Katia Itzel García , la mujer que se invitó sola a la fiesta más grande del mundo

Cuando Katia Itzel García decidió convertirse en árbitra no conocía a nadie en el gremio. Buscó nombres en internet, escribió mensajes y solo una persona le respondió. Diez años después, aquella decisión la llevará al Mundial de 2026 como la primera árbitra mexicana designada para una Copa del Mundo varonil.
Mucho antes de dirigir partidos internacionales, Katia Itzel García pasaba horas viendo noticias junto a sus padres.
Mucho antes de dirigir partidos internacionales, Katia Itzel García pasaba horas viendo noticias junto a sus padres. / Manuel Velasquez/Getty Images

Había una sillita de plástico en la sala de su casa. Era pequeña, de esas que usan los niños cuando todavía no alcanzan los muebles de los adultos. Katia Itzel García la arrastraba cada noche hasta quedar frente al televisor y se sentaba a ver las noticias con sus padres.

No entendía casi nada de lo que decían los conductores. Pero algo en ese ritual, en esa costumbre de mirar el mundo con atención, sembró en ella una convicción que tardaría años en encontrar su forma definitiva: las cosas importantes merecen observarse de cerca.

Décadas después, Katia Itzel García Mendoza caminará hacia el centro de una cancha en la Copa del Mundo de 2026. Llevará un silbato en la boca, un estadio lleno frente a ella y la responsabilidad de tomar decisiones que verán millones de personas. Es una de las dos árbitras centrales elegidas por la FIFA para el torneo. La única mexicana. La primera de su país en alcanzar esa designación en un Mundial varonil. 

Y todo comenzó con una niña que aprendió a observar. Katia creció en una familia de economistas con vocación política. Sus padres le transmitieron el gusto por la historia, el derecho y los temas públicos. Estudió Ciencia Política y Administración Pública en la UNAM. Le apasiona leer, analizar y entender cómo funciona el mundo. Pero siempre existió otra corriente por debajo: más visceral, más física, más urgente.

"La política nunca le ganó al futbol", dice Katia a Sports Illustrated, quien será acompañada por otras tres asistentes y una más  oficial de videoarbitraje. Sandra Ramírez es la otra mexicana que es seleccionada, pero como asistente. En total, 170 oficiales de partido —52 árbitros, 88 árbitros asistentes y 30 oficiales de videoarbitraje— participarán en el torneo.

El futbol llegó por las cascaritas familiares. Cada fin de año la familia se reunía para jugar y algo en esos partidos despertó una pasión que ya no la abandonó. En 2004, cuando tenía doce años, su madre la inscribió en Andrea´s Soccer, uno de los pocos clubes de la Ciudad de México dedicados exclusivamente a niñas y mujeres.

Eran otros tiempos. No existía una liga profesional femenil. No había grandes escenarios ni demasiadas referencias. Pero Katia jugó. Catorce años en total, con los mismos sueños que cualquier futbolista: un Mundial, unos Juegos Olímpicos, selección nacional. Ninguno llegó de la forma en que lo imaginó.

"Yo entiendo a Katia, la árbitra de hoy, si no fuera por la Katia que jugó muchos años", cuenta. "Esos sueños quedaron ahí grabados en el corazón y se están materializando hoy, en un nuevo camino, en una nueva forma".

En 2015 entendió que las posibilidades de convertirse en futbolista profesional en México eran mínimas. La Liga MX Femenil todavía no existía. Entonces apareció una pregunta difícil: ¿cómo seguir dentro del futbol cuando ya no puedes hacerlo como jugadora? Pensó en ser entrenadora. Pero algo faltaba.

"Seguías lejos de lo que realmente era el centro, el campo, la cancha", recuerda. Entonces miró hacia una figura que siempre había estado ahí. La árbitra. La persona con la mejor posición para observar el juego. La persona que nunca abandona el campo. 

El problema era que Katia no conocía a nadie en ese mundo. No tenía un padre árbitro ni un tío ni una amiga que le tendiera la mano. Lo que tenía era internet, una lista de nombres encontrada en una búsqueda y una determinación que no cabe en ningún reglamento. Las buscó en redes sociales. Les escribió una por una. Solo una le contestó.

"Su nombre es Verónica Brito y ella fue la que me guió", dice Katia. "Me dijo: existe la escuela de arbitraje en la Federación Mexicana de Futbol, es una carrera, te va a ayudar que hayas jugado futbol. Y me mostró ese mundo tan bonito que es el arbitraje".

