André Jardine, el entrenador de la pizarra flexible

El brasileño le dio al América algo que ni Solari ni Ortíz fueron capaces: adaptabilidad. Eso no supone traicionarse, sino utilizar los mejores recursos a su disposición con miras a competir mejor.
El brasileño André Jardine, director técnico del América.
El brasileño André Jardine, director técnico del América. / Hector Vivas/Getty Images

Hay algo que define, por encima de cualquier cosa, a André Jardine como entrenador: no tiene ataduras ideológicas. Su flexibilidad táctica es quizá el rasgo más reconocible de su trabajo con América, equipo con el que busca el tetracampeonato de liga.

Antes de afrontar su primera liguilla como entrenador del América, en una entrevista para los canales oficiales del club, Jardine reconoció el trabajo hecho por sus antecesores, Santiago Solari y Fernando Ortíz. “Este equipo ya jugaba muy bien”, dijo en un gesto de humildad de otro tiempo. Lo que faltaba, en su opinión, era equilibrio: que se sintiera igual de cómodo defendiendo que atacando. 

En esa misma entrevista, Jardine habló de otra cosa fundamental: la compatibilidad entre sus ideas y la cultura de club que defiende América. Es decir: el idealismo inherente a ganar “jugando bien”. Ganar tiene una condición inapelable. ¿Pero qué es exactamente “jugar bien”?

El “jugar bien”

En alguna ocasión, en la presentación de una revista en Madrid, el ex entrenador argentino Ángel Cappa explicó que “jugar bien es restarle posibilidades a la suerte”. Aunque, como buen bohemio, procedió a citar al poeta andaluz Antonio Machado para zanjar cualquier posible debate: “Para decirlo claro: Yo, con el futbol, solo recuerdo la emoción de las cosas, y se me olvida todo lo demás”. 

El entrenador brasileño, bastante menos radical que Cappa y que cualquiera que haya engrosado las filas del menottismo, ha entendido que jugar bien, más allá de subjetividades y cuestiones estéticas, tiene que ver mucho más con restarle posibilidades a la suerte que con la emoción de las cosas. Por eso tiene sentido que el idealista que dejó la carrera en Ingeniera Civil —antes, siendo un niño, había pasado por las inferiores del Gremio, donde coincidió con Ronaldinho— para consagrarse a la carrera de entrenador con apenas 20 años, se haya vuelto con el paso del tiempo un poco más pragmático y menos fundamentalista respecto a lo que significa ganar “jugando bien”. 

En charla con ESPN, Jardine explicó que, históricamente, ha presumido "un ADN ofensivo muy grande" y que su hoja de ruta como entrenador "siempre fue de equipos que proponían, que metían muchos goles, que conquistaban títulos". Pero que para trascender en un formato tan particular como la liguila, faltaba imprirle algo más al equipo: "equilibrio".

Adaptabilidad y flexibilidad táctica

Jardine le dio al América algo que ni Solari ni Ortíz fueron capaces de proveer: adaptabilidad. Eso no supone traicionarse, sino utilizar los mejores recursos a su disposición con miras a competir mejor. A lo largo de la gestión del brasileño hemos visto todo tipo de versiones: corales, dominantes, verticales y reactivas. Todas, sin excepción, han denotado un equipo bien entrenado y, sobre todo, capaz de “jugar bien” en cualquier cancha.

Cuando habla de su filosofía en América, más allá de establecer patrones de juego específicos, André Jardine invariablemente recurre a la reinvención “En cuanto a las formas de juego, tengo una filosofía de vida y profesional: cuando llegas al top de juego, debes cambiar, es una constante la evolución”, dijo en una comparecencia ante medios tras un partido de liga. 

Si se rastrean los caminos a los tres títulos de liga, hay más pistas disponibles. Cuando tuvo que enfrentar a un Tigres que dependían del talento individual, creó rutas con balón más reconocibles. Cuando tuvo que adaptarse para sufrir menos ante pizarras sofisticadas como las de Martín Anselmi con Cruz Azul y Renato Paiva con Toluca, mostró su versión más camaleónica. Cuando tuvo que remontar una eliminatoria ante el equipo que más puntos había hecho y que mejor había jugado en torneos cortos, llevó el partido a un escenario en el que podía robar y correr metros más arriba.

Este semestre, entre partidas, lesiones y bajas de rendimiento, ha vuelto a agitar el árbol en busca de soluciones concretas para momentos específicos. La magia reside en preparar los partidos conforme a lo que pueda o no presentar al rival, sin que esto suponga hipotecar sus ideas ni la filosofía del club.

Vincular a André Jardine con un sistema táctico es estéril por una sencilla razón: “jugar bien” es mucho más que un compendio de ideas fijas.


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Ricardo López Si
RICARDO LÓPEZ SI

Editor en Sports Illustrated México. Periodista y escritor.