ARCHIVO SI | Bo Jackson: ¿qué camino tomarás, Bo?

Cada sábado, Sports Illustrated México reedita íntegramente una gran historia del archivo de la revista. La selección de hoy es WHICH WAY WILL YOU GO, BO?, de Ralph Wiley, publicada originalmente el 14 de diciembre de 1987.
Tendrías que decir que, hasta ahora, Vincent Edward (Bo) Jackson está haciendo un buen trabajo como actividad secundaria. Hasta Maddie y David tendrían que admitirlo. The Bo Show tuvo una audiencia de 19.9 puntos en su primera aparición en Monday Night Football, el 30 de noviembre desde Seattle, además de recibir muchos elogios en todo el país, mientras Jackson sumaba 221 yardas, anotaba tres touchdowns y le decía a la cámara: “No tenemos nada que perder, Baby”. The Fridge fue una agradable distracción en la línea de gol para los espectadores del horario estelar en 1985, pero cuando Jackson recorrió 91 yardas a toda velocidad, nadie respiró.
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Otros atletas han tenido la capacidad de jugar profesionalmente dos deportes de ligas mayores. De hecho, un buen número lo ha hecho de manera simultánea, pero ninguno recientemente. Gene Conley (1952 a 1964), Dave DeBusschere (1962 a 1974) y Ron Reed (1966 a 1984), todos ellos jugadores de beisbol y basquetbol, fueron los últimos. Danny Ainge era un Toronto Blue Jay con poco poder antes de convertirse en un aguerrido Boston Celtic. John Elway probablemente habría podido jugar como rightfielder en las Mayores. Kirk Gibson probablemente habría podido ser receptor en la NFL. Eric Davis quizá habría sido lo suficientemente bueno para jugar como guard en la NBA. Pero Elway y compañía no jugaron dos deportes, y Ainge nunca regresó al beisbol. Ciertamente, ninguno de ellos pudo haberse convertido en un bateador descomunal y una amenaza colosal de escapada (o sus equivalentes) en menos de dos años después de salir de la universidad.
En octubre, Jackson completó su temporada de novato como outfielder de los Kansas City Royals con 22 home runs. El domingo jugó su sexto partido con Los Angeles Raiders, una victoria de 34-21 sobre los Buffalo Bills en la que corrió para 78 yardas en 19 acarreos y atrapó cuatro pases, incluido uno para touchdown. Ahora las preguntas son: ¿Qué tan bien puede hacer ambas cosas y durante cuánto tiempo? ¿Por qué no esperar y ver? Bueno, este es el final del siglo XX, y la gente quiere saber las cosas de inmediato. Y eso es lo que Jackson le da a la gente: una descarga de adrenalina.
Algunos jugadores de futbol americano que observan correr a Jackson parecen sentirse conmovidos casi espiritualmente. “No hay duda de que es un running back del Salón de la Fama. Si alguien tenía que romper mi récord, me alegra que haya sido Bo. Es un gran corredor. Aparece uno como él cada 20 años”. El que habla es el exrunning back de los Raiders Clem Daniels, quien mantuvo el récord del equipo de 200 yardas por tierra en un solo partido hasta que Jackson pasó por encima de Brian Bosworth y por encima de todos los demás en Seattle.
“Más o menos lo esperaba”, dijo Daniels. “Su actitud me impresionó desde el principio. Hablaba de sí mismo en tercera persona: ‘Bo hará esto. Bo hará aquello’. Eso me gustó. Tu ego tiene que ser lo suficientemente grande para darte el impulso. Vi a Jim Taylor en el torneo de golf de exjugadores de la NFL. Todavía tenía esa actitud: ‘Soy un tipo que patea traseros’. Bo también lo cree. Se puede ver”.
Pero espera. El trabajo de tiempo completo de Jackson es el beisbol. Él dice categóricamente: “Eso es lo que terminaré jugando”. Cuando firmó su contrato de cinco años y 7.4 millones de dólares con los Raiders el verano pasado, se citó a Jackson diciendo que el futbol americano era su “pasatiempo”. Muchos se burlaron cuando dijo eso, pero ahora no se ve esa frase del pasatiempo pegada en muchos lockers de la NFL, no después de que Jackson anunciara su llegada el 22 de noviembre en el L.A. Coliseum.
Desde la yarda 35 de los Raiders, recibió un pitch del quarterback Marc Wilson mientras avanzaba hacia la derecha, giró 180 grados y estaba a toda velocidad, saliendo por fuera del tackle izquierdo, en tres pasos. Arrolló al desprevenido cornerback de Denver Mike Harden, sin perder el ritmo, y después saltó hacia la zona de anotación para rematar la jugada. Después de ese partido, Jackson dijo que había estado “experimentando”. Tras el partido de Seattle, cuando pasó por encima de Bosworth en una carrera de dos yardas para touchdown, el Boz dijo: “No hay excusas. Simplemente me pasó por encima”. Jackson, que cumplió 25 años ese día, dijo que se había “divertido”.
