'Toro Salvaje' de Scorsese: el boxeo como pretexto sobre la autodestrucción

Martin Scorsese usó el cine como pocas veces, mediante un deporte como el box para impregnarlo de demonios personales, todos desatados en los golpes de Jake LaMotta.
El verdadero Jake LaMotta con Scorsese en la proyección del 25 aniversario de Toro Salvaje en 2005.
El verdadero Jake LaMotta con Scorsese en la proyección del 25 aniversario de Toro Salvaje en 2005. / Peter Kramer/Getty Images

El telón se abre y una espesa neblina inunda el ring de box, donde un solitario hombre con capa es el boxeador Jake LaMotta, quien a la par del inicio de la música realiza sombra con movimientos de boxeo. Las cuerdas del ring pasan encima de él, está atrapado, acorralado, solo él y su mente; un preludio de su turbulento camino.

Toro Salvaje (1980) es una de las obras imperdibles de la filmografía del director Martin Scorsese, que de la mano de Robert De Niro retrata al mencionado boxeador, en una historia basada en hechos reales.

LaMotta fue un boxeador interesante, con una carrera entre 1941 y 1952, cuando consolidó una propuesta boxística de ir al frente, presión constante y una resistencia sobrehumana para no caer jamás a la lona. Pero detrás de los ojos con los cuales miraba a sus adversarios, se encontraba un hombre complejo, intenso, de temperamento violento.

El boxeo es el medio del mensaje, no el fin

La espectacularidad de las peleas de LaMotta se puede ver desde la primera contra Jimmy Reeves, llena de tomas cercanas y veloces, con el sudor saliendo por todos lados. Los movimientos de cámara sugieren la rudeza del deporte, y la pasión en el público se constata con peleas en tribunas, todo perfectamente fotografiado en blanco y negro por Michael Chapman para unificar la idea: el boxeo de Jake LaMotta es imparable, pero no perfecto.

Ahí vemos por primera vez al personaje cuando la pelea para, celebrando pese haber sido derrotado. La egolatría de Robert De Niro con los brazos levantados provoca al público eufórico a comenzar una pelea entre ellos. A lo largo de la película veremos que las peleas son un reflejo del estado anímico de LaMotta, para bien o para mal, como cuando se deja ganar por Billy Fox exclamando “¿Por qué lo hice?”, entre sollozos.

Un reflejo del director

Scorsese ha comentado en diversas ocasiones que pensaba que este filme era su última película, porque los problemas con sus adicciones lo habían hecho tocar fondo. Pero llegó De Niro y le presentó el guion rogando que él la dirigiera. El director aceptó con la creencia de que cada decisión podía ser la última, por lo que volcó sus demonios en esa película proyectándolos en el personaje de LaMotta.

En la adaptación de este boxeador, cada decisión que se ve en la pantalla es una construcción final. Como reflejo del Scorsese a finales de los 70s, LaMotta es un hombre sumido en sí mismo, cuesta abajo; sus riñas fuera del ring, con su familia y amigos, convierten al personaje en un ejemplo de autodestrucción.

Masculinidad autodestructiva en cámara lenta

El personaje de LaMotta ya es violento dentro y fuera del ring. En casa lo manifiesta por primera vez con su primera pareja, pero sin la gravedad de las peleas que luego tuvo con su próxima esposa, Vikky. El ciclo se repite y no importa si el hombre cambia de entorno: la bestia llena de ira sigue presente.

LaMotta en la realidad tiene diversos vicios, como el exceso de alcohol, manifiesto de un problema mayor. La decisión De Scorsese de no estancarse en ese tema muestra su genialidad al dar al enfoque principal lo que hay realmente en la mente del boxeador, la raíz, no las consecuencias, como también fue la ruptura de su familia.

El uso de la cámara lenta promueve esta visión. El verdadero Toro empieza a relucir, las visiones se hacen presentes, como cuando piensa en que su esposa lo engaña con su hermano, para dar como resultado un final desolador del personaje, sin pareja, familia, hermano ni dinero.

La aceptación del pasado

La película maneja dos versos interesantes, una con la apertura de la película y otra al final. Al principio vemos a Jake LaMotta recitando previo a una función de su show de comediante “Aunque sé pelear prefiero recitar, eso es entretenimiento”, una manifestación de la renuncia a ese pasado laboral, aceptando su nueva realidad como un showman.

Y la segunda es antes de los créditos “Si es un pecador no lo sé. Una cosa si sé, que antes no podía ver y ahora veo”, del Evangelio Juan 9:25, como reflejo del camino en declive de Jake LaMotta y su final como comediante de un bar cualquiera.

El camino a la introspección

Toro Salvaje es un camino para describir de manera introspectiva lo que sucede en la mente de un personaje autodestructivo. Martin Scorsese muestra el boxeo con planos cerrados o contrapicados para buscar la fuerza imparable y la lucha de dos titanes en el ring, y aunque llega a ser espectacular, la fuerza de la película es la lucha de un hombre contra sus demonios y cómo los acepta después de haber errado tantas veces.

Toro Salvaje no maneja un mensaje moral ni literal contra la autodestrucción y los actos cometidos por Jake LaMotta. Martin Scorsese usó el cine como pocas veces, mediante un deporte como el box para impregnarlo de demonios personales, todos desatados en los golpes de Jake LaMotta.


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Edmundo Méndez
EDMUNDO MÉNDEZ

Realizador de Sports Illustrated México. Hablo de cine, capturo momentos con mi cámara, los edito, y ocasionalmente los escribo. IG @Mundo7