Esa respuesta cambió su vida. Katia ingresó a la escuela de arbitraje en 2016. Desde el principio descubrió que llevaba una ventaja invisible: catorce años con la interpretación del juego desde dentro. Sabía leer movimientos. Sabía reconocer emociones. Sabía cuándo un futbolista estaba por lanzar un balón largo o cuándo una disputa terminaría en conflicto. Había vivido esas sensaciones. Y eso le permitía entenderlas. Pero el desafío no era únicamente deportivo.

Cuando llegó al arbitraje profesional, las mujeres representaban menos del tres por ciento del gremio. No existían referentes visibles en los escenarios más importantes. Durante años, las árbitras mexicanas habían empujado puertas que parecían cerradas. Rosario García. Lucila Venegas. Quetzali Alvarado. Maite Chávez. Ellas avanzaron primero. Katia heredó ese camino y decidió ampliarlo.

En 2019 sonó el teléfono. Contestó. Del otro lado le informaron que recibiría el gafete FIFA internacional. Colgó. Y tardó diez minutos en terminar de creerlo. "No sabía qué responder. No sabía qué decir", recuerda.

Durante años había visto fotografías de árbitras internacionales mexicanas con aquel distintivo en el pecho. Un día quiso verse igual. Ahora era real. Sin embargo, para ella aquello no era una meta. Era una puerta.

"Lo más fácil ya lo hiciste. Ahora viene lo más difícil", suele decirles a quienes reciben el gafete. Porque el verdadero desafío comienza después. Las puertas que abrió a partir de entonces cambiaron la historia del arbitraje mexicano.

En 2022 dirigió la Final del Mundial Sub-17 Femenil en India. Cuando recibió la designación lloró. "Temblaba de los nervios", recuerda.

Después llegaron el Campeonato Femenino de Concacaf, la Copa Mundial Femenina de Australia y Nueva Zelanda, los Juegos Olímpicos de París y la FIFA Women's Champions Cup. Cada torneo alimentó el siguiente sueño. Pero hubo una noche distinta. Una noche que pesó más que cualquier otra.

9 de marzo de 2024. Pachuca contra Querétaro. Liga MX. Primera división varonil. Katia Itzel García apareció como árbitra central. La primera mujer en hacerlo en más de veinte años. No fue el partido que más disfrutó. "No se nos juzga solo como árbitras. También se nos juzga por ser mujeres", explica.

La presión estaba ahí. Las expectativas también. Pero tomó una decisión. No cargar con ellas. "Decidí enfocarme en mi pasión por el futbol, en mi preparación y en la gente que me apoyó para llegar ahí". Entonces llegó el primer silbatazo. Y todo desapareció. "Ahí se olvida. Solo me enfoqué en el partido".

Porque cuando el balón rueda, el futbol no pregunta quién eres. Solo exige que tomes decisiones. Hoy el arbitraje femenino profesional en México reúne a más de cien integrantes. Cuando Katia comenzó eran apenas treinta.

El crecimiento tiene muchas causas. Pero también tiene rostros. Y uno de ellos es el suyo. No porque haya derribado puertas a golpes. Sino porque las abrió y decidió dejarlas abiertas.

Hay una imagen que la acompaña desde hace años. La de Stéphanie Frappart como responsable de las decisiones arbitrales en una Copa del Mundo. Cuando la vio, pensó algo simple. "Yo también puedo". Guardó esa idea. Trabajó. Esperó. Persistió.

Ahora el Mundial está frente a ella. Dentro de unos días caminará por un túnel rumbo a una cancha mundialista. Del otro lado estarán los mejores futbolistas del planeta. También hay millones de personas observando.

Katia dice que cuando llegue ese momento solo sentirá agradecimiento, a quienes la ayudaron. Por quienes le tendieron la mano. Por quienes creyeron en ella antes de que el resto lo hiciera. Y en algún lugar del estadio, o frente a una pantalla en cualquier rincón de México, una niña la verá ocupar el centro de la cancha más importante del mundo. La verá. Y pensará que ella también puede.

Hace años, una niña arrastraba una sillita de plástico hasta el televisor para mirar el mundo de cerca. En 2026, el mundo entero la mirará a ella.


Published |Modified
Mario Palafox
MARIO PALAFOX

Editor SR en Sports Illustrated México. 25 años de experiencia en medios. Ha cubierto 4 Copas del Mundo, Juegos Olímpicos, Fórmula Uno, NBA, NFL.