La revancha ante los Patriots revive recuerdos en los Seahawks tras derrota hace 11 años

Muchos jugadores de la era de la Legion of Boom habían dejado atrás el Super Bowl XLIX, pero viejas sensaciones están volviendo a la superficie. Además, recuerdos de 2015 en el boletín de Greg Bishop.
Momento en el que Malcolm Butler (21), de New England Patriots, intercepta el balón a Russell Wilson para sellar la victoria de los Pats.
Momento en el que Malcolm Butler (21), de New England Patriots, intercepta el balón a Russell Wilson para sellar la victoria de los Pats. / Jamie Squire/Getty Images

SAN FRANCISCO — Antes del primer partido de playoffs de los Seahawks esta temporada, en la ronda divisional, su tercer enfrentamiento del año ante los 49ers, Doug Baldwin recibió la llamada. La única franquicia para la que jugó quería que él, un wide receiver que figura entre los mejores jugadores en la historia del equipo y que impulsó el costado ofensivo de la era del Boom, izara la bandera del 12 en la zona sur del estadio antes de la patada inicial. Baldwin la levantó. Ante él, unos 68 mil aficionados rugieron.

Baldwin no sabía qué esperar. El momento despertó emociones intensas. No necesariamente las anticipaba. Pero, como le dijo a Sports Illustrated, “fue catártico para mí”.

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No fue el único. En la antesala de la primera aparición de Seattle en un Super Bowl desde la intercepción, la entrega que nunca ocurrió, la dinastía que se desmoronó de manera espectacular en los instantes finales del Super Bowl XLIX, cinco jugadores de aquella era coincidieron con el sentir de Baldwin.

Doug Baldwin jugó ocho temporadas para los Seahawks y fue a dos Super Bowls.
Doug Baldwin jugó ocho temporadas para los Seahawks y fue a dos Super Bowls. / Otto Greule Jr/Getty Images

Baldwin dice que ese día —1 de febrero de 2015— no aparece con demasiada frecuencia en su mente. Pero ese partido, y la forma en que terminó —con una intercepción de Russell Wilson en el último minuto y Marshawn Lynch actuando como señuelo— todavía provoca emociones, todavía enfurece, todavía resuena, incluso con 4,003 días de distancia entre una de las derrotas más devastadoras en la historia del Super Bowl y la noche en que Baldwin levantó aquella bandera.

Tampoco ahí estuvo solo. El túnel afuera del vestidor local, una semana después de que Seattle aplastara a San Francisco para avanzar al campeonato de conferencia, estaba lleno de leyendas de los Hawks. Ahí estaban Michael Bennett, detrás de Lofa Tatupu, junto a Ken Hamlin, cerca de Lynch, cerca de Matt Hasselbeck. No estaban exactamente eufóricos, al menos no en apariencia. Estaban procesando: su trauma, su pérdida, su duelo.

“Creo que muchos sienten esto”, dice Baldwin. “Especialmente siendo New England [el rival en el Super Bowl], ya sabes, no despierta muchos buenos sentimientos, si soy honesto”.

No es que ese momento, la intercepción de Malcolm Butler, se haya borrado de la memoria colectiva de los aficionados al football americano. Seguimos hablando de ello —yo he escrito sobre esa jugada y sus consecuencias al menos seis veces solo para SI— más de 11 años después. Eso se debe a lo abrupto de la acción, a los giros que acompañaron al impacto —cambios en legados, en la historia de la NFL, con efectos drásticos en ambos sentidos— y a todos los meses que transcurrieron entre la última aparición de Seattle en un Super Bowl y esta.

Esas emociones profundamente arraigadas solo necesitaban una revancha en un juego de campeonato para pasar de algo mayormente asimilado o enterrado, al primer plano de la mente de muchos de los involucrados. Esto es lo que sabemos: el coordinador ofensivo Darrell Bevell mandó la jugada. Su razonamiento fue que el paquete jumbo de New England en la línea de gol pesaba lo suficiente como para romper una báscula industrial. Sabía que Seattle había practicado esa jugada durante 21 semanas consecutivas, sin usarla todavía en un partido real.

