solo lo dije, me metieron a clases y me gustó el tenis. Era muy obsesiva para entrenar y empecé a tener resultados, pero nunca con el objetivo de ser profesional. Estaba dando los resultados y se me abría la oportunidad de estar torneos mundiales. El enfoque era simplemente dar lo mejor de mí en cada entrenamiento, cada pelota. Era súper obsesiva.
¿Esa obsesión te ayudó?
Sí. Yo no pensaba en otra cosa. Solo pensar en jugar tenis y mejorar mi saque. No es algo que me enseñaron. Esa fuerza interior y esas ganas de entrenar venían de mí. Mis amigos me dicen que yo llegaba al club y se escondían porque sabían que los iba a agarrar a jugar horas. Es algo que se necesita para llegar a competir con las mejores del mundo.
¿De los cuatro Grand Slams, Wimbledon es el más especial para ti?
Definitivamente no. Wimbledon es un torneo muy bonito y con mucha tradición. Sí por el hecho de que a los seis años soñé estar ahí y lo logré. Australia es el torneo que marcó el inicio de mi carrera profesional.
¿El tenis femenil mexicano es el mismo de hace 30 años o ha cambiado?
La mentalidad de las jugadoras no ha cambiado. Habrán podido cambiar las raquetas y las jugadoras son más fuertes, pero una campeona antes sería una campeona hoy en día. Lo que te define qué serás como tenista es la mentalidad.
¿Por qué crees que haya pasado tanto tiempo, 30 años, para que una mexicana volviera a tener una victoria en Wimbledon?
Sí hemos progresado, porque es cuando más torneos y oportunidades ha habido para que los mexicanos puedan competir a nivel profesional. Pero definitivamente siento que todavía faltan más jugadoras. No tenemos una cultura del tenis como en otros países. No le damos la misma importancia que, por ejemplo, en Estados Unidos, donde jugar en una universidad es una gran oportunidad: les otorgan becas para desarrollarse y competir a nivel profesional. En México eso aún no sucede; todavía no hay ese acceso, aunque sí está empezando a cambiar. Hemos avanzado, hay más apoyo al tenis, y tenemos figuras destacadas como Renata Zarazúa, Giuliana Olmos y Santiago González.
Si en México empezamos a desarrollar programas desde la niñez, como dar acceso a canchas públicas o hacer lo que yo hago en Estados Unidos —poner una red en el patio de las escuelas y enseñar ahí mismo— podríamos avanzar mucho. Actualmente, estoy en pláticas con Baja California porque quiero llegar a más lugares, instalar redes, enseñarles y donar raquetas. Nunca sabes de dónde puede surgir una campeona y sería increíble que, después de Renata, haya muchas más jugadoras mexicanas destacando.
¿Crees que Renata es ese cambio?
Como mexicanos, estamos muy felices. Yo nunca gané un Grand Slam ni fui la Número Uno del mundo, pero lo que realmente necesitamos es que una jugadora o un jugador mexicano llegue al top 10 del mundo, no solo que esté entre los mejores 100. Renata ha sido muy constante y eso es admirable. Siempre ha mostrado progreso y todavía tiene mucho más por lograr.
