El talento no basta: la NFL tiene un problema para desarrollar quarterbacks

Zach Wilson fue la segunda selección global; Trey Lance, la tercera; Anthony Richardson, la cuarta; J.J. McCarthy, la décima; Justin Fields, la undécima; Mac Jones, la decimoquinta, y Kenny Pickett, la vigésima. Todos llegaron a la NFL como elecciones de primera ronda entre 2021 y 2024, pero ninguno aparece en 2026 como el titular indiscutible de la franquicia que lo seleccionó.
Esto no representa una sentencia contra siete quarterbacks ni demuestra que las organizaciones sean responsables de cada error. Las lesiones, la precisión, la toma de decisiones y el rendimiento individual también modificaron sus carreras. Sin embargo, la repetición del mismo desenlace entre prospectos tan distintos expone una falla más profunda: la NFL exige quarterbacks preparados para competir desde el primer día, pero no siempre ofrece el tiempo, la estabilidad ni las repeticiones necesarias para que alcancen ese nivel.
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El problema comienza con la distancia entre el futbol americano universitario y el profesional. Los equipos seleccionan brazos poderosos, movilidad y potencial físico, pero después les exigen dominar un libro de jugadas más complejo, reconocer coberturas disfrazadas, ajustar protecciones y tomar decisiones en pocos segundos.
La liga tampoco posee una categoría de desarrollo equivalente a las ligas menores del beisbol o la G League de la NBA. Cuando inicia la temporada, casi todas las repeticiones importantes pertenecen al titular. El suplente aprende en reuniones, entrenamientos controlados y pretemporada, pero rara vez dispone de situaciones reales suficientes para corregir sus defectos.
La generación de 2021 resume el problema. Trevor Lawrence, Wilson, Lance, Fields y Jones salieron dentro de las primeras 15 selecciones. Para 2024, Lawrence era el único que permanecía con el equipo que lo eligió. Cuatro franquicias apostaron capital importante por un quarterback y cambiaron de rumbo antes de que concluyera su primer contrato.
Wilson inició 33 partidos con los Jets y acumuló 6,325 yardas, 23 pases de anotación y 25 intercepciones en sus primeras cinco temporadas. Nueva York lo envió a Denver en 2024; los Broncos lo mantuvieron inactivo durante toda la campaña y Miami sólo le concedió 11 intentos de pase en 2025. Ahora está en Nueva Orleans, su cuarta organización, con un contrato por una temporada. Sus dificultades fueron reales, pero la oportunidad de desarrollarse prácticamente desapareció desde que terminó su etapa como titular.
El caso de Lance resulta todavía más extremo. San Francisco subió del puesto 12 al tercero del Draft de 2021 y entregó dos selecciones futuras de primera ronda, además de una de tercera. La apuesta se apoyó en condiciones físicas extraordinarias, pese a que Lance sólo había iniciado 17 partidos universitarios. Pasó su primera temporada detrás de Jimmy Garoppolo, sufrió una fractura de tobillo en su segundo inicio de 2022 y perdió el puesto después de la aparición de Brock Purdy.
Cinco años después de su llegada a la NFL, suma apenas seis titularidades y permanece como suplente de Justin Herbert en los Chargers. Su historia mezcla mala fortuna con una contradicción evidente: los 49ers pagaron un precio enorme por un proyecto que necesitaba experiencia, pero el equipo aspiraba al Super Bowl y no podía esperar.
Fields sí recibió mayor continuidad, aunque cada oportunidad llegó dentro de un contexto diferente. Disputó 40 partidos con Chicago, pasó por Pittsburgh y los Jets, y ahora ocupa un lugar detrás de Patrick Mahomes en Kansas City. Sus 9,039 yardas aéreas y 2,892 por tierra confirman que posee herramientas excepcionales. También demuestran que el debate no puede reducirse a si “sirve” o no. En seis temporadas ya conoció cuatro organizaciones y varios sistemas ofensivos, una ruta que dificulta la construcción de hábitos estables desde la posición más compleja del deporte.
