La polémica eliminación de Dominicana en el Clásico Mundial reabre debate sobre umpires y sistema ABS

Un polémico tercer strike a Geraldo Perdomo selló la victoria de Estados Unidos en el Clásico Mundial 2026 y reavivó el debate sobre el arbitraje y la ausencia del sistema ABS en el torneo.
Geraldo Perdomo observa el tercer strike que puso fin al duelo entre República Dominicana y Estados Unidos en las semifinales del Clásico Mundial 2026
Geraldo Perdomo observa el tercer strike que puso fin al duelo entre República Dominicana y Estados Unidos en las semifinales del Clásico Mundial 2026 / Getty Images

El duelo de titanes entre Estados Unidos y República Dominicana en las semifinales del Clásico Mundial de Beisbol, terminó en una tragedia. Con el juego 2-1 a favor de los estadounidenses, el cerrador Mason Miller soltó un slider de 89 mph con la cuenta en 3-2 frente a Geraldo Perdomo. Y el destino de uno de los juegos de beisbol más importantes de la historia, quedó sellado por el criterio y el brazo derecho del umpire principal Corey Blaser.

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El lanzamiento, que según las métricas de seguimiento de trayectoria cayó visiblemente por debajo de las rodillas del bateador dominicano, fue sentenciado como el tercer strike para terminar el juego, con Julio Rodríguez en tercera base representando el empate. 

“Sabía al 100% que era bola, lo sabía”, dijo Perdomo a Jeff Passan, de ESPN.

Incluso voces de autoridad dentro del beisbol, como Derek Jeter y David Ortiz, reconocieron la polémica. “Se puede prácticamente garantizar que van a tener el sistema de desafío para el próximo WBC, ¿no?”, dijo Jeter, quien representó a USA en el torneo en 2006 y 2009. “A nadie le gusta que un juego termine de esa manera”. 

“Si cantas strike un lanzamiento de 101 o 102 millas por hora en la parte alta de la zona, no puedes bajar luego y cantar strike ese pitcheo también”, dijo el miembro del Salón de la Fama y figura dominicana David Ortiz. “Estás ampliando la zona de strike contra bateadores que ya están enfrentando a un lanzador realmente bueno.”

Del incidente, surge el cuestionamiento de cómo Major League Baseball (MLB) y World Baseball Classic Inc —la entidad organizadora del Clásico Mundial— gestionan su cuerpo arbitral.

A diferencia de los procesos de selección de jugadores, que son públicos y extremadamente detallados, la selección de los umpires para el Clásico Mundial de Beisbol se mueve en un terreno de mayor discreción administrativa. 

La responsabilidad recae en World Baseball Classic Inc. (WBCI), una entidad controlada conjuntamente por la MLB y la Asociación de Jugadores de Grandes Ligas (MLBPA), con la sanción de la Confederación Mundial de Beisbol y Sóftbol (WBSC).

Si bien no existe un manual de selección actualizado y detallado que sea de acceso público para la edición de 2026 —un punto de opacidad que la organización ha mantenido históricamente—, la estructura se basa en una jerarquía de profesionalismo. 

El personal se divide en dos grandes grupos: un bloque dominante de 26 umpires provenientes del staff profesional de la MLB y un grupo complementario de 23 umpires internacionales invitados por las federaciones nacionales y certificados por la WBSC.

Para los umpires internacionales, el camino es riguroso. La WBSC utiliza un sistema de licenciamiento (Niveles 1, 2 y 3) que requiere años de servicio en torneos continentales y evaluaciones de campo positivas. 

Sin embargo, para las rondas definitivas —cuartos de final, semifinales y final—, la WBCI suele priorizar la excelencia técnica y la experiencia en juegos de alta presión de la postemporada de las Grandes Ligas

Bajo esta premisa, la organización justifica la presencia casi exclusiva de umpires de la MLB en los juegos más críticos, argumentando que son los más capacitados para manejar la velocidad y el nivel de competencia de los jugadores estrella que participan en el torneo.

