Ryan García, el estandarte de Zuffa Boxing: el plan saudí para llevar el modelo UFC al boxeo

Ryan García todavía no pertenece a la plantilla de Zuffa Boxing, pero ya es el rostro de la función con la que la nueva promotora pretende dar su primer gran golpe mediático.
El estadounidense de 27 años defenderá su campeonato wélter del Consejo Mundial de Boxeo ante Conor Benn el 12 de septiembre en la T-Mobile Arena de Las Vegas, durante el fin de semana de la Independencia de México, una de las fechas más importantes del boxeo cada año.
La pelea muestra cómo pretende entrar Zuffa en un negocio repartido durante décadas entre promotores, organismos, representantes y televisoras. García aporta millones de seguidores, acceso al público mexicoamericano, uno de los principales consumidores del boxeo en Estados Unidos, y capacidad para generar conversación más allá de sus resultados.
Benn, en cambio, sí forma parte de la empresa. Zuffa colocará su marca en el centro del combate aunque sólo controle contractualmente a uno de los protagonistas.
García construyó buena parte de su popularidad al coleccionar seguidores en Instagram, TikTok y YouTube. Sus entrenamientos, declaraciones y controversias circulan incluso cuando no pelea.
No es el boxeador más completo de su generación, pero sí uno de los pocos capaces de llevar una cartelera hacia públicos que no siguen regularmente este deporte, al estilo de un influencer.
Presentarlo durante el fin de semana de la Independencia de México también permite competir por una fecha asociada durante años con el “Canelo” Álvarez y las principales figuras mexicanas. Para Zuffa, que necesita convertir su acuerdo televisivo con Paramount en una audiencia recurrente, García ofrece acceso inmediato a ese mercado sin pertenecer todavía a su nómina.
Golden Boy mantiene que el campeón continúa bajo su promoción y llegó a enviar una carta de cese y desistimiento a TKO y Zuffa por una supuesta interferencia en esa relación. La disputa expone uno de los riesgos para las promotoras tradicionales: pueden conservar el contrato de un peleador, pero verse obligadas a negociar con Zuffa cuando la nueva compañía controla al rival, la transmisión y buena parte de la producción del evento.
Dana White y Turki Alalshikh, la alianza que sostiene a Zuffa
El proyecto depende de la unión de dos figuras con funciones distintas. Turki Alalshikh aporta la influencia saudí, el acceso al financiamiento y las relaciones construidas mediante Riyadh Season; Dana White dirige la operación deportiva y comercial con el método que utilizó para convertir a UFC en la empresa dominante de las artes marciales mixtas.
Zuffa surgió de una alianza entre TKO, Sela y Ruby PR. Los socios vinculados con Arabia Saudita controlan la mayoría de la empresa y aportan buena parte del financiamiento, mientras TKO se encarga de la operación del acuerdo inicial de cinco años. Dana White y Nick Khan dirigen el proyecto en el día a día.
White no será únicamente la cara visible de Zuffa. Su presencia ofrece a los boxeadores una promesa concreta: actividad regular y un camino hacia los campeonatos de la empresa. Alalshikh aporta el otro componente del proyecto: el dinero necesario para contratar figuras consolidadas desde el inicio, sin esperar años a que la promotora genere sus propios recursos.
Canelo, el antecedente saudí
La intervención de Arabia Saudita comenzó antes de Zuffa. En febrero de 2025, Canelo firmó un acuerdo millonario por cuatro peleas con Riyadh Season.
El mexicano peleó ante William Scull en Riad y después enfrentó a Terence Crawford en Las Vegas. Aquellas negociaciones acercaron a Alalshikh con Dana White y TKO, y anticiparon la fórmula utilizada después por Zuffa: Arabia Saudita financia las bolsas y TKO convierte la pelea en un producto televisivo internacional.
Canelo mostró que Arabia Saudita podía asegurar varias peleas de la principal figura del boxeo sin convertirlo en parte de una promotora propia. Con García, Zuffa busca dar el siguiente paso: construir una marca con funciones regulares y una audiencia que no aparezca solamente para los grandes combates.
Los fichajes y el objetivo Gervonta
Zuffa ya incorporó a Conor Benn, Jai Opetaia, Richardson Hitchins, Edgar Berlanga y Shakur Stevenson. La plantilla mezcla campeones, contendientes y boxeadores con llegada a mercados distintos.
Stevenson, contratado por varias peleas, aporta las mayores credenciales deportivas. Benn ofrece una rivalidad con García y presencia en el mercado británico. Opetaia permite construir una división alrededor de un campeón, Hitchins suma calidad técnica y Berlanga conserva conexión con las audiencias puertorriqueña y neoyorquina.
Zuffa no sólo busca contratar figuras. También incorpora prospectos, les garantiza actividad dentro de su calendario y utiliza la infraestructura de TKO, incluido el UFC Performance Institute, para acompañar su desarrollo. La apuesta es firmarlos antes de que alcancen su mayor cotización.
Llevar el modelo UFC al boxeo
Zuffa no pretende funcionar como Golden Boy, Top Rank o Matchroom. Busca reproducir la concentración de estrellas que convirtió a UFC en la principal organización de artes marciales mixtas.
UFC contrata a sus peleadores, establece los enfrentamientos, administra las clasificaciones y reconoce a sus campeones. El cinturón pertenece al ecosistema de la compañía y no puede trasladarse a otra promotora.
En el boxeo, esas funciones se reparten entre empresas, organismos, televisoras, representantes y comisiones.
Esa fragmentación retrasa peleas por años, pero también evita que una sola compañía controle todas las decisiones. Si dos boxeadores pertenecen a Zuffa, la empresa puede establecer la fecha, el rival y la plataforma, sin negociar con promotores rivales.
El acuerdo con Paramount completa la estructura. La compañía comenzó 2026 como distribuidor exclusivo de 12 funciones de Zuffa, con planes para aumentar el calendario y la posibilidad de colocar algunos eventos en CBS. Zuffa puede negociar con cada boxeador un paquete completo que incluya contrato, fechas garantizadas y exposición en Paramount.
La amenaza para el CMB, la AMB, la OMB y la FIB no consiste necesariamente en desaparecerlos. Zuffa puede permitir que sus peleadores disputen esos campeonatos mientras desarrolla cinturones propios.
Si reúne a suficientes figuras y financia los enfrentamientos más atractivos, los organismos conservarán sus títulos, pero perderán capacidad para decidir cuáles peleas ocupan el centro del deporte.
La advertencia de LIV Golf
LIV Golf mostró que el capital saudí puede alterar rápidamente un deporte. Contrató campeones mediante acuerdos extraordinarios, aumentó los premios económicos y obligó al PGA Tour a modificar su estrategia.
También enseñó que comprar talento no garantiza una competición autosuficiente.
Después de invertir alrededor de 6,000 millones de dólares, el Fondo de Inversión Pública decidió terminar su financiamiento al concluir 2026. LIV comenzó a buscar entre 250 y 350 millones de dólares de nuevos inversionistas, mientras enfrentaba dudas sobre la continuidad de algunos de sus torneos.
Zuffa parte con ventajas. TKO conoce los deportes de combate, Paramount garantiza distribución y el boxeo cuenta con figuras acostumbradas a vender eventos individuales. Aun así, la empresa tendrá que pagar bolsas competitivas antes de comprobar si sus funciones producen suficientes suscripciones, patrocinios y ventas de boletos.
La pregunta es si los ingresos de Paramount, los boletos y los patrocinadores podrán cubrir las bolsas cuando el capital saudí deje de absorber las pérdidas iniciales.
