El Piojo y su Mundial a contracorriente

Lo silban cuando aparece en las alineaciones. Lo cuestionan en redes sociales. Cada convocatoria reabre el mismo debate y cada titularidad provoca la misma pregunta. ¿Por qué Roberto Alvarado? La respuesta, al menos para Javier Aguirre, parece sencilla: porque juega.
Porque mientras la discusión sigue afuera, el Piojo acumula minutos, confianza y tareas que el cuerpo técnico considera indispensables. Fue titular ante Sudáfrica. También ante Corea del Sur. Jugó hasta el minuto 101 en el partido inaugural del Mundial. Aguirre no lo sustituyó ni siquiera en el tiempo agregado.
Siete días después volvió a aparecer en el once inicial y disputó 80 minutos en la victoria que aseguró la clasificación mexicana a los octavos de final ante Corea. No son los números de un futbolista que sobrevive en la convocatoria. Son los números de un jugador en quien el entrenador confía.
Y esa confianza existe pese al ruido que lo acompaña desde hace años. "No a todos les puede gustar tu forma de jugar o lo que haces", reconoció previo al partido ante Chequia. "Se respetan todas las opiniones y yo trato de disfrutar este momento, vivirlo día a día".
Lo dijo sin molestia. Sin victimizarse. Como si entendiera que las críticas forman parte del precio que paga un futbolista que rara vez deslumbra, pero que casi siempre cumple. Porque el problema de Alvarado es que muchas veces su trabajo no aparece en los resúmenes.
Ante Sudáfrica recorrió la banda durante todo el encuentro. Presionó, retrocedió, ayudó a Israel Reyes cuando el rival intentó atacar por su sector y participó en la jugada que liquidó el partido. Su centro encontró la cabeza de Raúl Jiménez para el 2-0 definitivo.
No fue la acción más espectacular del encuentro. Fue simplemente la correcta. Y esa definición explica buena parte de su carrera. Aguirre no le pide ser el futbolista más brillante del equipo. Le pide equilibrio. Le pide disciplina. Le pide convertirse en el primer defensor cuando México pierde la pelota y en una salida confiable cuando la recupera.
El Piojo cumple. Ante Corea del Sur volvió a hacerlo. Tanto que incluso llamó la atención del rival. Después del partido, Hong Myung-bo, entrenador surcoreano, mencionó específicamente al mexicano durante su análisis del encuentro. "Alvarado ayudó mucho al lateral, mete buenos centros", explicó.
No parece un elogio extraordinario. Pero cuando el técnico rival menciona tu nombre después de una derrota significa que te detectó como un problema. Y eso, para un futbolista de función antes que de reflectores, tiene valor.
Su historia tampoco encaja con la del jugador predestinado. Nació en Salamanca, Guanajuato. Pasó por Celaya cuando todavía buscaba abrirse camino en las categorías inferiores del futbol mexicano. Más tarde encontró estabilidad en Necaxa, levantó títulos con Cruz Azul, se convirtió en pieza importante de Chivas y terminó construyendo una carrera que lo llevó a disputar dos Copas del Mundo.
La diferencia entre una y otra es enorme. En Qatar 2022 apenas disputó 17 minutos. En México 2026 ya suma más de 180. Pasó de ser un recurso secundario a convertirse en una pieza habitual dentro del once inicial.
También representa una curiosa paradoja dentro de esta selección. La base rojiblanca que acompaña a Aguirre en el Mundial suele generar orgullo entre los aficionados de Chivas. Sin embargo, el futbolista más cuestionado de ese grupo es precisamente uno de los que más minutos acumula.
Quizá porque su futbol exige mirar más allá de los goles. Quizá porque la afición suele pedir espectáculo mientras los entrenadores buscan soluciones. "Estoy viviendo un sueño que tenía de niño", confesó. No sonó como una frase aprendida. Sonó como alguien que entiende exactamente dónde está.
México llega al partido contra República Checa con el boleto a octavos asegurado y la posibilidad de completar una fase de grupos perfecta. Los focos apuntan a Raúl Jiménez, a Edson Álvarez, a Julián Quiñones o a Guillermo Ochoa. Difícilmente apuntarán al Piojo. Nunca lo hacen.
Pero mientras las dudas continúan en las tribunas, Roberto Alvarado aparece donde más importa: en la alineación. Silbado por algunos. Respaldado por su entrenador. Titular en un equipo que sigue ganando.
Y eso, en una Copa del Mundo, suele ser la única respuesta que realmente cuenta.
