Entrevista: Mónica Ocampo, la niña que jugó a escondidas y conquistó la cancha

En entrevista, Mónica Ocampo recuerda cómo comenzó a jugar futbol a escondidas de su padre, con la complicidad de su madre y hermanos. Su talento la llevó desde las canchas de Morelos hasta competir en torneos nacionales desde niña.
Mónica Ocampo se retiró del futbol después de 20 años de carrera deportiva.
Mónica Ocampo se retiró del futbol después de 20 años de carrera deportiva. / Hector Vivas/Getty Images

Mónica Ocampo jugaba futbol a escondidas. Sin el conocimiento o la aprobación de su padre ––que era trailero–– y viajaba mucho, no quería que ella jugara. Sus hermanos y su madre eran “sus cómplices”. La verdad salió a la luz cuando el entrenador de Mónica, que era compadre de su padre, lo invitó a una final donde ella jugaría, lo que resultó en un engaño inicial para su padre. Sin embargo, después de verla jugar intentó no perderse ningún partido.

A los 6 años, Mónica cuenta en entrevista a Sports Illustrated México que comenzó a jugar futbol gracias a su hermanos en Tehuixla, Morelos. Inicialmente, no querían llevarla por ser niña y la más pequeña, pero su madre intervino para que lo hicieran. Al principio, la ponían de portera, pero al verla jugar su talento causó la impresión de uno de sus hermanos y la cambiaron de posición al campo.

Cuando Mónica entró a la secundaria compitió en torneos nacionales fuera de su pueblo de origen. La primera vez que salió de casa fue a un torneo en Guadalajara. A pesar del miedo y la tristeza por ir sola sin sus padres, la animaron para ver jugar futbol en otros lugares y ver a más niñas jugar a lo mismo que ella.

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Mónica Ocampo levantó junto a Charlyn Corral la copa del Clausura 2025.
Mónica Ocampo levantó junto a Charlyn Corral la copa del Clausura 2025. / Hector Vivas/Getty Images

La soledad la invadía al regresar al hotel, donde lloraba y quería hablar con su madre. Era conocida por sus compañeras como “la chillona” debido a que lloraba al estar lejos de su familia durante sus primeras salidas. El disfrute por el juego y el éxito temprano como ser campeona de goleo y ganar un trofeo fueron el aliento para seguir adelante.

A los 13 años dejó de jugar con niños de su edad. Ellos se volvieron “más grandes y más corpulentos” y las “patadas dolían más”. En un contexto donde no existía una liga de futbol femenil en México; su sueño de ser futbolista se mantuvo vivo.

En su primera convocatoria a la Selección Nacional Sub 15 llegó a entrenar con jugadoras de la Selección Mayor como Iris Mora, Fátima Leyva, Evelyn López y Maribel Domínguez. Y la noticia que de algunas jugadoras como Maribel iban a jugar en la Liga de España ––específicamente en Barcelona–– le generó la inquietud de que había más oportunidades para desarrollarse en el extranjero porque en México no había una liga de futbol profesional hasta 2017.

Mónica Ocampo y Charlyn Corral fueron compañeras de equipo y en Selección Mexicana.
Mónica Ocampo y Charlyn Corral fueron compañeras de equipo y en Selección Mexicana. / Manuel Velasquez/Getty Images

Esta motivación se vio desafiada por las dificultades de combinar sus compromisos con la Selección Nacional ––que implicaban concentraciones de tres a cuatro meses–– para torneos como Premundiales o Juegos Panamericanos con sus estudios. La exigencia de la escuela y el deporte la llevaron a considerar abandonar el futbol. Sus padres y sus hermanos la convencieron de no rendirse.

Su primera barrera en el inicio de su carrera en Estados Unidos fue el idioma, no sabía inglés. Una fisioterapeuta de Costa Rica, llamada Guadalupe, que hablaba español, se convirtió en su apoyo fundamental en Atlanta: le traducía las indicaciones del entrenador. Fueron momentos donde dudó de su capacidad para triunfar. Después comenzó a disfrutar más el juego y a intentar comunicarse en inglés. A diferencia de su etapa en Indiana ––en una liga semiprofesional–– donde la adaptación fue más sencilla porque había otras jugadoras mexicanas y el entrenador a veces les hablaba en español. 