Sabemos que Wilson pudo haber cambiado la jugada a una carrera en la línea de scrimmage. Los reportes que señalan que llegó con dos opciones y eligió pasar no son ciertos, según tres jugadores de esa ofensiva. Tal vez, se preguntan quienes sostienen la llamada Teoría de las Opciones, confundieron la capacidad de Wilson para ajustar la jugada con una decisión real 50-50. ¿Qué joven quarterback haría algo así, en una situación tan específica, de todos modos?

Sabemos que el head coach Pete Carroll pudo haber cambiado la jugada a través de su headset. Lo que muchos quizá no saben es que Carroll nunca, o casi nunca, modificaba una jugada de esa manera, según dos de sus confidentes de muchos años. Nadie puede recordar un solo ejemplo. Carroll ayudaba a Bevell a desarrollar los planes de juego en la preparación de cada partido. Su influencia en la ofensiva terminaba el sábado, o cualquier noche previa a un juego. La única persona que Wilson escuchaba en su casco era Bevell.

De cualquier modo, las secuelas perduraron. Cada Seahawk enfrentó —o ignoró— esa noche a su manera. Muchos batallaron. Muchos siguen batallando. Para Baldwin, todavía existe “esa sensación de una oportunidad perdida”, dice. “Sí la siento, todavía. Ya no se lo reprocho a Pete ni a Bevell; todos tomamos decisiones que desearíamos poder cambiar. No es como que siga atormentándome por eso”.

La revancha tomó los sentimientos que existían y los amplificó o les dio un nuevo peso. Lo básico —Patriots, Super Bowl— obligó a que “esas emociones volvieran a salir a la superficie”, dice Baldwin. Espera que los ex Seahawks puedan encontrar sanación en el equipo actual. Cree que, con el tiempo, este proceso será positivo. “Pero sí”, admite Baldwin, “en este momento es un poco extraño”.

No es que Carroll haya desterrado a los ex Seahawks de las oficinas del equipo después de que la Dinastía que Nunca Fue se desmoronara por completo. Los resentimientos hicieron difícil que algunos Seahawks de la era de la Legion of Boom pasaran por ahí y fingieran que esa noche no había ocurrido. Además, algunos empleados del equipo permanecían desde aquella temporada, lo que también les recordaba ese Super Bowl a los ex jugadores.

Una vez que Seattle contrató a Mike Macdonald a inicios de 2024, el puente entre esas eras volvió a abrirse. Las caras nuevas ayudaron a los ex jugadores a aliviar “la tensión”. Las caras no tan nuevas ayudaron a los jugadores actuales a entender que todavía no han terminado. En Macdonald, Baldwin vio a un head coach capaz de llevar a la organización hacia el futuro, pero que también acogía el pasado y quería construir a partir de él.

Baldwin detestó esa llamada, ese desenlace y todo lo que ocurrió inmediatamente después. Pero nunca permitió que una sola jugada definiera su opinión de Carroll, como ser humano o como entrenador. “Amo a Pete”, dice Baldwin. “Sé qué tipo de equipo Pete estaba tratando de construir, qué intentaba hacer. El equipo que está yendo al Super Bowl… veo mucho de Pete Carroll en ellos”.

El receptor llamó a su ex head coach después de que otro equipo de los Seahawks asegurara otro boleto al Super Bowl. Baldwin no revela el tono ni el contenido de la conversación. Sí dice que no hay muchas personas vivas que puedan entender el nivel de competitividad que recorría a aquellos equipos de Seattle, y mucho menos hablar el mismo lenguaje al revisitar ese periodo. Fue una conversación profunda, asegura.

