A 100 días del Mundial: Entre maquinaria y trabajadores, la nueva cara de Santa Úrsula

A cien días del Mundial 2026, el entorno inmediato del Estadio Banorte (antes Azteca), la sede de los partidos asignados la capital del país, vive entre una nube de polvo, el ruido de la maquinaria pesada y el ir y venir de cientos de trabajadores que aprietan el paso para hacer realidad una transformación urbana prometida por la Ciudad de México.
Clara Brugada, jefa de gobierno capitalino, lanzó en octubre del año pasado el programa ''Juega limpio, paseo limpio'', en el que anunció que el Mundial no solo sería un evento deportivo que duraría un mes en la ciudad, sino que sería el detonante de mejoras a la infraestructura circundante del recinto deportivo.
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El plan incluye la rehabilitación de 5,000 metros cuadrados de arroyo vehicular y 950 metros de banquetas en los accesos principales al estadio, además de la renovación del Cetram Huipulco y la construcción de un nuevo mercado en el mismo punto. También considera la reubicación de 90 comercios ambulantes, la instalación de un biciestacionamiento y la creación de andadores peatonales.
El plan también contempla mejoras al transporte público. El Tren Ligero de Taxqueña a Xochimilco duplicará el número de trenes en circulación y renovará su cromática, mientras que se proyecta la instalación de una ciclovía en Calzada de Tlalpan y la construcción de un puente para cruzar esta vialidad. A ello se suma la Línea 14 del trolebús, que conectará Metro CU con Huipulco, con un trazo pensado para acercar el transporte al estadio.
Para la segunda semana de febrero, el avance de las obras se concentró en el perímetro cercano, especialmente en Huipulco, donde el tránsito peatonal y vehicular convive con frentes de trabajo, montañas de material por usar y cuadrillas que ocupan banquetas, accesos y nodos de transporte.
La escena se repite a lo largo del día: vallas, cierres parciales y desvíos que redibujan la forma de llegar y salir del estadio.
Huipulco, el frente más activo
El mayor volumen de obra se localiza en Huipulco. Las banquetas se encuentran en intervención continua, el CETRAM, ya ordenado, opera con áreas delimitadas y la estación del Tren Ligero muestra trabajos visibles en su entorno inmediato.
Las obras avanzan por partes. La zona, al ser un punto clave del transporte en el sur de la Ciudad de México no se puede cerrar por completo, por lo que se han hecho aperturas por partes.
Por ejemplo, el puente que conecta al Estadio Azteca con la estación del tren ligero con el mismo nombre, funciona solo como un corredor. Mientras los arreglos se hacen a sus acabados, las personas pueden pasar, pero en tramos delimitados para que se logre continuar con la construcción.
Lo mismo sucede en la parte baja del CETRAM, en donde los autobuses pasan por una reconfiguración de pasillos que permite arreglar las banquetas aledañas, mientras las personas crean veredas entre las distintas rutas que les permiten moverse a lo largo de Tlalpan.
Pero las obras no se reflejan solo en la infraestructura. En el mercado de comidas de Huipulco, en las tiendas de abarrotes de la zona y en las entradas del transporte público las personas con chalecos del gobierno de la ciudad caminan con la cotidianeidad de quien pasa horas en el sitio.
Los trabajadores han hecho suyos los puestos de comida que se saturan a las dos de la tarde, y cuando el sol cae hacen fila en grupo para abordar los camiones que parten a toda la ciudad.
La escena se repite por tramos hasta el Circuito Azteca, en donde labores de mejora de banquetas y reencarpetamiento impiden el paso de automóviles en algunos tramos, lo que obliga a desvíos y ajustes en la circulación.
En esta zona, las luminarias recién colocadas, algunas aún con plástico, muestran que en algunos aspectos se avanza, pero la tierra de las excavaciones del concreto y una menor cantidad de trabajadores muestra que el objetivo aún está lejos de alcanzarse.
Comercios en pausa, operación en duda
Los avances totales de la obra son un misterio para los comerciantes de la zona, así como sus actividades durante el evento deportivo. Paula Salazar, quien tiene un puesto en el CETRAM de Huipulco, cuenta que fue reubicada para que se pudieran hacer las obras, pero no sabe cuándo terminarán “tampoco nos han dicho si nos dejarán trabajar en el partido, pero mientras tanto aquí seguimos”.
Su ubicación final tampoco está clara. Por el momento se ha atenido a lo que les han solicitado las autoridades en el momento para poder continuar con su negocio, el cuál es su único sustento.
En Pedregal de Santa Úrsula, el dueño de un restaurante de comida asiática tiene las mismas dudas. Jorge Mendoza dice que el cierre del Circuito Estadio Azteca lleva, por lo menos, cinco meses, lo que ha afectado a su negocio pues la clientela no llega igual.
“No sé cuándo terminan y qué les faltan. Nunca nos comunicaron con claridad qué tanto harían ni en donde”, dice. Tampoco le han informado si tendrá restricciones en su local por su cercanía al “Coloso de Santa Úrsula”.
Santa Úrsula, una imagen distinta
Más allá del perímetro inmediato, Santa Úrsula muestra un cambio distinto. En varias calles, las fachadas aparecen pintadas con nuevos colores y se observan labores de limpieza y mejoramiento de la urbanización.
El programa incluye acciones de mejora de iluminación, muralismo en calles y avenidas, así como intervenciones en redes de agua y drenaje, captadores de lluvia, calentadores solares y huertos urbanos, según la información oficial.
En el pasado, estas obras provocaron protestas vecinales. Hoy, los trabajos continúan y los frentes siguen abiertos, aunque el conjunto aún se percibe lejos de concluir. La transformación avanza por partes, con ritmos distintos entre el perímetro del estadio y las colonias aledañas.
El resultado, por ahora, es un entorno en obra permanente. El acceso al estadio y a sus alrededores exige más tiempo y atención, mientras los cambios se materializan de forma gradual.
A cinco meses del Mundial, las intervenciones prometidas están en marcha y el paisaje urbano alrededor del Estadio Azteca sigue ajustándose a un calendario que avanza entre cierres, desvíos y trabajos en curso.
