Cadillac debuta en pista en la Fórmula 1 con Checo Pérez al volante

Fue un ruido distinto el que se escuchó en Silverstone. El silencio acumulado de meses de trabajo en el garaje quedó atrás en un instante. No era una expectativa vacía, sino uno de esos momentos que se intuyen eternos desde que ocurren. Cuando el auto negro del Cadillac Formula 1 Team abandonó el garaje por primera vez, Sergio “Checo” Pérez dejó de ser solo un piloto que se sube a un monoplaza: se convirtió en el primer nombre escrito en la historia en pista de una nueva escudería de Fórmula 1.
El cronómetro no importaba. Tampoco el compuesto de los neumáticos ni el combustible exacto en el tanque. Esta mañana, en un día promocional de pretemporada, lo esencial era otro: ver rodar por primera vez a Cadillac en la Fórmula 1. Y hacerlo con un piloto que conoce el peso del tiempo, de la paciencia y de las segundas oportunidades.
El auto —aún sin colores, completamente vestido de negro— dio sus primeras vueltas sobre el asfalto británico como quien tantea el terreno antes de lanzarse al mundo. No era una sesión para exprimir límites, sino un shakedown, una comprobación vital: que todo funcione, que los sistemas respondan, que la idea se vuelva máquina. Y que la máquina, finalmente, se mueva.
Desde el muro, ingenieros, mecánicos y directivos observaron en silencio. Miles de horas de trabajo comprimidas en segundos. El momento en que el proyecto deja de ser planos, simulaciones y discursos para convertirse en algo tangible. El instante exacto en que Cadillac dejó de ser una promesa para convertirse, por fin, en un equipo de Fórmula 1.
Checo regresó al garaje después de esas primeras vueltas con una sonrisa que decía más que cualquier parte técnico. Había emoción, sí, pero también hambre. Porque si algo define al mexicano es esa mezcla: la capacidad de disfrutar el presente sin perder de vista que el verdadero examen aún está por venir.
“Fue un día increíble”, comentó al bajarse del auto. Y no era una frase hecha. Para él, que ha sobrevivido a despidos, dudas y finales abruptos, ser el primer piloto en manejar el monoplaza de una escudería debutante es más que un honor: es dejar huella donde antes no había nada.
La escena tuvo algo de fundacional. Como si Silverstone —el circuito donde nació la Fórmula 1 moderna— hubiese decidido ser también el punto de partida de esta nueva historia. Cadillac eligió empezar ahí, en un lugar cargado de memoria, para anunciar que quiere escribir la suya.
Habrá pruebas, errores, ajustes y largas noches por delante. El debut oficial todavía espera. Pero ese día, en Inglaterra, ya nadie pudo quitarle al equipo ni a Checo algo esencial: la primera vez.
“Todos deberían sentirse sumamente orgullosos de completar nuestras primeras vueltas como equipo. Cada persona ha trabajado muy duro para llegar a este momento y fue emocionante ser parte de la historia”, añadió el mexicano, que comenzará la pretemporada del 26 al 30 de enero en el Circuit de Barcelona-Catalunya, antes de continuar del 11 al 13 de febrero y del 18 al 20 de febrero en Bahréin, en el trazado de Sakhir.
El auto con el que Cadillac competirá en la temporada 2026 será presentado el próximo 8 de febrero, en el marco del Super Bowl, en un evento de alto impacto mediático que marcará la puesta en escena final del nuevo equipo.
Hoy se recordará como la primera vez que Cadillac rodó en la Fórmula 1. La primera vez que su motor despertó. Y la primera vez que Sergio Pérez, con casco puesto y manos firmes, empujó al proyecto fuera del papel y lo llevó, por fin, a la pista. Porque hay vueltas que no se miden en tiempos, sino en memoria. Y esta, la primera de Cadillac en la Fórmula 1, ya pertenece a la historia.
