Red Sox vs Yankees: La rivalidad eterna regresa a los Playoffs de la MLB

Más de un siglo de agravios, maldiciones y héroes improbables vuelven al escenario de octubre: Yankees y Red Sox se encuentran en la Serie Wild Card de la Liga Americana. 
La pelea entre Tyler Austin y Joe Kelly fue la última entre Yankees y Red Sox
La pelea entre Tyler Austin y Joe Kelly fue la última entre Yankees y Red Sox / Getty Images

No hay rivalidad que cargue sobre su espalda un fardo tan pesado y tan insoportable de memoria, resentimiento, desprecio y devoción como la de los Red Sox de Boston y los Yankees de New York: un expediente de agravios que han sido transmitidos por generaciones durante más de cien años; un antagonismo que no se juega tanto en el diamante como en la conciencia de dos ciudades. 

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Cada octubre se convierte en un rito de repetición, un ritual en el que las viejas cicatrices se abren y el mito se renueva. Sin embargo este martes —que todavía será septiembre— el Yankee Stadium volverá a encenderse para recibir un capítulo más de esta historia que no se cansa de contarse: Yankees contra Red Sox, ahora en el formato breve y brutal de la Serie Wild Card de la Liga Americana 2025.

Ruth, el Titanic y un musical

Babe Ruth en 1914, cuando todavía era jugador de los Red Sox de Boston
Babe Ruth en 1914, cuando todavía era jugador de los Red Sox de Boston / Getty Images

Toda religión tiene su mito fundacional, y el beisbol no es excepción. 

Los más pesimistas dirán que las primeras señales de la maldición aparecieron en abril de 1912, cuando el Titanic se hundió en el Atlántico la misma noche en que el Fenway Park abrió sus puertas por primera vez. Pero no, porque los Red Sox ganaron las Series Mundiales de 1912, 1915, 1916 y 198. 

El pecado original de esta tragedia realmente ocurrió hace más de un siglo, un día antes de la Navidad de 1919,  cuando Babe Ruth, jugador de los Red Sox, fue vendido a los Yankees en secreto por $100 mil dólares. El responsable fue Harry Frazee —entonces dueño de los Medias Rojas— quien buscaba financiar una obra de teatro llamada No, no, Nanette, a la que, incluso hoy, fanáticos de Boston— que ni siquiera habían nacido— le guardan cierto rencor histórico. 

El Bambino ya era un coloso en ciernes, un bateador que desafiaba los límites de la pelota muerta y un lanzador capaz de dominar desde el montículo. Aquella venta fue, en apariencia, solo un desafortunado movimiento, pero en realidad constituyó un pacto fáustico

Con los Yankees de New York, Babe Ruth se convirtió en el mejor jugador de beisbol de la historia
Con los Yankees de New York, Babe Ruth se convirtió en el mejor jugador de beisbol de la historia / Getty Images

En 1920, Ruth conectó 54 jonrones, más que cualquier equipo entero de la Liga Americana. Nueva York, que nunca había ganado una Serie Mundial, empezó a construir la dinastía más dominante de la historia. Boston, que entregó a su astro, quedó condenado a una sequía de 86 años.

La llamada Maldición del Bambino fue un guión preestablecido que durante décadas dictó que cada ilusión de Boston debía desembocar en el desastre. Ese guión produjo episodios inolvidables, pequeñas parábolas de fatalidad

En los años setenta la tensión se encarnó en los dos hombres detrás del plato: Thurman Munson y Carlton Fisk. El primero, capitán de los Yankees; el segundo, emblema de Boston. En 1973, cuando Fisk intentó sacar en segunda a un corredor y Munson, desde tercera, embistió el home para anotar, la colisión derivó en una pelea multitudinaria en Fenway Park. Pero más allá de esa escena puntual, ambos sostuvieron una rivalidad feroz durante años.

Otro episodio ocurrió en 1978, con Boston arriba en la división por 14 juegos en julio, los Yankees remontaron hasta forzar un partido de desempate en el final de la temporada: el famoso Juego 163 en Fenway Park

Ese día, con el marcador 2-0 para Boston en la séptima, un hombre improbable —Bucky Dent, un shortstop de guante fino y bate modesto que tenía 4 cuadrangulares en la temporada regular— conectó un jonrón que voló por encima del Monstruo Verde. Fue un golpe tan cruel y tan inesperado que todavía resuena en la memoria de los viejos fanáticos: “Bucky F*cking Dent”.

En 2003, la historia se repitió con una vuelta de tuerca más dolorosa. El séptimo juego de la Serie de Campeonato de la Liga Americana llegó empatado hasta la undécima entrada, cuando Aaron Boone, un jugador secundario en la nómina de Nueva York y actual manager de los Yankees, conectó el cuadrangular más famoso de su carrera. 

Con ese swing ante el nudillero Tim Wakefield, los Yankees eliminaron a Boston y regresaron a la Serie Mundial. Fue, sin embargo, el último triunfo de Nueva York en una serie de playoffs contra su eterno rival.

Porque incluso los guiones más férreos pueden quebrarse, en 2004 Boston decidió rebelarse contra la lógica de su desgracia. 