Mac Jones ofrece la prueba más clara de la influencia del entorno. Como novato lanzó para 3,801 yardas y 22 touchdowns, llevó a Nueva Inglaterra a los playoffs y recibió una invitación al Pro Bowl. Tras la salida de Josh McDaniels, trabajó con tres responsables ofensivos distintos durante sus tres campañas con los Patriots. Su producción cayó y el equipo lo transfirió a Jacksonville. En 2025, bajo la dirección de Kyle Shanahan en San Francisco, completó el 69.6 por ciento de sus pases, registró 13 touchdowns contra seis intercepciones y alcanzó un índice de pasador de 97.4 en ocho aperturas. El talento no había desaparecido; cambió la estructura que lo rodeaba.
Pickett también perdió continuidad pese a registrar una marca de 16-11 como titular. Pittsburgh lo seleccionó en 2022, despidió al coordinador ofensivo Matt Canada durante la campaña siguiente y después envió al quarterback a Filadelfia. Desde entonces pasó por el campamento de Cleveland, jugó con Las Vegas y llegó a Carolina como suplente de Bryce Young. Cinco organizaciones en cinco temporadas forman una ruta de supervivencia, no un plan coherente de crecimiento.
Richardson y McCarthy demuestran que el patrón no pertenece sólo a la generación de 2021. Indianapolis seleccionó a Richardson en el cuarto puesto de 2023 pese a sus escasos 13 inicios universitarios. Las lesiones limitaron su primera campaña, la irregularidad marcó la segunda y perdió el puesto ante Daniel Jones en 2025. Sólo suma 15 titularidades profesionales y ahora compite por el puesto de suplente, con una solicitud de cambio todavía activa.
McCarthy perdió toda su temporada de novato por una lesión de menisco. En 2025 inició diez encuentros y terminó con 11 touchdowns, 12 intercepciones y un porcentaje de pases completos de 57.6. Sin embargo, sus cuatro últimas aperturas ofrecieron una señal alentadora: completó el 64.3 por ciento de sus envíos, lanzó cinco anotaciones contra dos intercepciones y registró un índice de 100.4. Minnesota decidió colocar a Kyler Murray como titular para 2026 después de sólo diez prácticas del campamento. La medida puede ayudar al equipo en el presente, pero vuelve a mostrar la brevedad del margen que recibe un quarterback joven, incluso cuando apenas tiene 23 años y sólo diez partidos de experiencia.
Los ejemplos exitosos enseñan otra ruta. Patrick Mahomes pasó un año detrás de Alex Smith antes de tomar una ofensiva adaptada a sus virtudes. Jordan Love permaneció tres temporadas como suplente de Aaron Rodgers. Jayden Daniels y Bo Nix llegaron a la liga después de 55 y 61 aperturas universitarias, respectivamente, y sus equipos construyeron esquemas compatibles con su experiencia. Sentarse no garantiza el éxito, pero un plan estable, un cuerpo técnico coherente y suficientes repeticiones elevan las posibilidades.
La NFL no necesita absolver de responsabilidad a cada quarterback ni conservar indefinidamente todos sus proyectos. Algunas evaluaciones serán incorrectas y algunos jugadores nunca alcanzarán el nivel esperado. El problema aparece cuando las franquicias seleccionan prospectos por su potencial, los colocan bajo presión inmediata y después les retiran la titularidad o buscan otra opción antes de completar el proceso que justificó su elección.
Wilson, Lance, Fields, Jones, Pickett, Richardson y McCarthy no son casos idénticos ni representan carreras terminadas. Son el reflejo de una liga que sabe encontrar talento, pero todavía confunde selección con desarrollo. Cuando tantos quarterbacks de primera ronda pierden su lugar en tan poco tiempo, la explicación ya no puede recaer únicamente debajo del casco.
