De la samba al golazo: Veiga empieza a encontrar su lugar en América

Raphael Veiga llegó a México entre samba, bromas y la etiqueta de ser el máximo goleador del Palmeiras en el siglo XXI. Después vinieron una adaptación difícil, la salida de André Jardine y un nuevo comienzo con Guillermo Almada. Siete meses después, su zurda volvió a aparecer en una noche grande: gol, asistencia y semifinales de Leagues Cup.
El miércoles, mientras Palmeiras cumplía años, su exjugador Veiga anotó un golazo con la playera del América.
El miércoles, mientras Palmeiras cumplía años, su exjugador Veiga anotó un golazo con la playera del América. / Harry How/Getty Images

El balón cruza el área por izquierda, atraviesa dos piernas rivales y muere junto al poste. El miércoles 26 de agosto, el Dignity Health Sports Park de Carson, California, guarda silencio durante un instante y después explota. Raphael Veiga levanta los brazos, con el número 23 pegado a la espalda, y corre hacia la esquina donde lo espera Brian Rodríguez, el mismo que segundos antes había encontrado al brasileño del otro lado del campo.

El gol llega en una noche especial para el América, que vence 2-0 al Columbus Crew y se mete por primera vez en su historia a las semifinales de la Leagues Cup. Pero también tiene una coincidencia difícil de ignorar: ocurre exactamente 112 años después de que un grupo de inmigrantes italianos fundara, en São Paulo, un club llamado Palestra Itália. Hoy lo conocen como Palmeiras.

Y Palmeiras todavía es dueño de los derechos de Veiga. La historia había comenzado siete meses antes, también con una pelota.

El 3 de febrero, América presentó al brasileño con un video en el que Veiga tocó la puerta del vestidor con un balonazo. André Jardine, su compatriota y entonces entrenador de las Águilas, abrió para descubrir quién estaba detrás.

—Hey, André, tranquilo, soy yo. Yo soy Raphael Veiga y ya soy americanista.

La frase parecía una broma de bienvenida. Con el tiempo, terminó adquiriendo otro significado.

Veiga llegaba a México después de haber construido una parte importante de la historia reciente de Palmeiras. En 384 partidos con el club marcó 109 goles, cifra que lo convirtió en el máximo goleador del equipo en el siglo XXI. También conquistó 10 títulos, entre ellos las Copas Libertadores de 2020 y 2021.

América lo incorporó a préstamo hasta el final de 2026, en una operación que Jardine había impulsado para reforzar un mediocampo golpeado por las salidas de Álvaro Fidalgo y otros futbolistas.

Pero llegar con cartel no hizo que la adaptación fuera sencilla.

“El comienzo es difícil. Cambia mucha cosa, porque estaba acostumbrado siempre a vivir en Brasil, en todo. Pero hoy estoy me sintiendo muy mejor”, contó Veiga  a Sports Illustrated tras sus primeros meses en México. “Creo que la ciudad es un poco diferente, distinta también de Brasil”, añadió.

El brasileño no intentaba esconder las dificultades. Había dejado por primera vez su país después de prácticamente toda una carrera en Brasil y, de pronto, tenía que aprender una ciudad, un idioma, un futbol y un vestidor nuevos.

“Ya estoy conociendo algunos sitios, las cosas del camino para entrenamiento. Entonces, hoy me siento muy mejor. Más fácil adaptación”.

También había una presión distinta. América no era Palmeiras. Pero, para Veiga, la exigencia tampoco era nueva.

“Estoy acostumbrado porque en Brasil es muy grande también la presión. Creo que América es un gran equipo, el más grande de México, pero está pasando por una reformulación. Muchos jugadores llegando, alguno saliendo. Creo que tenemos mucho para conquistar. Seguro que hasta final de año va a ser diferente”.

La respuesta explicaba también por qué el brasileño necesitaba tiempo. No había llegado a un equipo completamente armado. Había aterrizado en medio de una transformación.

Y entonces llegó el cambio que menos podía controlar.

Jardine dejó el banquillo a comienzos de junio, apenas cuatro meses después de haber pedido expresamente la llegada de Veiga. Guillermo Almada tomó su lugar. Para el brasileño, perder al entrenador que había sido una de las razones para cruzar el continente era un nuevo capítulo de adaptación.

“Obviamente que tener un técnico brasileño, principalmente cuando llego, es más fácil porque me ayuda en esa adaptación. Pero también sé que el futbol es muy dinámico. No es la primera vez que cambio de entrenador cuando estaba en un equipo. En 2017 creo que tuve tres entrenadores en el mismo año”, compartió en la charla.