Cuando se le preguntó si una victoria o una derrota traería mayor sanación para aquellos Seahawks, Baldwin se quedó en silencio durante unos cinco segundos. “No lo sé”, dice. “Es una buena pregunta. Te lo diré después del partido. Quiero que [los Seahawks] les pasen por encima. Y todavía quiero pasarles por encima”.

Preguntas y Respuestas: Dean Grosfeld

La conversación de hoy es con el head coach de Cerritos College (Cerritos, California), el lugar donde el running back de los Patriots, Rhamondre Stevenson, recibió la segunda oportunidad que necesitaba.

Cómo terminó Stevenson ahí:

“Fuimos muy afortunados. Su primo jugaba basketball [en Cerritos] y dijo: ‘Oigan, tengo un primo que es muy bueno en football’. Vi un solo clip y eso fue prácticamente todo lo que necesité [para decidirme]”.

Por qué Stevenson estaba disponible:

“Tuvo una lesión en high school que le impidió producir. Decían que entraba y salía de hogares de acogida. En realidad no fue así. Tuvo un mentor que lo recibió en su casa por un tiempo durante la preparatoria. La fractura en el pie fue lo que realmente lo llevó por el camino del junior college. Y definitivamente pasó desapercibido”.

Al inicio:

“Fue muy honesto y estaba devastado por no tener una oportunidad en una [universidad grande]. Subió un poco de peso. Estaba algo fuera de forma. Pero el talento era evidente”.

Lo obvio:

“Podía jugar en la NFL. Creo que terminó como a tres yardas de convertirse en el líder corredor de una temporada en la historia del football colegial comunitario. Obviamente, si hubiéramos sabido eso, le habríamos dado esas acarreos. Lo increíble es que promedió algo así como 10.2 yardas por toque. ¡Un primero y diez cada vez que tocaba el balón! Se fue con nosotros [a Oklahoma] todavía con llanta, sus estadísticas fueron increíblemente eficientes y productivas”.

Su porqué rumbo al Super Bowl LX:

“Le mandé un mensaje cuando llegaron al Super Bowl. [Esta temporada] ha sido muy dura, después de perder a su papá. Le compartí que yo perdí al mío cuando tenía su edad. Le dije: ‘¡Estoy muy orgulloso de ti!’, por lo que hizo aquí, por las cosas que aprendió aquí”.
(Nota del editor: Robert Stevenson falleció de manera repentina en marzo de 2025, a los 54 años).

Asombro:

“No nos atribuimos el crédito. Es de él. Es un bloqueador de pase fenomenal. Su juego en general, el impacto que tiene más allá de solo correr el balón, es enorme. Y él me respondió por mensaje: ‘Los pequeños detalles’”.

Super Bowl XLIX, revisitado

Escribí sobre Wilson y los Seahawks después de aquella derrota en el Super Bowl. Él se llevó a los jugadores ofensivos de habilidad a Hawái, para intentar sanar. Ojalá hubiera analizado mejor el material, haber profundizado más. Pero ese era el contexto en ese momento, antes del inicio de la temporada 2015. Debí haber examinado con mayor cuidado pasajes como el siguiente. En fin…

“Wilson se encontró en la mira de TMZ, fotografiado con una modelo en Los Ángeles. Fue criticado por sus prolongadas negociaciones contractuales. (En julio firmó una extensión por cuatro años y 87.6 millones de dólares, con más de 61 millones garantizados). Fue objeto de burlas por su insistencia —ante Rolling Stone y en Twitter— de que un agua de recuperación que contenía algo llamado ‘nanoburbujas’ le ayudó a evitar una conmoción cerebral tras un golpe brutal en el juego de campeonato de la NFC.

Aun así, la tensión persistía. Algunos jugadores se saltaron varios entrenamientos. Y entonces, en el sexto día, un viernes, ese autobús dio la vuelta y avanzó hacia el acantilado. ‘Era momento de llorar y dejarlo ir’, dice Ricardo Lockette. ‘Y eso fue lo que hicimos’. La llamada polémica, la intercepción, las fallas defensivas, los sentimientos heridos, las dudas, el dolor, la vergüenza —dice Lockette—, ‘tiramos todo eso por el acantilado’.