Tras perder los tres primeros juegos de la Serie de Campeonato, se aferró a la mínima rendija: una base por bolas de Mariano Rivera a Kevin Millar, un robo de base de Dave Roberts, un hit de Bill Mueller que cambió el aire del Fenway Park

Lo que siguió fue un milagro deportivo: ocho victorias consecutivas, la abolición de la maldición, el calcetín ensangrentado de Curt Schilling como reliquia sagrada. Fue la resurrección de una nación entera —la Red Sox Nation— y la inversión del relato: desde entonces, los Red Sox han sido el equipo que atormenta, y los Yankees, el que carga con la nostalgia de un poder perdido.

Manny Ramírez, irreverente como nadie más, celebró en el desfile de Boston con un cartel: “Jeter está jugando golf hoy, esto es mejor”. 

Manny Ramírez celebra durante el desfile de los Red Sox en Boston, tras ganar la Serie Mundial de 2004
Manny Ramírez celebra durante el desfile de los Red Sox en Boston, tras ganar la Serie Mundial de 2004 / Getty Images

Desde entonces, cada tanto, la rivalidad se desborda en gestos de furia, como Pedro Martínez derribando a Don Zimmer, Roger Clemens lanzando una bola cerca de la cabeza de Manny Ramírez, Jason Varitek plantando su puño en el rostro de Alex Rodríguez, o Joe Kelly desafiando a Tyler Austin en 2018. 

Una de las peleas más memorables del equipo ocurrió entre ARod y Jason Varitek
Una de las peleas más memorables del equipo ocurrió entre ARod y Jason Varitek / Getty Images

La rivalidad regresa a los Playoffs de MLB en 2025

Esa tensión histórica, acumulada durante más de un siglo, vuelve al diamante en un formato cruel este 2025: la Serie de Comodín: dos juegos —tres, de ser necesario—  para decidir quién sigue respirando en octubre y quién se queda en el olvido. 

El Bronx es el escenario, pero la localía ya no garantiza nada —incluso cuando el equipo local ha hecho un esfuerzo para no vender boletos a los fanáticos patirrojos—. Los Yankees, con un récord más sólido, llegan como anfitriones y cuartos sembrados en la Liga Americana, pero víctimas de una estadística inquietante, pues en la temporada regular cayeron nueve en trece enfrentamientos contra Boston, con un diferencial adverso de quince carreras

La lógica —con el posible MVP de la Liga Americana y mejor bateador diestro del beisbol moderno en el lineup— los señalaría como favoritos; las memorias de los últimos años, sin embargo, los acusan de vulnerables.

En 2018, en su camino al título de Serie Mundial, los Red Sox humillaron a los Yankees en la Serie Divisional con una suficiencia hiriente —en el Juego 3 ganaron 16 carreras a 1—. En 2021, ya bajo el formato de Wild Card, volvieron a eliminarlos en un juego único. Desde 2004, el relato cambió: los Red Sox se convirtieron en el verdugo recurrente, y los Yankees en la víctima que se pregunta cómo recuperar un aura que alguna vez pareció invulnerable. 

La más reciente bronca ocurrió en 2018, entre Tyler Austin de los Yankees y el pitcher de los Red Sox Joe Kelly
La más reciente bronca entre ambos equipos ocurrió en 2018, entre Tyler Austin de los Yankees y el pitcher de los Red Sox Joe Kelly / Getty Images

El Bronx, antaño templo de supremacías, se ha vuelto también un lugar de fantasmas: Los Bombarderos no ganan una Serie Mundial desde hace más de 15 años; los Medias Rojas, en cambio, levantaron el título por última vez hace 7, en la histórica temporada de 2018. 

Pero el desenlace sigue siendo una incógnita. Puede que los Yankees, espoleados por el orgullo herido, encuentren en Judge un héroe capaz de cambiar el guión. Puede que Boston, fiel a su papel de verdugo reciente, prolongue la agonía neoyorquina con otro golpe de cinismo. 

El duelo en el montículo este martes es un espejo de esa tensión: Max Fried, la contratación de peso en la temporada baja para blindar a Nueva York, contra Garrett Crochet, el zurdo candidato al Cy Young de la Liga Americana que encarna la osadía de un Boston que se coló en la postemporada en el último tramo de la campaña. 

Tal vez el héroe de esta serie no tiene nombre todavía: un suplente, un Aaron Boone, un Bucky Dent, un bateador marginal, un lanzador relegado, un Bronson Arroyo, un Dave Roberts que mañana escriba su destino en un instante irrepetible.

El pronóstico estadístico apunta a Boston: dominio en la temporada, dominio reciente en playoffs, dominio incluso en el Bronx. Pero el beisbol nunca se deja reducir del todo a la estadística. Y menos en octubre, cuando cada lanzamiento puede torcer la narrativa de esta tragedia interminable. 

Lo que sí es seguro es que, gane quien gane, este no será un epílogo. Y estamos lejos de que exista uno. La rivalidad no muere, nunca termina: muta, se transforma, se reinventa, se hereda. Resiste al tiempo mientras ambos equipos compiten, una y otra vez, por el derecho a contar la historia desde el dugout de los vencedores


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Alejandra González Centeno
ALEJANDRA GONZÁLEZ CENTENO

Reportera y creadora de contenido en Sports Illustrated México.