De Jasso al exilio: la vida nómada de Cruz Azul

A casi 55 años de haber dejado Hidalgo, Cruz Azul sigue sin hogar. La salida forzada de Ciudad Universitaria rumbo a Puebla revive una vieja herida: la de un club gigante que ha ganado títulos, pero nunca ha logrado construir una casa definitiva.
Nació del cemento y se volvió uno de los clubes más grandes de México, pero jamás pudo echar raíces. En el Clausura 2026, Cruz Azul vuelve a quedarse sin estadio y confirma una historia de más de medio siglo marcada por mudanzas, desalojos y una identidad que sigue sin territorio propio.
Nació del cemento y se volvió uno de los clubes más grandes de México, pero jamás pudo echar raíces. En el Clausura 2026, Cruz Azul vuelve a quedarse sin estadio y confirma una historia de más de medio siglo marcada por mudanzas, desalojos y una identidad que sigue sin territorio propio. / Hector Vivas/Getty Images

Cruz Azul es, desde hace décadas, una contradicción ambulante. Un club nacido del cemento que no logra echar raíces. Una potencia económica sin tierra propia. Un gigante que, como judío errante del futbol mexicano, ha cargado más de medio siglo su historia de estadio en estadio, sin poder llamar hogar a ninguno.

En el Clausura 2026, el destino volvió a alcanzarlo. A días de inaugurar su calendario como local, la UNAM le cerró las puertas del Estadio Olímpico Universitario y La Máquina tuvo que empacar, otra vez. Salió de la Ciudad de México y encontró refugio en Puebla, a más de 130 kilómetros de su gente. No es una mudanza: es un destierro. Otro más en una vida hecha de exilios.

Así, uno de los cuatro grandes del futbol mexicano, nueve veces campeón de liga y propiedad de una de las cooperativas cementeras más poderosas del país, afrontará todo el torneo lejos de su gente. En términos prácticos, Cruz Azul será visitante durante todo el campeonato. En una capital saturada, sin tierra y con precios imposibles, el club que debería construir su propia casa, está condenado a habitar las de otros. No es un tropiezo reciente. Es una historia que lleva más de medio siglo escribiéndose.

Una vida sin hogar

Cruz Azul nació mucho antes de ser una marca global del futbol mexicano. En 1927, fue creado por los trabajadores de la cementera en Jasso, Hidalgo, como una actividad recreativa de la cooperativa. Durante décadas fue un equipo de obreros, hasta que en 1960 ingresó a la Segunda División y en 1964 alcanzó la Primera Categoría.

Cruz Azul sí tuvo casa alguna vez. En Jasso, Hidalgo —hoy Ciudad Cooperativa Cruz Azul—, el club nació ligado a la fábrica y al pueblo que le dio nombre. Entre 1964 y 1971 jugó en el Estadio 10 de Diciembre, ahí ganó sus dos primeros campeonatos. Ahí el futbol todavía tenía dirección postal.

Pero el éxito lo empujó lejos de casa. Cuando ascendió y quiso crecer, eligió mudarse a la Ciudad de México. Ahí empezó el nomadismo. Para crecer, el club sacrificó raíces por exposición y recursos. 

En 1971 se mudó a la Ciudad de México y jugó en el Estadio Azteca. Ahí se convirtió en potencia: cinco títulos de liga entre 1971 y 1980, surgieron figuras como Miguel “Superman” Marín y Alberto Quintano, además del apodo que lo marcaría para siempre: La Máquina, por su futbol arrollador. Construyó su época dorada.

El problema es que nunca fue dueño de ese lugar. Ni del Azteca ni de ningún otro. En 1996 se mudó al Estadio Azul, que durante dos décadas fue conocido como “la casa celeste”, hasta que fue desalojado para construir un centro comercial. En 2018 volvió al Azteca, pero las obras rumbo al Mundial 2026 lo obligaron a irse otra vez.

En enero de 2024, regresa al estadio de la Ciudad de los Deportes, comparte administración con América. Un año después, el equipo de Emilio Azcárraga se queda solo y remodela el estadio con sus colores. La Máquina tiene que buscar otra alternativa. Invertir 11 millones de pesos para buscar otro hogar.

En 2025 encontró refugio en Ciudad Universitaria. Donde estuvo  invicto. Ganó la Concachampions. Llevó más público que Pumas. Pero ni siquiera eso garantizó estabilidad. Tensiones institucionales y problemas fuera de la cancha llevaron a la UNAM a no renovar el contrato en enero de 2026. Y Cruz Azul volvió a quedarse sin techo.

Como en toda su historia moderna, no lo echaron por perder: lo echaron por no ser de ahí.

Un club de cemento sin tierra

La ironía es casi cruel. Cruz Azul pertenece a una cooperativa que fabrica el material con el que se construyen los estadios. Pero en una Ciudad de México saturada, cara y sin suelo disponible, el club no ha podido levantar el suyo.

Durante décadas, distintas directivas han prometido un estadio propio. Hoy existe incluso un presupuesto aprobado de más de 5,400 millones de pesos y se analizan terrenos en zonas como Álvaro Obregón, Coyoacán o Naucalpan. También se hablaba de Tlalnepantla o Magdalena Mixhuca.

Pero también hay una realidad que frena todo: el club mantiene contrato con el Estadio Azteca hasta 2031, lo que reduce la urgencia política y financiera de tomar una decisión definitiva. Mientras tanto, la identidad se diluye. La afición reclama algo que no se compra ni se renta: pertenencia.

El Clausura 2026, otro capítulo del exilio

A Cruz Azul le cerraron la puerta cuando el torneo ya había comenzado. No hubo margen para empacar ni tiempo para buscar otro techo. Un día estaba en Ciudad Universitaria, al siguiente estaba en la carretera rumbo a Puebla. Así, como si fuera un inquilino incómodo, La Máquina volvió a quedarse sin hogar en la Ciudad de México.

La mudanza a Puebla, a más de 130 kilómetros de la capital, es un golpe deportivo y simbólico. El equipo de Nicolás Larcamón ya debutó con derrota ante León y ahora recibirá al Atlas en el Estadio Cuauhtémoc, lejos de su base natural de seguidores. “Vamos a tratar de no sentirnos visitantes”, dijo el técnico. Pero la frase encierra una verdad incómoda: Cruz Azul lleva más de 50 años con ese sentimiento.

Así, La Máquina sigue atrapada en una paradoja que define su era moderna: un club nacido del cemento, que ha ganado títulos, copas y prestigio, pero que sigue sin poder construir lo único que no se compra en el mercado: una casa. Como un judío errante del futbol mexicano, La Máquina carga su historia de estadio en estadio. Gana títulos, genera dinero, mueve multitudes, pero no puede señalar un punto en el mapa y decir: aquí pertenezco.

Hasta que eso cambie, Cruz Azul seguirá siendo lo que ha sido desde 1971: un gigante sin tierra.


Published |Modified
Mario Palafox
MARIO PALAFOX

Editor SR en Sports Illustrated México. 25 años de experiencia en medios. Ha cubierto 4 Copas del Mundo, Juegos Olímpicos, Fórmula Uno, NBA, NFL.