US Open: El millón de dólares que reunió a las grandes estrellas del tenis

El US Open encontró una fórmula para que las figuras más importantes del tenis compartieran el mismo lado de la cancha. Novak Djokovic y Aryna Sabalenka, Carlos Alcaraz y Serena Williams, Alexander Zverev y Taylor Townsend, Andrey Rublev y Mirra Andreeva, además de otras parejas formadas por campeones y especialistas, aceptaron disputar un torneo de dobles mixtos que ya no ocupa un lugar secundario dentro del último Grand Slam de la temporada.
La explicación parte de la transformación que el US Open aplicó en 2025. El campeonato pasó a celebrarse durante la Fan Week, antes del comienzo de los cuadros individuales, con el propósito de evitar que los partidos de singles provocaran bajas o cambios de última hora. La edición de 2026 reunió a 16 parejas: seis ingresaron por la suma de las clasificaciones individuales de sus integrantes, ocho recibieron una invitación y dos superaron una fase previa.
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— US Open Tennis (@usopen) August 25, 2026
US Open: El dobles mixto con estrellas del tenis
El premio también cambió la dimensión del torneo. La pareja campeona recibe un millón de dólares, la subcampeona obtiene 500 mil, cada semifinalista cobra 250 mil y los equipos que alcanzan los cuartos de final se llevan 120 mil. La combinación de un calendario más cómodo, partidos cortos, una bolsa atractiva y la posibilidad de conquistar un título oficial de Grand Slam convenció a nombres que rara vez aceptaban competir en esta modalidad.
Los encuentros se disputan al mejor de tres sets. Durante las primeras rondas, cada parcial llega a cuatro juegos, no existe la ventaja después del 40-40 y un desempate a diez puntos sustituye al tercer set. La final recupera sets de seis juegos, aunque conserva el punto decisivo y el desempate definitivo. Este sistema reduce el desgaste físico antes del torneo individual y aumenta la posibilidad de que cada partido se resuelva en pocos minutos.
Ninguna pareja representó mejor la intención del nuevo formato que Serena Williams y Carlos Alcaraz. La estadounidense ya había alcanzado por primera vez el número uno del mundo el 8 de julio de 2002, casi diez meses antes del nacimiento del español, ocurrido el 5 de mayo de 2003. Más de dos décadas después, ambos compartieron la cancha en el Arthur Ashe Stadium.
La unión también reunió dos generaciones de campeones. Serena conquistó 23 títulos individuales de Grand Slam, 14 en dobles femeninos y dos en dobles mixtos. Alcaraz, con 23 años, ya suma siete campeonatos individuales de Grand Slam. Entre ambos acumulan ocho coronas de singles en el US Open: seis de la estadounidense y dos del español.
Alcaraz y Williams recibieron una invitación para participar y superaron su primer desafío ante Erin Routliffe y Lloyd Glasspool, dos antiguos líderes mundiales de dobles. Después de un inicio complicado, la estadounidense impuso su experiencia cerca de la red y el español aprovechó su velocidad desde el fondo para ganar por 5-3 y 4-1.
Su recorrido terminó en los cuartos de final. Belinda Bencic y Flavio Cobolli resistieron el apoyo casi absoluto del Arthur Ashe Stadium y los derrotaron por 5-4, con desempate de 7-4, y 4-1. La eliminación impidió el posible encuentro entre Alcaraz-Serena y Djokovic-Sabalenka, pero la pareja ya había protagonizado el momento más esperado del torneo.
La participación tuvo un significado especial para Williams. La estadounidense se había alejado del tenis después del US Open de 2022, aunque evitó utilizar la palabra retiro y describió aquella decisión como una evolución hacia otra etapa de su vida. Su regreso competitivo comenzó el 9 de junio de 2026 en Queen’s, después de casi cuatro años de ausencia.
Serena disputó dobles con Victoria Mboko en Londres, volvió a jugar la modalidad individual en Wimbledon y también compartió cancha con Venus en Cincinnati. Su aparición junto a Alcaraz marcó su primer partido en el US Open desde aquella despedida de 2022.
La estadounidense explicó desde el comienzo de su retorno que su motivación ya no depende de ampliar un palmarés que difícilmente necesita más argumentos. “No tengo nada que demostrar. No tengo nada que perder y todo es ganancia”, declaró. El dobles le permite competir con una carga física menor, compartir la cancha con figuras de otra generación y recuperar las sensaciones que la mantuvieron durante décadas entre las mejores del mundo.
