Aguirre eleva la apuesta, quiere el Top 10

Javier Aguirre no suele hacer promesas que no pueda cumplir. Por eso sorprendió cuando lo dijo: México tiene que terminar entre los diez mejores del mundo. Para un país que lleva cuarenta años sin pasar de octavos, eso no es una meta. Es ir contra su propia historia.
Tres etapas. Dos octavos de final. Una deuda histórica. Javier Aguirre regresa a México con la misma tarea de siempre y una presión que nunca había sentido tan cerca: ganar en casa, donde el techo ya tiene nombre y fecha: Cuartos de Final.
Tres etapas. Dos octavos de final. Una deuda histórica. Javier Aguirre regresa a México con la misma tarea de siempre y una presión que nunca había sentido tan cerca: ganar en casa, donde el techo ya tiene nombre y fecha: Cuartos de Final. / MexSport Sports Agency


La primera vez que Javier Aguirre vistió la camiseta verde fue en México 1986. Cuartos de final, gol de Manuel Negrete, eliminación en penales frente a Alemania Federal. Tenía 27 años, disputó los cinco partidos como titular y salió expulsado en los últimos minutos del tiempo extra de aquella tarde en Monterrey.

Cuarenta años después está de vuelta en casa. Ya no como mediocampista, sino como seleccionador nacional. Ya no como un futbolista que perseguía un sueño, sino como el responsable de conducir a una generación que pretende alcanzar uno todavía mayor.

Esta es su tercera etapa al frente del Tri y, vista en perspectiva, parece resumir la evolución reciente del futbol mexicano: primero sobrevivir, después competir y ahora intentar trascender.

En 2001 apareció como bombero. México ocupaba el quinto lugar del Hexagonal Final, con apenas cuatro puntos en cinco partidos, y la clasificación al Mundial de Corea-Japón parecía escaparse. Aguirre estabilizó al equipo, consiguió el boleto y lideró el Grupo G por encima de Italia, Croacia y Ecuador. La aventura terminó en octavos de final frente a Estados Unidos.

Ocho años después volvió a tomar el timón en otra emergencia. El camino rumbo a Sudáfrica 2010 también se había complicado y otra vez encontró la forma de rescatarlo. En el Mundial empató con la anfitriona Sudáfrica, derrotó a Francia con goles de Javier Hernández y Cuauhtémoc Blanco y regresó a octavos de final. Allí apareció Argentina. El marcador fue 3-1 y el propio Aguirre reconoció que el objetivo no se había cumplido.

Dos rescates. Dos clasificaciones. Dos eliminaciones en la misma ronda. Hoy el escenario es diferente.

Por primera vez en muchos años el discurso institucional no gira alrededor de evitar una crisis. El presidente ejecutivo de la Federación Mexicana de Futbol, Ivar Sisniega, ha sido claro: el objetivo mínimo es alcanzar los Cuartos de Final. No se trata de una meta cualquiera. Significa igualar los dos mejores resultados de la historia de México en los Mundiales: 1970 y 1986, torneos organizados en casa y concluidos con un sexto lugar.

La narrativa oficial es clara: México debe instalarse entre los ocho mejores del planeta.

Aguirre, fiel a su estilo, ha intentado bajar la temperatura. Durante meses insistió en la idea del "paso a paso". Sin embargo, incluso él ha elevado el horizonte. En su última conferencia habló de colocar a México entre los diez mejores equipos del mundo.

La diferencia es sutil, pero significativa. Mientras el entrenador administra expectativas, los jugadores parecen haber decidido ignorar los límites históricos.

Gilberto Mora, el futbolista mexicano más joven en disputar una Copa del Mundo, dejó clara su visión desde el día que recibió la convocatoria. "México merece estar en lo más alto del mundo. Y juntos lo vamos a lograr". No era una frase vacía. Durante Qatar 2022 observó la eliminación mexicana desde España, concentrado con la selección Sub-15. 

Aquella tarde le prometió a su familia que trabajaría para disputar el siguiente Mundial. Lo cumplió antes de alcanzar la mayoría de edad. Ahora apunta más alto. "Creo que México tiene todo para ser campeón. La mentalidad del mexicano tiene que mejorar. Siempre querer más, no conformarse".

