Llegar a la UFC como latino: el precio de migrar y sobrevivir antes de pelear

El argentino Santiago Ponzinibbio no tenía plan B, solo una mochila, un pasaje pagado por un amigo y una decisión que, en ese momento, parecía más una apuesta que un plan: irse de Argentina a Brasil sin dinero y sin certezas. Dormía en una carpa, trabaja en la playa y entrenaba cuando le alcanzaba.
“No había camino armado. Era muy utópico pensar que un argentino o alguien de Latinoamérica podía llegar a la UFC”, confesó a Sports Illustrated México el primer argentino en llegar a la máxima liga de artes marciales mixtas del mundo.
Ese punto de partida explica todo lo que vino después y por por qué, dos décadas más tarde, ser un peleador latino en la UFC sigue como una carga distinta, por todo el camino previo que se debe recorrer.
Ponzinibbio fue uno de los primeros en hacerlo. No el único, pero sí uno de los que empujó una puerta que no estaba abierta.
“Fue una locura. Me fui sin nada, trabajé en bares, en la calle, donde podía. Tenía que encontrar la manera de entrenar y sobrevivir al mismo tiempo”, añadió.
Su historia no es una excepción, es lo normal, a pesar de que su debut fue hace casi 14 años. Su compatriota Ailín Pérez lo entendió en otro momento (comenzó en la UFC en 2022), pero llegó a la misma conclusión: en las artes marciales mixtas, el talento no siempre paga la renta.
“Llegué a ganar 30 mil dólares en una semana en OnlyFans”, contó sobre la otra profesión que debía llevar a cabo para generar ingresos, ya que con lo que ganaba en el octágono, al principio de su carrera, no le generaba susficientes ingresos.
Antes de hacer contenido en la plataforma, su realidad era otra: rifas para viajar, dinero prestado por su familia, entrenamientos que no se traducían en ingresos: “Tenía que pedirle a mi papá para pagar el alquiler o vender cosas para poder viajar”, comentó.
El camino, en su caso, también pasó por moverse y su decisión fue Brasil, el país latinoamericano más adelantado y con la mejor escuela en las artes marciales mixtas, por su buen nivel de jiu-jitsu.
“Viajé mucho por Sudamérica, pero el secreto fue pasar por Brasil antes de llegar a la UFC. Ahí afiné todo”, explicó.
No es casualidad. Brasil aparece como un punto de formación casi obligatorio para muchos latinoamericanos. No sólo por nivel, sino por cultura. Es donde el deporte dejó de ser marginal antes que en el resto del continente.
La brasileña Bia Mesquita lo comentó desde dentro: “En Brasil crecemos peleando desde chicos. Es parte de la cultura. Si no juegas futbol, haces artes marciales”.
Esa diferencia cultural marcó durante años la presencia en UFC. Mientras Brasil consolidaba generaciones, el resto de América Latina apenas empezaba a entender el deporte.
“Es un deporte nuevo y en muchos países no había conocimiento. Por eso la evolución llegó más tarde que en Brasil”, admitió Ponzonibbio.
Hoy, ese retraso se empieza a cerrar, pero el costo económico sigue siendo alto. Alberto Montes lo vivió en primera persona. Salió de Venezuela con mil dólares rumbo a Estados Unidos y un mes después, no tenía nada.
“Tenía que pagar la renta, el gimnasio y me quedé sin dinero. Me tocó trabajar y entrenar al mismo tiempo”, contó. Trabajó de todo: en la construcción, mudanzas, estaciones de gasolina y hasta como conductor de Uber.
Dormía poco y entrenaba más: “Trabajaba de noche y entrenaba en la mañana. Era horrible, pero no había otra”.
Pero es a lo que se tuvo de enfrentar para conseguir el sueño que parecía casi imposible para alguien que nació en su país, ser una estrella de la UFC.
“En Venezuela hay talento, pero la evolución del deporte no ha llegado igual. El problema es salir, tener el dinero para salir”, lamentó.
Ese es el punto que conecta todas las historias: emigrar no es una opción, es una obligación por el contexto, pero eso, coinciden, forja al peleador latino y lo hace difícil de vencer.
“Creo que lo que hace diferente a un latino es el hambre. La necesidad de lograr cosas grandes”, añadió Montes.
Mientras Mesquita lo define de otra forma: corazón. “No puedes enseñar eso, o lo tienes o no. Cuando lo tienes, no te rindes”.
Argentina, por ejemplo, atraviesa su mejor momento histórico en la empresa. México se consolida como potencia, en gran parte porque la UFC ha invetido con un Performance Center Institute en Ciudad de México. Venezuela empieza a aparecer.
No es casualidad, es consecuencia. “Cambió el mercado. La UFC se globalizó. Antes eran americanos y brasileños. Hoy se abrió a todo el mundo”, resumió Ponzinibbio, quien además de peleado es comentarista en las transmisiones de la compañía.
La apertura, sin embargo, no elimina el recorrido: En la mayoría de los casos, es necesario salir, gastar varios dólares y sufrir. Un campamento puede costar miles de dólares para costear viajes, entrenadores o alimentación. Todo antes de subir al octágono.
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