La normativa internacional de la WBSC, inspirada en otros deportes globales como el críquet, sugiere que un oficial debe ser neutral respecto a los equipos que compiten. En el WBC 2026, esta regla se aplicó de manera estricta para los umpires de naciones invitadas, pero pareció disolverse cuando el equipo de los Estados Unidos salía al terreno.

En la primera ronda del torneo, ninguno de los umpires internacionales fue asignado al grupo (Pool) donde participaba su propia selección nacional. 

El equipo de Venezuela (Grupo D), por ejemplo contó con la presencia de David Arrieta en el torneo, pero este no arbitró juegos de la vinotinto; en cambio, fue asignado al Grupo B en Houston, Texas. República Dominicana tuvo a Domingo Paulino y Edward Pinales, quienes trabajaron en grupos distintos al de su país. México envió a Mario Villavicencio, quien fue asignado al Grupo A en San Juan, Puerto Rico, fuera del grupo mexicano.

Japón (Tomoya Ishiyama), Canadá (Chris Graham) y Cuba (Omar Peralta) siguieron el mismo patrón: sus umpires eran neutrales en sus asignaciones respecto a sus banderas de origen.

Incluso en los cuartos de final, esta política de neutralidad se mantuvo para los equipos internacionales. Ninguna de las selecciones que avanzó a la fase de eliminación directa tuvo que enfrentar a oficiales de su misma nacionalidad. A excepción de Estados Unidos.

A lo largo del torneo, la presencia de umpires estadounidenses detrás del plato en juegos de su propia selección fue constante. De los seis juegos cruciales analizados en su camino a la final, en cinco de ellos el home plate estuvo ocupado por un oficial estadounidense de la MLB.

La única excepción notable en este patrón ocurrió en el juego entre Italia y Estados Unidos, donde el umpire principal fue el puertorriqueño Roberto Ortiz (PR, staff MLB). Casualmente —o de forma reveladora para los críticos de la objetividad arbitral— ese fue el único juego que la selección de Estados Unidos perdió en esa fase, con un marcador de 8-6.

La gran y evidenteausencia del ABS

Pero esto no se trata de una teoría conspirativa ni de una sospecha pueril sobre la nacionalidad de un umpire. La discusión es más sobria y, en cierto sentido, más incómoda. ¿Por qué un torneo que presume ser la cúspide del beisbol internacional continúa dependiendo del juicio falible de un ser humano para determinar la frontera exacta de la zona de strike en momentos decisivos?

La controversia del tercer strike a Perdomo se vio agravada por la decisión institucional de no utilizar el Automated Ball-Strike System (ABS) o umpires robot en el Clásico Mundial. MLB anunció que el sistema de desafíos de ABS debutaría oficialmente en la temporada regular de 2026, apenas diez días después de la final del WBC.

La justificación oficial para su ausencia en el torneo internacional fue la falta de infraestructura estandarizada. Si bien los estadios de Houston y Miami contaban con la tecnología Hawk-Eye necesaria, el Tokyo Dome en Japón y el Estadio Hiram Bithorn Sosa, de Puerto Rico, no disponían de la misma configuración y para evitar una disparidad en las reglas entre las sedes, la organización optó por el elemento humano en su totalidad.

Esta decisión resultó ser el catalizador de la crisis. Sin la posibilidad de un desafío tecnológico, Geraldo Perdomo no tuvo recurso alguno ante la decisión de Blaser. El propio manager dominicano, Albert Pujols, aunque sobrio en sus declaraciones —”No perdimos el juego ahí, dijo en defensa de Blaser”— no pudo ocultar la decepción por un final dictado por un error humano evitable o, al menos, revisable.


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Alejandra González Centeno
ALEJANDRA GONZÁLEZ CENTENO

Reportera y creadora de contenido en Sports Illustrated México.