Raúl Rangel comparte esa visión. Antes del torneo fue contundente. "Yo sí quiero y espero llegar a ser campeón con México. Yo creo que es algo que debemos empezar a creer y sentir como mexicanos".

Las palabras adquieren otra dimensión cuando se conoce su historia. Antes de convertirse en arquero titular de Chivas y de la Selección, el "Tala" lavó carros, vendió cocos y trabajó en ladrilleras en Ciudad Guzmán. Sabe lo que significa abrirse camino desde abajo. Quizá por eso habla de conquistar el mundo con una naturalidad que desconcierta a generaciones anteriores.

Erik Lira tampoco rehúye la ambición. "Haremos el mejor Mundial en la historia de México", aseguró tras la victoria sobre Sudáfrica.

Durante décadas, la expresión "campeón del mundo" fue prácticamente inexistente en el entorno del Tri. La conversación se detenía en el famoso quinto partido, convertido en obsesión nacional desde 1986. Esta generación parece pensar distinto.

La historia mundialista de México es una mezcla de constancia y una barrera que ha resultado imposible superar. El Tri ha participado en 18 Copas del Mundo y únicamente en dos ocasiones logró instalarse entre los mejores ocho equipos del torneo: en México 1970 y México 1986, cuando alcanzó los Cuartos de Final y terminó en el sexto lugar general, la mejor posición de su historia.

Fuera de esas dos ediciones, la Selección ha oscilado entre los octavos de final y eliminaciones tempranas. Fue 10° en Brasil 2014, 11° en Chile 1962 y Corea-Japón 2002, 12° en Inglaterra 1966 y Rusia 2018, 13° en Uruguay 1930, Suiza 1954, Estados Unidos 1994 y Francia 1998, 14° en Sudáfrica 2010, 15° en Alemania 2006, 16° en Suecia 1958 y Argentina 1978, mientras que su peor actuación llegó en Qatar 2022 con el lugar 22, al quedar eliminada en fase de grupos por primera vez desde 1978.

Esa trayectoria explica por qué el "quinto partido" se convirtió durante décadas en la obsesión nacional: México ha demostrado que pertenece regularmente al escenario mundialista, pero aún persigue romper el techo que alcanzó hace más de medio siglo en 1970 y hace cuatro décadas en 1986. El quinto partido dejó de ser una meta deportiva para convertirse en una frontera psicológica.

Por eso el reto de Aguirre es distinto al de sus etapas anteriores. Antes le tocó rescatar selecciones heridas. Ahora debe administrar una selección que se atreve a pensar en grande.

Sus números ya lo colocan en un lugar privilegiado. Su etapa de Corea-Japón 2002, Sudáfrica 2010 y el Mundial 2026, se ha convertido en el entrenador mexicano con más victorias mundialistas al frente del Tri. Cinco triunfos en Copas del Mundo respaldan una trayectoria construida a lo largo de tres décadas.

Pero el juicio definitivo sobre esta tercera etapa no dependerá de estadísticas ni de récords. Dependerá de si logra conducir a México más allá del límite que él mismo conoció como jugador en 1986.

Porque el Mundial de 2026 no sólo examina el nivel futbolístico de la selección. También pone a prueba la evolución de su ambición. Y en el centro de esa tensión aparece nuevamente Javier Aguirre: el técnico que aprendió a sobrevivir en los momentos más difíciles y que ahora dirige a una generación que no quiere sobrevivir, sino conquistar.

Como entrenador, cuarenta años después, todavía persigue algo más grande. Una historia que ni siquiera él se atreve a dar por escrita.

Él mismo lo resumió antes de comenzar el torneo. "Soy un afortunado de la vida. Todos los días doy gracias. De jugador, lo mejor fue jugar un Mundial en casa".

De entrenador, lo mejor todavía está por escribirse.


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Mario Palafox
MARIO PALAFOX

Editor SR en Sports Illustrated México. 25 años de experiencia en medios. Ha cubierto 4 Copas del Mundo, Juegos Olímpicos, Fórmula Uno, NBA, NFL.