Al día siguiente, los Seahawks abordaron otro 737 —este con el lema Go Russell pintado en el costado— y volaron de regreso a Seattle. Esta vez, jugadores ofensivos y defensivos se mezclaron por todo el avión mientras sobrevolaban el océano Pacífico. ‘Se sentía una tranquilidad’, dice Lockette, ‘de que íbamos a empezar el año con una hoja en blanco y hacer todo lo posible por regresar a donde estábamos’”.

Granjero Grey

Entre las decenas de datos curiosos sobre Grey Zabel, el prodigioso left guard de los Seahawks, el mejor es su pasión por la agricultura. El tipo quiere ser granjero cuando se retire del football profesional, dice su padre, Mark. Grey ya ayuda a mantener la granja familiar, junto con algunos vecinos, cuando los Zabel no pueden hacer el viaje desde Pierre, Dakota del Sur, su ciudad natal. Este año, Granjero Grey ayudó a su familia a cultivar maíz, soya y trigo, además de lo que debe ser el mejor huerto trabajado, en parte, por un jugador de la NFL. Grey siempre ha sido distinto, dice su padre. “Quiero decir, amamos por igual a nuestros tres hijos”, añade Mark. “Pero Grey probablemente será el que regrese y cuide de nosotros. Es ese tipo de persona”.

Tres participantes repetidos

Hay, según un conteo no oficial, tres participantes, entre ambos equipos, que estuvieron en el Super Bowl XLIX y también lo estarán en el Super Bowl LX. Por los Seahawks, se trata del gerente general John Schneider y del histórico jefe de utilería Erik Kennedy. Por los Patriots, es Josh McDaniels, su coordinador ofensivo entonces y ahora. Regresó esta temporada tras dos años como head coach en Las Vegas.

“Josh no tiene comparación”, dice su ex quarterback, alguien que quizá te suene, Tom Brady. “Tiene una gran visión para la ofensiva. Es un gran maestro. Lo hace simple, pero es muy estratégico y complejo. Se toma su trabajo muy en serio. Y, desde el punto de vista de la amistad, no podría estar más feliz por él. Drake [Maye] tiene suerte de tenerlo, y estoy seguro de que Drake te diría lo mismo. Pero Josh ha trabajado muy duro para hacer las cosas bien y eso es algo que realmente amo de él. Lo respeto por eso”.

A fondo

Un ejecutivo de la NFL, cuyo equipo no juega el Super Bowl LX, comentó esto el otro día: recuerden, insistió, que casi todos los que rozan la vida de analista han elegido a los Seahawks. “Si los Patriots ganan, escucharán a muchos decir que ellos ya lo habían anticipado”, dijo, entre risas.

Solo en el Super Bowl

Un grupo de aficionados de los 12s tomó un autobús rumbo a la Bahía. No cualquier autobús. El Beast Bus, un doble piso modificado que merece un lugar en un museo del deporte, con las paredes firmadas por cientos de fans de los Seahawks y un enorme logotipo de neón de los Seahawks que recorre todo el costado exterior. Mantén los ojos abiertos para verlo. O no; no vas a perderte a esta, ejem, Beast, de ninguna manera.

Cita sin contexto

“Estaba viendo ayer la gran despedida, y esta mujer salió [en TV] y dijo: ‘¡Hemos estado esperando esto durante seis años!’”.

Contexto

La frase es de Dante Scarnecchia, un brillante coach de la línea ofensiva que jugó un papel clave en la construcción de la dinastía de New England. Seis años pueden sonar como mucho tiempo. Pero no lo son en el football profesional, y mucho menos cuando se habla de campeonatos. Vaya, vaya, cómo los aficionados de los Patriots han olvidado la historia del equipo, que floreció en este siglo, pero distó mucho de hacerlo en el anterior.


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