Entonces, ¿qué hará después? “Bo siempre se ha sentido motivado por el desafío”, dice su agente, Richard Woods. “Nunca ha dejado un desafío sin resolver. Eso lo emociona, hace que le suba la adrenalina. Ahora mismo, puedo prometerte que el beisbol está fuera de su mente. Pero la única manera en que dejaría el beisbol sería si dejara de representar un desafío para él. Si dejara el beisbol, me sorprendería”.
Woods parece estar seguro de esto quizá durante un nanosegundo. Entonces llega la descarga. “Pero”, dice, “sé que con Bo Jackson, cualquier cosa es posible”.
La idea de jugar ambos deportes se convirtió en una posibilidad seria a finales de la primavera, después de que los Raiders seleccionaran a Jackson en la séptima ronda del Draft de ese año. “Al Davis y Tom Flores estaban dispuestos a ser flexibles con las cosas”, dice Woods. El astuto propietario Davis y el coach Flores esperarían a Jackson hasta después de la temporada de beisbol. A finales de junio, antes de reunirse con los directivos de los Raiders, Woods fue a Kansas City y Jackson le preguntó: “¿Puedo hacerlo?”. Woods respondió: “No lo sé. Hay muchos obstáculos. Piénsalo”. Jackson lo pensó. “Mira qué puedes hacer”, dijo. En tres semanas, Woods había llegado a un acuerdo con los Raiders.
Saltemos a la zona de anotación. Lo que Jackson hizo contra Denver, Seattle y Buffalo no fue tan inusual, al menos no en el contexto de los grandes running backs. Son grandes en cuanto les das el balón. A principios del primer cuarto de su primer partido de temporada regular en la NFL, Earl Campbell recorrió 73 yardas para un touchdown contra Atlanta. Como novato en 1965, Gale Sayers anotó 22 touchdowns, incluidos seis en un solo partido. En su primer año, Eric Dickerson lideró la liga por tierra con 1,808 yardas. El compañero de Jackson y fullback bloqueador, Marcus Allen, fue magnífico como novato en 1982 y MVP del Super Bowl la temporada siguiente.
Pero Jackson es único. Ninguno de los anteriores tiene su combinación de tamaño, equilibrio y velocidad. Bo mide seis pies y pesa 231 libras, con un mágico giroscopio interno y un tiempo en las 40 yardas que se mide con un reloj atómico —se dice que 4.175 segundos—. Suena imposible, y probablemente lo sea, razón por la que se cree que solo Jackson podría hacerlo. Ganó el Trofeo Heisman en Auburn aunque tenía que compartir el balón en una ofensiva wishbone con los halfbacks Lionel James (ahora con San Diego) y Brent Fullwood (Green Bay), además del fullback Tommie Agee.
Jackson promedia 7.1 yardas por acarreo. Con 553 yardas en 78 acarreos, hasta el domingo ya era el séptimo mejor corredor de la AFC. En comparación, el líder de la conferencia, Dickerson, había acarreado el balón 216 veces para 958 yardas y un promedio de 4.4. “Bo es bueno, realmente un gran corredor, pero no creo que esté a mi nivel”, dijo Dickerson la semana pasada. “Esa es mi opinión. Tengo mejores movimientos que Bo”. Lo siento, Eric. Con base en las primeras evidencias, Jackson está a tu nivel.
Jackson sigue insistiendo en que jugará beisbol muchos años después de haber terminado con el futbol americano. Pero probablemente no jugará beisbol invernal durante los próximos cuatro años. Ni siquiera entrará a la jaula de bateo hasta que termine la temporada de futbol americano, y todo indica que eso ocurrirá temprano para los Raiders este año. Después planea regresar a Auburn y entrenar bajo la supervisión del coach de beisbol de los Tigers, Hal Baird, quien alguna vez compartió habitación con el manager de los Royals, John Wathan, en las Ligas Menores.
“Nadie sabe qué va a hacer Bo”, dice Woods. “Tiene más opciones que el resto de nosotros. Pero el beisbol es su principal desafío”.
“De ninguna manera”, dice Daniels. “Creo que dejará el beisbol. Es aburrido. Se ha acostumbrado a la gloria y la admiración. Se convierte en un deseo, y empieza a trabajar en ti”.
“Bo Jackson hace de todo”, dice Tommy McCraw, coach de bateo de los Tidewater Tides, el equipo Triple A de los New York Mets. “Nunca he visto a un beisbolista así. Y no soy el único. Tiene mejor brazo, más velocidad y más poder que cualquiera. Sé que Kansas City lo apresuró [al subirlo demasiado rápido desde las Ligas Menores]. También sé que muchos jugadores están ganando mucho dinero en las Grandes Ligas con los números que puso [un promedio de .235 y 53 carreras impulsadas en 396 turnos al bate, además de los home runs] en realidad en solo media temporada. Estoy seguro de que existe resentimiento. Pero a Bo Jackson solo le falta experiencia. Y quizá la paciencia para adquirir esa experiencia”.
