El Tri reescribe su propio libro de récords

No hubo uno solo. Fueron ocho récords en una sola fase de grupos: el primero en ganar 20 partidos en un Mundial, el primero en encadenar cuatro victorias consecutivas, el primero en llegar a seis fases de grupos invicto (1970, 1986, 1998, 2002, 2014 y 2026), el primero y el último sin conceder un gol. México no ha jugado el Mundial de 2026. Lo ha protagonizado.
La historia comenzó antes de que terminara el primer partido. Durante 96 años, los partidos inaugurales de Copa del Mundo habían sido una condena para El Tri: cinco derrotas, dos empates, ninguna victoria en siete intentos. Pero el 11 de junio, ante Sudáfrica y con el Estadio Azteca como pocas veces en su historia, México rompió esa maldición. La primera de muchas.
Porque lo que siguió no fue un torneo. Fue una acumulación sistemática de páginas que ninguna generación anterior había podido escribir. La victoria ante Corea del Sur extendió la racha. El triunfo ante República Checa la selló. Cuatro victorias consecutivas en Copa del Mundo: nunca antes. Y lo que tampoco había ocurrido: ganar los tres partidos de una misma fase de grupos. México lo había logrado en 2002 y en 2018 con dos victorias al inicio, pero siempre había tropezado antes del final. Esta vez no. La fase de grupos perfecta, completa, sin concesiones.
El Azteca tiene su propia contabilidad. En los tres Mundiales que México ha disputado en esa cancha —1970, 1986 y 2026— el marcador acumulado es de 16 goles a favor y apenas 2 en contra. Una fortaleza que en las últimas ocho presentaciones mundialistas en casa suma seis victorias y dos empates; en los últimos seis partidos de Mundial no ha recibido un solo gol. El estadio más grande del mundo se ha convertido, en tiempos de Copa del Mundo, en el lugar más hostil del planeta para los rivales de México.
Precisamente 1970 era la única referencia válida para comparar lo que ocurrió en esta fase de grupos. Aquel año, cuando México fue anfitrión por primera vez, El Tri también avanzó con la portería intacta. Habían pasado 56 años para que la hazaña se repitiera y esta vez México lo hizo en compañía exclusiva: solo cinco selecciones en la historia del Mundial han pasado la fase de grupos sin recibir un gol.
Países Bajos en 1974 llegó a la final. Italia en 1990 alcanzó las semifinales. Brasil en 1986, Argentina en 1998 y Uruguay en 2018 cayeron en cuartos. México en 2026 tiene la pregunta abierta. Y eso, en sí mismo, ya es un récord. A todo ello se suma un dato que no existía en ningún libro: 14 partidos mundialistas consecutivos sin recibir un gol en el primer tiempo. Catorce. Desde Sudáfrica 2010.
La historia de México frente a selecciones europeas tampoco invitaba al optimismo. En 35 encuentros contra rivales de la UEFA, El Tri acumula 9 victorias, 10 empates y 16 derrotas. Un saldo que habla de una deuda histórica con el viejo continente. Ante República Checa, México sumó una victoria más a ese contador (10), aunque la verdadera prueba de que algo ha cambiado llegará en la ronda de eliminación directa.
Los números colectivos habrían bastado para titular cualquier crónica. Pero la noche del 24 de junio en el Azteca tuvo también sus protagonistas individuales. El más joven y el más veterano compartieron cancha como si el futbol mexicano hubiera decidido mostrarse entero en un solo partido.
Gilberto Mora tenía 17 años y 253 días cuando Javier Aguirre puso su nombre en el once inicial. Con eso bastó para convertirse en el jugador más joven en arrancar un partido de Copa del Mundo con la selección mexicana, superó a Manuel Rosas, que en 1930 tenía 18 años y 87 días cuando México debutó en la historia de los Mundiales ante Francia. Casi un siglo después, Mora heredó ese récord sin saber todavía lo que significa cargarlo.
Mateo Chávez lo entendió de otra manera. Su gol ante República Checa lo colocó como el segundo jugador más joven en anotar en su debut mundialista con El Tri, a los 22 años y 43 días. Solo Enrique Borja, con 20 años y 195 días ante Francia en 1966, lo había hecho más joven. Chávez celebró sin calcular la magnitud. Así suelen hacerlo los que no saben aún que están dentro de la historia.
Y luego estaba Ochoa. Guillermo Ochoa, que con 40 años y 346 días se convirtió en el jugador de mayor edad en disputar un Mundial representando a una nación de la Concacaf. El sexto más veterano en la historia entera de la Copa del Mundo, en una lista donde aparecen nombres como Essam El-Hadary, Faryd Mondragón y Roger Milla.
Su duodécima participación en un partido mundialista lo dejó también como el portero de la Concacaf con más apariciones en la historia del torneo, y lo instaló en el tercer lugar de la lista histórica de México, con 12 partidos, empatado con Javier Hernández y Héctor Moreno, a solo uno de Andrés Guardado. Lejos de los 19 de Rafa Márquez.
Hay generaciones que juegan Mundiales. Hay otras que los definen. Esta selección mexicana, con Mora como titular y Ochoa atajando en el otro extremo del tiempo, con Mateo Chávez con debut y gol, El Tri con el logro de por primera vez obtener victoria en sus tres partidos de grupo, eligió la segunda opción.
El libro de récords de México en Copa del Mundo tenía páginas escritas desde 1930. En tres partidos, en junio de 2026, El Tri las reescribió todas. Ahora viene la parte que nunca ha sabido resolver: El Tri ha superado la fase de grupos en nueve de sus últimas diez participaciones mundialistas, pero en ese periodo solo ha ganado una serie de eliminación directa: el 2-0 sobre Bulgaria en México 1986. Cuarenta años de deuda. La historia perfecta de la fase de grupos no vale nada si se detiene aquí. El siguiente capítulo es el único que importa.
