Estadio Azteca: La cirugía que rejuveneció al gigante

Todo comienza con una frase de Pelé: “En ese estadio guardo los mejores momentos de mi vida”. Las palabras del icónico campeón del mundo de 1970 resume el sentimiento sobre el Estadio Azteca, un lugar que puede presumirse como la catedral del futbol mundial. Hoy su apariencia inicial, tan reconocida en el paisaje urbano de la ciudad, parece la misma, a pesar de que ha sufrido grandes transformaciones.
Cerca de cumplir 60 años, el estadio se sometió a una cirugía mayor que conservó su esencia de nacimiento. Su fachada emblemática presume ahora un copete rojo que resalta por encima de su cuerpo gris. En el centro de la estructura, un cinturón brillante de pantallas led rompe la estética monumental que lo ha distinguido. La esencia de su fachada es la misma, pero manifiesta guiños que lo acercan al presente.
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Al igual que sucede en los estadios más modernos del mundo, el pago en efectivo ya no es una opción. Los renovados restaurantes y lugares de comida sólo aceptan tarjetas y formas electrónicas de pago.
Las rampas que distinguieron su diseño original mantienen su funcionalidad. El pasado cobra relevancia en el presente. Los baños, que eran una de las asignaturas pendientes, han sido renovados. Igualmente las es
Tras rebasar el túnel, es en el interior donde se percibe la transformación fina. Las butacas que durante muchos años estuvieron tapizadas por los colores de patrocinadores, hoy se aglutinan para formar un fondo gris con detalles blancos que, a pesar de la estructura monumental, dan un tono sobrio y elegante.
Otro de los principales ajustes del estadio es la salida de los vestidores. En la actualidad los jugadores salen por el centro del campo, después de pasar por un pasillo de cristales que acerca a la acción a los aficionados privilegiados.
La numeralia es fría: 87 mil asientos, 250 bocinas de máxima definición. 2,250 metros cuadrados de pantallas led, lujosas zonas VIP. Así se cuenta una parte de los detalles arquitectónicos.
Es entonces que se debe hablar del espíritu, la realidad fundamental que hace diferente a este estadio. Los alaridos guardados; las memorias de la primera vez que se vio el verde de su pasto. Las hazañas de las grandes leyendas que se coronaron aquí
Eso es lo que nunca cambia.
El estadio que nació hace 60 años en un terreno lleno de roca volcánica, se prepara hoy para recibir su tercera Copa del Mundo. Su legado siempre está vivo. Su presente renovado lo pondrá, una vez más, en el centro de los reflectores mundiales.
