La contratación de Mike McCarthy con Steelers tiene mucho sentido… si se analizan los hechos

El Candidato A tiene 62 años y vive su segundo acto como head coach en la NFL. Antes de llegar a su actual destino, estuvo con su equipo previo de 2006 a 2021, periodo en el que acumuló 152 victorias en 15 temporadas, ocho apariciones en playoffs y un Super Bowl, campeonato que ganó junto a un quarterback destinado sin discusión al Salón de la Fama.
El Candidato B inicia hoy su tercera etapa como head coach en la NFL. También tiene 62 años y, en sus 16 temporadas como entrenador entre 2006 y 2021 (el mismo lapso que el Candidato A, quien perdió un año por una suspensión de la liga), sumó 155 triunfos, 11 participaciones en playoffs y un Super Bowl, igualmente ganado al lado de un quarterback con boleto asegurado a Canton.
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La reacción ante la contratación del Candidato A fue de elogio unánime. Hubo una confianza inmediata en que transformaría a su nuevo equipo, una percepción que terminó por confirmarse. Rápidamente, la franquicia renovó la posición de quarterback, fortaleció su defensiva, realizó contrataciones acertadas de coordinadores y sacó al equipo del sótano divisional.
En contraste, la recepción de la contratación del Candidato B el sábado ha sido de confusión casi generalizada, a pesar de que ambos entrenadores presentan porcentajes de victorias, número total de triunfos, éxito en playoffs y antecedentes de reconstrucción de equipos prácticamente idénticos.
Los Steelers, que contrataron al Candidato B el sábado (Mike McCarthy), están rompiendo un precedente de largo plazo en su propia filosofía de contrataciones con la esperanza de que su éxito replique el del Candidato A, Sean Payton. Además, desde mi perspectiva, están tomando una decisión inteligente al reconocer que la única diferencia realmente significativa entre Payton y McCarthy es que uno de ellos es un poco más hábil para hacernos creer que es extraordinario en su trabajo. Los Steelers, después de todo, siempre han preferido un enfoque discreto.
Aunque la narrativa dominante señala que Pittsburgh se alejó de su fórmula histórica de contratar a un head coach defensivo en sus primeros treinta años —un modelo que llevó a la franquicia a campeonatos de Super Bowl con Chuck Noll, Bill Cowher y Mike Tomlin—, mi atención se centra más en el hecho de que un equipo inteligente decidió no caer en la narrativa negativa sobre McCarthy y, en su lugar, revisar los hechos disponibles.
Los hechos indican que McCarthy es el decimoquinto coach con más victorias en la historia de la NFL. Que posee un porcentaje de victorias de .608, superior al de Bill Parcells, Mike Shanahan, Tom Coughlin, Mike Holmgren, Mike Ditka y Jon Gruden. Que entre 2016 y 2018 —cuando el seguimiento de EPA se volvió lo suficientemente común para su análisis—, McCarthy, al igual que Payton, contó con una ofensiva ubicada dentro del top siete de la liga en puntos esperados añadidos por jugada. Y que en 2023 y 2024 —años en los que McCarthy estuvo en Dallas y Payton en Denver—, los Cowboys fueron superiores en prácticamente todas las métricas ofensivas medibles.
Por alguna razón, cada vez que el nombre de McCarthy aparece como candidato a head coach, provoca un reflejo de rechazo en la afición. De nuevo, mi suposición es que McCarthy simplemente carece de la fineza pública que Payton indudablemente posee. Mientras que el entorno de Payton tiene un matiz más villanesco, éste encaja con los rasgos de personalidad que uno esperaría de un genio ofensivo. McCarthy, ya sea por su acento Yinzer, su pasado como bartender y tight end colegial, o por su carácter afable frente al micrófono, proyecta más la imagen de alguien que va “subido al viaje”. Esto, a pesar de que los coaches que han trabajado con él, diseñado sus jugadas y operado su ofensiva, insisten en que esa percepción está muy lejos de la realidad.
Aunque no es una garantía de éxito, los Steelers estaban navegando por terreno complicado. Para empezar, la dinámica de la liga ha cambiado drásticamente desde la última vez que Pittsburgh contrató a un head coach. Si bien este parecía el grupo ideal para apostar nuevamente por un joven entrenador defensivo en ascenso, la realidad es que la producción ofensiva de la franquicia ha sido raquítica desde que Ben Roethlisberger estaba en el apogeo de su carrera.
En segundo lugar, así como los Patriots optaron por el carismático Cam Newton como el puente entre Tom Brady y el siguiente quarterback joven reclutado por la organización, los Steelers aciertan al considerar que McCarthy puede manejar con mayor soltura tanto el peso de una absurda racha de temporadas con marca de .500 o superior, como la brutalidad que define a la AFC North.
McCarthy tiene la capacidad de atraer coordinadores de alto nivel. Más recientemente, vio partir a Kellen Moore, quien ganó un Super Bowl en Philadelphia (tras un primer paso por los Chargers) y eventualmente consiguió un puesto como head coach en New Orleans, así como a Dan Quinn, quien asumió un rol en Washington y llevó a los Commanders hasta el campeonato de conferencia en 2024. También sabe moverse en el volátil mundo de los quarterbacks de élite —e incluso podría convencer a un Aaron Rodgers cercano al retiro de explorar la posibilidad de una temporada de transición en Pittsburgh—. Además, elevará el piso de una ofensiva que se ha marchitado durante décadas bajo una filosofía centrada primero en la defensiva.
En 24 años como play-caller o head coach, McCarthy ha tenido 14 temporadas con una ofensiva aérea ubicada dentro del top 15 de la NFL en yardas netas por intento de pase. Los Steelers solo lograron algo similar en 10 ocasiones durante la era de Tomlin, y todas ocurrieron con Roethlisberger como quarterback titular.
Todo lo demás —que McCarthy sea originario de Pittsburgh y que quizá pueda apaciguar a una afición intensamente provincial que enfrenta un proceso de reconstrucción particularmente desgastante— es simplemente la cereza del pastel.
Pero al observar el roster de Denver cuando Payton llegó y el de Pittsburgh ahora que McCarthy está al mando, vale la pena preguntarse por qué —de verdad, por qué— una reconstrucción parecía mucho más segura que la otra. Y ahora que hemos revisado los hechos, ¿no resulta todo esto un poco más emocionante de lo que estamos dispuestos a admitir?