La razón por la que Jackson solo ha jugado 53 partidos en las Ligas Menores es que el copropietario de los Royals, Avron Fogelman, lo quiere en Kansas City. En contraste, el jugador de los Cincinnati Reds Davis, de la misma edad que Jackson, pasó toda o parte de seis temporadas en las Ligas Menores. El gerente general de los Royals, John Schuerholz, ha dicho públicamente que Jackson podría tener que pasar tiempo en las Ligas Menores la próxima temporada. Después de que Woods y los Royals modificaran el contrato de Jackson el verano pasado —que le paga unos modestos 1.066 millones de dólares durante tres años—, ya no tenía la opción de alejarse del beisbol el 15 de julio de 1988 pagando una penalización al club. Ahora, su contrato le exige completar la temporada de 1988. Si después decide abandonar el beisbol, tendrá que devolver 50% de lo que los Royals le hayan pagado hasta ese momento. “Bo es empleado de los Royals”, dice Woods. “Ellos tienen derecho a enviarlo a las Ligas Menores si así lo deciden”.
Jackson bateó para .254 antes del Juego de Estrellas, pero solo para .188 después, y se habló mucho de sus 158 ponches. “Tiene una gran capacidad, grandes herramientas, pero tiene problemas con el Tío Charlie [la curva]”, dice el exscout Ben Moore, directivo de Baseball Network, un grupo creado recientemente cuyo objetivo es fomentar la contratación de minorías para puestos directivos. “Pero los únicos bateadores derechos que vi con tanto poder como Bo Jackson fueron Frank Howard y Dick Allen. Bobby Bonds tampoco podía batear la curva, al principio”.
Debido a que no jugará beisbol invernal en las ligas de Latinoamérica, donde abundan los lanzamientos rompientes, probablemente Jackson nunca bateará para un promedio demasiado alto. Además, probablemente siempre se ponchará mucho. Sin embargo, como dice Reggie Jackson, líder histórico de ponches y probable miembro del Salón de la Fama: “A nadie le importa cómo lo haces”.
“Así es”, dice McCraw. “Todo lo que Bo necesita es tiempo. En futbol americano solo tienes que aprender las jugadas de tu equipo y después salir a ejecutarlas. En beisbol, las habilidades son más refinadas. Los Red Sox tienen 11 pitchers. Tienes que conocer a cada uno de ellos y saber qué quieren hacerte. Multiplica eso por cada equipo de la liga. Simplemente requiere más tiempo”.
Y comprensión. La temporada de Jackson con los Royals fue una prueba. Varios jugadores cuestionaron su inexperiencia y el trato preferencial que, según ellos, el club le estaba dando. “No creo que Bo estuviera preparado para las mezquindades”, dice un veterano periodista de beisbol. Después de un partido a mediados de junio contra los California Angels en Anaheim, en el que se fue de 1-4 con tres ponches, Jackson llevaba un plato de comida después del partido cuando accidentalmente derramó gravy sobre algunas pertenencias del segunda base Frank White. “Novato”, espetó White, lanzándole a Jackson una mirada que habría congelado a Medusa. Poco después, cuando Bo anunció que había llegado a un acuerdo con los Raiders, tuvo que soportar todavía más críticas.
Durante la temporada de futbol americano, Bo, su esposa Linda y su hijo de un año y medio, Spud, viven en un condominio en Redondo Beach. Los Jackson están rentando. A Bo no le gustan esos seis o más temblores que han sacudido California desde su llegada.
Allen, el líder histórico de los Raiders en yardas terrestres con casi 6,000, adoptó un enfoque diferente al de los compañeros de Jackson. De hecho, Allen se ofreció a pasar a la posición de fullback para que Jackson pudiera tener más acarreos. Allen es un jugador extraordinario por derecho propio. Quizá ahora sea el mejor fullback bloqueador de la NFL. Es un cambio de rol que ningún otro running back de élite habría podido realizar. Además, Allen todavía puede atrapar el balón, lanzarlo, correr con él y verse bien después en el lobby. Allen ha dicho que esperará hasta el final de la temporada para expresar cualquier queja, si es que tiene alguna. Uno pensaría que con este backfield de miles de millones de dólares los Raiders serían una máquina imparable. No. Bo se perdió los dos primeros partidos de la temporada debido a su trabajo de tiempo completo. Después llegó la huelga. Los Ángeles tiene marca de 5-7.
Pero The Bo Show continúa. A partir de ahora, cada vez que conecte un home run o se ponche, la gente recordará su espectacular carrera en Seattle y sentirá una descarga de otro tipo. Bo acelera hacia la izquierda, aparta de un manotazo a un tackleador que intenta atraparlo, acelera y deja al safety Kenny Easley corriendo como si estuviera sobre jarabe. Jackson recorre 91 yardas hasta la zona de anotación y más allá, atraviesa un túnel debajo de las tribunas y desaparece de la vista. Tres Raiders corren detrás de él, gritándole que regrese. Pero ya se había ido.
