NFL: El diagnóstico de CTE de Steve McMichael y una posible temporada de 18 juegos

La NFL intenta hacer del football un deporte más seguro, pero deberíamos ver cómo se desarrolla eso a largo plazo antes de someter a los jugadores a más partidos.
Steve McMichael, quien falleció en 2024, ganó el Super Bowl XX con los Bears.
Steve McMichael, quien falleció en 2024, ganó el Super Bowl XX con los Bears. / Jonathan Daniel/Getty Images

Otra leyenda de la NFL ha muerto con un diagnóstico confirmado de CTE. Steve McMichael, o “Mongo”, un corpulento y feroz tackle defensivo que fue inmortalizado en el Hall of Fame en 2024 y que murió hace casi un año, ahora se confirma que padecía encefalopatía traumática crónica, la enfermedad cerebral degenerativa que se ha extendido entre los jugadores retirados de la liga como una plaga nada silenciosa.

McMichael murió tras una batalla de varios años contra la ALS, que, como señaló la esposa de McMichael, Misty, después de que esta semana se hiciera público el diagnóstico de CTE, es una combinación demasiado común de padecimientos entre jugadores cuyos cerebros han sido estudiados tras su muerte. Los jugadores de la NFL tienen cuatro veces más probabilidades de haber contraído ALS, también conocida como enfermedad de Lou Gehrig, que la población general.

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Debido a lo que aún no sabemos sobre el CTE, y a nuestra relativa incapacidad para cruzar esa línea roja invisible en la psique estadounidense y cuestionar por qué hacemos las cosas como las hacemos (y, en realidad, por qué aceptamos ciertas muertes, enfermedades y condiciones como parte del costo de hacer negocios… no sólo en el football), nunca vamos a llegar al fondo del asunto. Al menos no lo suficiente como para satisfacer al idealista que todos llevamos dentro. El grupo de “Football is Life Lessons” siempre va a minimizar el trauma. El grupo de “Football is Trauma” siempre va a minimizar la belleza del deporte y, sí, los beneficios muy reales de formar parte de una cultura más amplia y unificada. Parece que no podemos verlo como vemos un matrimonio exitoso, que casi siempre es desordenado, complicado y exige aceptar factores que, de otra forma, consideraríamos innegociables.

El problema, tal como ocurriría en un matrimonio, es una indiferencia creciente que parece dominar la conversación cuando se trata de sus componentes más oscuros. Hace algunos años, mientras reportaba un artículo sobre la legalización del Guardian Cap, hablé con un jugador que, básicamente, dijo que sentía que ya había hecho todo el daño posible a su cerebro y que estaba listo para vivir con las consecuencias. El corredor de los Giants, Cam Skattebo, recientemente tuvo que disculparse por decir en un podcast que creía que el CTE no era real. Aun así, seguimos viendo a jugadores en la cima de sus capacidades atléticas retirarse de manera constante.

Cuando todo esto se coloca en el contexto del impulso por extender el calendario una semana más, da la sensación de que la parte de nosotros que debería aferrarse a las consecuencias muy reales del football vuelve a apagarse. La revelación sobre McMichael debería sacudir conciencias, o al menos forzar una conversación sobre qué logrará a largo plazo una semana adicional de football. No debería convertirse en el punto de referencia que identifiquemos como el momento en que la gente dejó de preocuparse por completo.

Y aunque es justo reconocer que no sabemos cómo los cambios modernos en reglas y entrenamientos afectarán a una generación posterior de jugadores —quizá las modificaciones en la patada de salida, la incorporación de Guardian Caps, las limitaciones en el tiempo de práctica y otros ajustes reduzcan el número de jugadores diagnosticados con CTE tras su muerte—, debería ser una creencia casi universal que más football, en un deporte que ya tiene enormes dificultades para mantener a sus mejores jugadores en el campo y en condiciones de bienestar físico y mental inmediatamente después de sus carreras, no ayudará.

Los defensores de los peligros inherentes del football suelen citar conducir un automóvil como ejemplo. Iniciamos cada viaje en un vehículo conscientes de que un accidente es una posibilidad estadísticamente real. Pero no hacemos nada para hacer los trayectos más largos o más difíciles de manera deliberada. Llevamos en el bolsillo un sistema GPS que nos saca de la carretera lo más rápido y eficientemente posible. Invertimos en vehículos autónomos o con piloto automático entrenados para detenerse incluso ante la aparición de una ardilla.

Así que la propuesta es esta: pausar la discusión y el nada sutil impulso por agregar otro partido hasta que podamos sentirnos seguros del progreso que estamos logrando para crear una NFL más saludable y sostenible. Permitir que el legado de jugadores como McMichael (All-Pro del primer equipo en la famosa defensa de los Bears de 1985), así como los deseos muy claros de su familia y de las innumerables familias que han donado los cerebros de sus seres queridos para ser estudiados, funcione como el tope de velocidad que estaba destinado a ser.

Una vez más, el objetivo no es abolir el football ni convertirlo en una sombra de sí mismo. El objetivo es avanzar a un ritmo alineado con las realidades de quienes deben vivir una vida después de que todo termina, y usar esa retroalimentación para moldear el producto tal como es. Aunque detesto la comparación entre football y la guerra, el reclutamiento militar disminuyó de manera constante durante casi cuatro décadas después de Vietnam, lo que quizá se deba en buena parte al desencanto que siguió al observar a quienes regresaron (o no lo hicieron). Parte de la historia de McMichael merece ser, como mínimo, un punto de conversación sobre por qué una temporada regular de 18 juegos debe esperar. No abolirse para siempre. No aplazarse indefinidamente. Pero sí considerarse lo suficiente para que sintamos que quienes se sacrificaron antes en este deporte forman parte de la conversación.

Publicado originalmente en www.sportsillustrated.com el 08/04/2026, traducido al español para SI México.


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Conor Orr
CONOR ORR

Conor Orr is a senior writer for Sports Illustrated, where he covers the NFL and cohosts the MMQB Podcast. Orr has been covering the NFL for more than a decade and is a member of the Pro Football Writers of America. His work has been published in The Best American Sports Writing book series and he previously worked for The Newark Star-Ledger and NFL Media. Orr is an avid runner and youth sports coach who lives in New Jersey with his wife, two children and a loving terrier named Ernie.