No había drama en su respuesta. Había resignación, pero también experiencia. “Estoy acostumbrado, tenemos que acostumbrarnos y cambiar. Siempre prontos para hacer la diferencia”.

El futbol, sin embargo, terminaría poniendo esas palabras a prueba. Con Almada, Veiga necesitó tiempo para encontrar su lugar. El uruguayo no lo había llevado a México. Su apuesta por el brasileño tenía que construirse desde cero.

La tensión incluso quedó expuesta públicamente durante la Leagues Cup, cuando las cámaras captaron una discusión entre ambos durante el partido ante Austin FC. Días después, Almada buscó bajar el ruido. “Tenemos que buscar su mejor versión”.

Veiga respondió dentro de la cancha. El 16 de agosto marcó su primer gol del Apertura ante Atlético de San Luis y, poco a poco, comenzó a mostrar una versión más parecida al futbolista que había dejado en Brasil.

Detrás de esa transformación hubo también un trabajo menos visible. Con Rubens Valenzuela, preparador físico del América, Veiga trabajó para recuperar ritmo y fortaleza después de una última etapa en Palmeiras marcada por lesiones y altibajos. El objetivo era llevarlo nuevamente a completar partidos con la intensidad que exige el nuevo América.

El resultado comenzó a aparecer. Y entonces llegó Columbus.

A los 11 minutos, Brian Rodríguez recibió sobre la izquierda, levantó la cabeza y encontró a Veiga entrando por el otro sector. El brasileño controló y sacó un zurdazo que golpeó el poste antes de entrar. Gol.

El mismo jugador que meses atrás explicaba que todavía estaba aprendiendo los caminos de la ciudad acababa de abrir el partido más importante del América en la Leagues Cup.

Minutos después, Veiga volvió a aparecer como asistente para el segundo gol, obra de Brian Rodríguez. América ganó 2-0, eliminó al Columbus Crew y avanzó a unas semifinales históricas con cuatro equipos mexicanos.

La escena cerraba un círculo. En febrero, Veiga llegaba a Coapa entre samba y bromas para anunciar que ya era americanista. En junio tenía que empezar de nuevo con otro entrenador. En agosto, después de meses de adaptación, su zurda comenzó a hablar por él.

Y lo hizo en una fecha imposible de separar de su pasado. El 26 de agosto de 1914 nació Palestra Itália. Ciento doce años después, el hombre que todavía pertenece al Palmeiras marcó con América el gol que abrió el camino hacia una semifinal de Leagues Cup.

No fue planeado. Tampoco necesitaba serlo. El futbol tiene esa costumbre de conectar historias que parecían destinadas a permanecer separadas.

Veiga todavía tiene cosas por aprender de México. Le sorprendió la forma en que se juega, la pasión de los aficionados y hasta el tamaño del Estadio Azteca.

“Es diferente porque en Maracaná yo crecí con toda la historia, todo eso. Pero Maracaná tiene historia, aquí tiene mucha historia también, pero aquí es muy más grande que Maracaná”.

—¿Te impresionó más entonces?

—El tamaño, sí.

También descubrió un futbol que, desde su perspectiva, tiene una diferencia clara con el brasileño.

—Me gustó mucho que todos los equipos intentan ahora jugar y disfrutar del partido. Un poco diferente de Brasil, que creo que tiene un juego más de transición, así, siempre mucha transición.

Y encontró una Liga MX que, aunque todavía está conociendo, ya empieza a mirar con otros ojos. “Creo que es una liga que está cada vez más conocida en Brasil. Buenos equipos. Creo que va a crecer mucho ahí”.

También mira hacia el Mundial que México albergará junto con Estados Unidos y Canadá. Veiga conoce la dimensión de jugar en un país donde el futbol se vive con una intensidad que le resulta familiar. “Aquí los aficionados son muy apasionados también con el futbol. Se parece a Brasil”. 

Pero por encima de la adaptación, del cambio de entrenador, del idioma, de la ciudad y de las comparaciones entre Maracaná y Azteca, hay una ambición que el brasileño nunca escondió. Cuando llegó a México dijo que América tenía mucho por conquistar.

Ahora ya sabe cuál quiere que sea la conquista.

—¿Título con América?

Veiga no necesita traducirse.

—Sí. Quiero mucho, mucho.


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Mario Palafox
MARIO PALAFOX

Editor SR en Sports Illustrated México. 25 años de experiencia en medios. Ha cubierto 4 Copas del Mundo, Juegos Olímpicos, Fórmula Uno, NBA, NFL.