El Estadio Azteca: 60 años de cambios, remodelaciones y millones invertidos

El Coloso de Santa Úrsula no nació como el estadio monumental que el mundo conoce hoy. Nació de un error, de un terreno complicado y de un presupuesto que se duplicó antes de que pusieran el último tornillo. Desde ese accidente histórico hasta la remodelación más cara de su historia, el Azteca ha pasado por transformaciones que lo convirtieron en el único estadio del planeta con tres inauguraciones de Copa del Mundo.
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El origen: un error que se convirtió en obra maestra (1962-1966)
La historia comienza en 1962, cuando Emilio Azcárraga Milmo, dueño de Televisa y del Club América, tomó la decisión de construir un estadio propio. Para el proyecto convocó a los arquitectos Pedro Ramírez Vázquez y Rafael Mijares Alcérreca, los mismos que más tarde diseñarían el Museo Nacional de Antropología.
El error fundacional fue la elección del terreno. El suelo de Santa Úrsula estaba lleno de roca volcánica, herencia del volcán Xitle, y para prepararlo hubo que dinamitar 180 mil toneladas de piedra. Ese solo proceso consumió casi todo el presupuesto inicial. Para colmo, a diez metros de profundidad los mantos freáticos inundaron el terreno y fue imposible bajar más.
La solución fue construir hacia arriba, levantar una superestructura de varios niveles que no estaba en los planos originales. Ese accidente fue lo que le dio al Azteca su silueta monumental, esa que hoy es inconfundible en cualquier transmisión del mundo.
El costo también se salió de control. El presupuesto inicial era de 95 millones de pesos. Al final de la obra, el gasto superó los 200 millones. Azcárraga Milmo tuvo que pedir un préstamo irónicamente, a Banorte para terminar la construcción, y no terminó de pagar esa deuda hasta 1980. Para cubrir parte del financiamiento, se vendieron palcos y plateas por adelantado con contratos de uso por 99 años, a precios que iban de los ocho mil a los 115 mil pesos de la época.
La inauguración fue el 29 de mayo de 1966, con un amistoso entre el Club América y el Torino de Italia. Ante 110 mil espectadores, el brasileño Arlindo Dos Santos anotó el primer gol de la historia del recinto. El estadio abrió sus puertas sin el techo terminado; esa estructura metálica de 1,200 toneladas de acero tardó otro año más en quedar lista.
Primera gran remodelación: preparativos para México 86 (1984-1985)
La primera transformación significativa llegó dos décadas después, con la mira puesta en la Copa del Mundo de 1986. La intervención se dividió en dos fases. No existe un costo oficial documentado de forma pública para esta remodelación, aunque su impacto fue claro: el estadio llegó al Mundial con capacidad para 115 mil espectadores, el número más alto de toda su historia.
En la primera fase, se reorganizaron los accesos en las plazas oriente y poniente con nuevos sistemas de taquillas, puertas revolventes, contadores electrónicos, sanitarios y casetas de vigilancia. Los estacionamientos recibieron nuevo asfalto e iluminación. También se colocaron 25 astas con las banderas de las selecciones participantes y de la FIFA.
La segunda fase se enfocó en los medios y la infraestructura interna. Se construyó una sala de conferencias con capacidad para 200 periodistas y acceso directo a los vestidores. Se instalaron 36 posiciones para fotógrafos y 40 cámaras de televisión. Los vestidores se renovaron con áreas de hidromasaje y zona de calentamiento. En la zona de palcos se sumaron 62 nuevos espacios de alto nivel, más un área exclusiva para la FIFA con capacidad para 400 personas. Con estas mejoras el estadio alcanzó su máxima capacidad histórica: 115 mil aficionados, una cifra que lo colocó como uno de los tres estadios más grandes del mundo en ese momento.
La tecnología entra al Coloso (1999-2001)
A finales de los noventa, el Azteca recibió otro paquete de mejoras. Al igual que con la remodelación anterior, los registros históricos no documentaron un costo oficial público para esta etapa. Lo que sí quedó registrado fueron los cambios: en 1999, con motivo de la visita del Papa Juan Pablo II, se instaló el primer sistema de pantallas gigantes de alta definición en la historia del estadio, dos pantallas con tecnología de paneles de fósforo. Fue un salto tecnológico importante para la época.