Djokovic y Sabalenka representaron la otra gran alianza del campeonato. La número uno del mundo y el ganador de 24 títulos individuales de Grand Slam ya habían coincidido en exhibiciones, entrenamientos y actividades fuera de los torneos. Su amistad, el respeto mutuo y una competitividad similar facilitaron la formación de la pareja, que recibió el primer puesto en la siembra por la suma de sus clasificaciones individuales.
El nombre y la experiencia no bastaron. Katerina Siniakova y Henry Patten, líderes de las clasificaciones de dobles, derrotaron a Djokovic y Sabalenka por 1-4, 4-2 y 10-2. Los favoritos dominaron el primer set, pero los especialistas modificaron el partido con su colocación, sus reflejos en la red y una coordinación superior en los momentos decisivos.
La derrota dejó una de las principales conclusiones del torneo: reunir a dos extraordinarios jugadores de singles no garantiza la formación de una gran pareja. El dobles exige movimientos sincronizados, comunicación, conocimiento de los espacios y decisiones que rara vez aparecen en un partido individual.
Sara Errani y Andrea Vavassori representan el mejor ejemplo reciente. Los italianos ganaron el dobles mixto del US Open en 2024 y defendieron el campeonato bajo el nuevo formato en 2025, cuando vencieron a Iga Swiatek y Casper Ruud en la final. Su éxito demostró que una pareja habituada a la modalidad todavía puede superar a dos estrellas individuales.
El cuadro de 2026 combinó ambos mundos. Taylor Fritz y Jessica Pegula aportaron potencia y experiencia como representantes de Estados Unidos; Rublev y Andreeva reunieron a dos figuras rusas de generaciones distintas; Gaël Monfils y Elina Svitolina trasladaron a la cancha una relación que también comparten fuera de ella; Zverev encontró en Townsend a una de las mejores doblistas del circuito.
La transformación no quedó libre de críticas. Algunos especialistas consideran que el sistema favorece el prestigio y la clasificación individual por encima de los méritos obtenidos en dobles. El cuadro se redujo de 32 a 16 parejas y varias plazas quedaron reservadas para invitados, lo cual disminuyó las oportunidades para quienes dedican la mayor parte de su carrera a esta modalidad.
El US Open, por su parte, consiguió su principal objetivo: entregar al dobles mixto una visibilidad que pocas veces había recibido. Los partidos ocuparon las canchas más importantes, reunieron a campeones de distintas épocas y despertaron interés antes del comienzo de los cuadros individuales. El formato no reemplazó la tradición, pero modificó la forma de presentarla al público.
El dobles mixto posee referentes que demostraron su valor mucho antes de esta renovación. Margaret Court y Ken Fletcher siguen como la única pareja que conquistó los cuatro torneos de Grand Slam durante el mismo año, hazaña que completaron en 1963. Billie Jean King y Owen Davidson dominaron la modalidad durante otra de sus grandes etapas, mientras que Martina Navratilova y Leander Paes unieron sus carreras para conquistar el Abierto de Australia y Wimbledon en 2003.
Serena también forma parte de esa historia. En 1998 ganó Wimbledon y el US Open junto a Max Mirnyi, antes de consolidarse como una de las mejores jugadoras individuales de todos los tiempos. Su aparición con Alcaraz no fue una incursión completamente ajena, sino el regreso a una especialidad en la que ya había conquistado dos títulos importantes.
El millón de dólares explica una parte del atractivo, pero no toda. El nuevo calendario reduce riesgos para las figuras, los partidos cortos limitan el cansancio y la convivencia entre hombres y mujeres ofrece combinaciones imposibles en cualquier otra modalidad. También existe un elemento de prestigio: el campeonato cuenta como un título oficial de Grand Slam.
Djokovic y Sabalenka mostraron que el talento individual puede encontrar límites ante una pareja especializada. Alcaraz y Serena demostraron que dos generaciones separadas por más de veinte años pueden producir uno de los mayores espectáculos del torneo. Entre la tradición y el entretenimiento, el US Open convirtió al dobles mixto en el punto de encuentro de las estrellas.