El momento más difícil en más de 20 años de carrera fue en el 2020, durante la pandemia, cuando tuvo que someterse a tres cirugías de menisco. La primera fue una sutura cuya rehabilitación se complicó por las restricciones de la pandemia. Ocho meses después de la primera cirugía se sentía insegura con la rodilla. Sufrió un accidente durante un salto en el que resbalo y volvió a caer sobre la pierna operada, sintió que algo “tronaba”. Este incidente la llevó a una segunda cirugía para quitar parte del menisco y posteriormente a una tercera para una limpieza debido a una infección.

Ese año de múltiples inervaciones quirúrgicas la hizo considerar el retiro, pero con el apoyo de médicos, fisiatras y su psicóloga logró recuperarse y regresar a las canchas. Pensó que no volvería a jugar. Regresó un año después a las canchas y anotó un gol en su partido de reaparición. No era el final; solo el comienzo.

Si hay otro gol que recuerda es el que anotó en el Mundial de Alemania 2011, nombrado el Mejor gol en la historia de los Mundiales. Ese año se había sometido a una limpieza de rodilla. A pesar de la incertidumbre sobre si se recuperaría a tiempo para el Mundial ––que fue en el verano–– la operación no fue grave y se recuperó a tiempo para entrenar con el grupo.

El gol fue en el primer partido de México contra Inglaterra. Siendo zurda marcó el gol con la derecha. Recibió el pase de Dinora y recortó en lugar de su perfil habitual y disparó con la intención de buscar a Maribel Domínguez. No vio el balón entrar debido a la altura de las defensas, pero escuchó la reacción de la afición que confirmaba el gol. Aunque habían planeado las celebraciones con sus compañeras, en el momento del gol “se te nubla todo” y solo pensó en correr hacia el banderín.

En la niñez Mónica jugó con equipos de niños hasta los 13 años. Las canchas en las que jugaba eran rudimentarias, a menudo sin pasto, de “pura tierra” y con “piedras”, el contraste con la infraestructura actual. Ella jugó en condiciones precarias en las que se desarrollaba el futbol femenil antes de la exigencia de la liga profesional en México.

Su primer equipo femenil fue en la secundaria, donde representó a su Estado en un torneo nacional. Fue en la Copa Coca-Cola, al llegar a la Final, que conoció el Estadio Azteca. Le impresionó “lo emparejada que estaba la cancha”, en contraste con los campos a los que estaba acostumbrada. La magnitud del estadio la dejó atónita. Compara la cancha a la caricatura de los Supercampeones donde “corrías, corrías y corrías y no llegabas”. A partir de ahí recibió la invitación para formar parte de la Selección Nacional.

Ocampo jugó esta semana su último partido como profesional. Una vez que dejó los botines tomó la libreta para formar parte del cuerpo técnico de Pachuca femenil. El próximo torneo oficialmente será la segunda auxiliar.

Ante los números mensajes que ha recibido tras su retiro hay uno que resalta: el de Charlyn Corral. Mónica confesó que se le salieron las lágrimas, algo inusual en Charlyn, quien le pidió que no se retirara. Una amistad profunda es la que comparten. Ellas jugaron juntas en Selección Nacional, compartieron experiencias dentro y fuera del campo, vivieron juntas en Pachuca y levantaron el primer título de las tuzas.

Mónica no quería retirarse sin ser campeona. Y sus compañeras, incluida Charlyn, se unieron con la motivación de ganar ese torneo. “Por ti Ocampo”.


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Yarek Gayosso
YAREK GAYOSSO

Periodista en Sports Illustrated México, con 13 años de experiencia cubriendo eventos de gran magnitud como los Juegos Olímpicos de París 2024.