ARCHIVO SI | Brett Favre: Seguir adelante

Cada sábado, Sports Illustrated México reedita íntegramente una gran historia del archivo de la revista. Nos remontamos a noviembre de 2004. Con su esposa luchando contra el cáncer, Brett Favre ha vuelto a encontrar la manera de mantenerse enfocado y jugar de forma brillante en medio de la adversidad.
Brett Favre jugando con los Green Bay Packers en 2004.
Brett Favre jugando con los Green Bay Packers en 2004. / Elsa/Getty Images

Cada sábado, Sports Illustrated México reedita íntegramente una gran historia del archivo de la revista. La selección de hoy es PRESSING ON, de Peter King, publicada originalmente el 8 de noviembre de 2004.

Con su esposa luchando contra el cáncer, Brett Favre ha vuelto a encontrar la manera de mantenerse enfocado y jugar de forma brillante en medio de la adversidad.

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¿Cuánta angustia más puede soportar Brett Favre? En el lapso de 10 meses, su padre Irv —sano como un toro— murió repentinamente de un ataque al corazón a los 58 años; su cuñado Casey Tynes, de 24, falleció al estrellarse en un vehículo todo terreno en la propiedad de los Favre en Mississippi; y su esposa, Deanna (hermana de Casey), se enteró de que padecía cáncer de mama. Favre supo del cáncer de Deanna el 14 de octubre, ocho días después de la muerte de Tynes. (Deanna se sometió a una lumpectomía y se espera que se recupere tras recibir quimioterapia).

El historial demuestra que, cuando se enfrenta a la adversidad, Favre sigue rindiendo. Ganó el primero de sus tres premios MVP mientras luchaba contra una adicción a analgésicos hace nueve años. Lanzó para 399 yardas apenas 26 horas después de enterarse de la muerte de su padre el diciembre pasado. Y desde que se descubrió el cáncer de su esposa, ha guiado a unos Packers tambaleantes de regreso a la pelea por los playoffs de la NFC, completando el 68% de sus pases en tres victorias. “No tengo idea de por qué sucede eso”, dijo Favre, de 35 años, la semana pasada. “Solo sé que siento un orgullo enorme por lo que hago”.

Tampoco puedo explicar del todo el mecanismo con el que Favre enfrenta las crisis. En 1995, SI me envió a Green Bay para hacer una historia sobre una semana en la vida de un equipo de futbol americano. Me acerqué mucho a Favre, pasando un par de largas noches en su casa. Y cuando ingresó a un centro de rehabilitación la primavera siguiente por su adicción al Vicodin, pensé: “Estuve alrededor de este tipo durante horas y horas, y nunca lo supe. ¿Cómo pude haber sido engañado?”. Favre me dijo: “Nadie lo sabía, excepto probablemente Deanna. Incluso cuando empeoró cada vez más, fui capaz de ocultarlo. Jugar football —ir a los entrenamientos, disputar los partidos— se convirtió en lo que más esperaba. Jugar fue lo que me ayudó a salir adelante”.

El año pasado dijo que nunca consideró dejar de jugar tras la muerte de su padre, quien fue su entrenador de beisbol y football durante su infancia. No tuvo una crianza sentimental en Mississippi. Fue educado para no cuestionar a la autoridad, no cuestionar la voluntad de Dios y, por encima de todo, nunca ser el que le fallara al equipo. Irv Favre aceptaba que el fracaso atlético era posible, pero eso no lo hacía aceptable. “Mi papá no habría tolerado ninguna excusa”, le dijo Favre a SI en enero pasado. “En los momentos difíciles, los jugadores juegan”.


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