En 2001, ya bajo patrocinio de Coca-Cola, se colocaron butacas individuales en toda la zona especial baja. Entre 2002 y 2003, ese mismo modelo de asientos llegó a las zonas laterales altas. Estos cambios redujeron el aforo: de 115 mil espectadores se bajó primero a 110 mil en 1999, y después a 105 mil en 2001.
La transformación del 50 aniversario (2013-2016) — Inversión: 12 millones de dólares
Con el regreso de la NFL a México como detonante, el estadio entró a su tercera gran remodelación entre 2013 y 2016. La llegada de los Oakland Raiders y los Houston Texans exigía estándares que el recinto aún no cubría. La inversión total para esta etapa fue de 12 millones de dólares.
Los cambios fueron profundos. Se construyeron nuevas áreas VIP con 1,092 asientos Club, 2,013 palcos Club, 38 suites ejecutivas y 13 palcos Azteca. El área de prensa se reubicó al centro del estadio, sobre lo que hoy se conoce como el Palco de Transmisión, con 220 plazas. Se instaló WiFi gratuito para todos los aficionados, algo pionero en estadios de América Latina en ese momento.
El precio de estas mejoras tuvo una consecuencia directa en el aforo: de 105 mil lugares, el estadio bajó a 87 mil en 2013, y la remodelación de 2016 lo dejó en 83,264 espectadores. En sesenta años, el Azteca pasó de 110 mil lugares a poco más de 83 mil, todo a cambio de mayor comodidad, tecnología y espacios premium.
La remodelación más costosa de su historia (2024-2026) — Inversión: más de 3,500 millones de pesos
El 26 de mayo de 2024, tras la final del Clausura entre América y Cruz Azul, el estadio cerró sus puertas para la transformación más ambiciosa de toda su historia. La razón: ser sede del partido inaugural de la Copa del Mundo 2026, el 11 de junio, con México frente a Sudáfrica.
Emilio Azcárraga Jean, dueño del recinto, confirmó que la inversión total superó los 3,500 millones de pesos. De esa cifra, 2,100 millones provinieron de un acuerdo de patrocinio con Banorte,el mismo banco al que su abuelo le pidió prestado para terminar la construcción original en los sesenta. A cambio de ese financiamiento, el estadio pasó a llamarse oficialmente Estadio Banorte, aunque durante la Copa del Mundo la FIFA le dará el nombre de Estadio Azteca Ciudad de México, ya que la organización no permite nombres comerciales en sus sedes.
La primera etapa de obra, en 2024, implicó una inversión de 472.9 millones de pesos en demolición de tribunas, retiro de butacas y adecuaciones en la cancha. Para 2025 y 2026 se programó una inversión adicional de 1,038 millones de pesos.
Los cambios de esta remodelación son los más radicales en décadas. Se instaló un sistema de pasto híbrido con mezcla de césped natural y sintético, con tecnología de succión de agua e inyección de aire. Los vestidores, que durante décadas estuvieron detrás de una de las porterías, se reubicaron al centro del estadio con un nuevo túnel de acceso que conecta directamente con la cancha.
Se instalaron más de 2,200 metros cuadrados de pantallas LED en el interior y exterior del recinto. La conectividad también cambió: el estadio tiene ahora 1,200 antenas con WiFi-6 gratuito y servicios sin efectivo. Todas las butacas fueron reemplazadas por asientos más amplios y cómodos. La capacidad sube de 83,264 a 90 mil espectadores.
Azcárraga Jean fue claro sobre el objetivo de la inversión: garantizar que el estadio siga en pie y en condiciones de primer nivel por los próximos 30 a 50 años.
Desde los 200 millones de pesos que costó construirlo hasta los más de 3,500 millones de la remodelación actual, el Estadio Azteca ha absorbido inversiones que reflejan cada era del fútbol mexicano. Su aforo se redujo casi a la mitad con el paso de los años, pero cada butaca que se perdió vino acompañada de más tecnología, más comodidad y más historia.
El 11 de junio de 2026, cuando el silbato abra el Mundial por tercera vez en sus gradas, el Coloso de Santa Úrsula escribirá un récord que ningún otro estadio en el mundo podrá igualar.
