Keylor Navas, el guardián centroamericano

Desde un paraje lluvioso en Costa Rica hasta las noches doradas del Bernabéu, Keylor Navas desafió los dictados del destino con reflejos prodigiosos y una fe inquebrantable. De niño lo consideraron insuficiente para custodiar las grandes porterías, hoy, a los 38 años desembarca en México con el eco de su leyenda.
Keylor Navas, de Costa Rica, se convirtió en uno de los mejores arqueros del mundo
Keylor Navas, de Costa Rica, se convirtió en uno de los mejores arqueros del mundo / Getty Images

Keylor Navas ha edificado su carrera sobre una improbable obstinación. Es como si el mundo entero le hubiera advertido, desde el inicio, que no pertenecía al lugar al que finalmente llegó.

El primer rechazo fue estructural, anterior incluso a cualquier convocatoria: fue haber nacido en medio de las laderas lluviosas del barrio San Andrés, en San Isidro de El General, un paraje remoto del sur de Costa Rica. Un país diminuto, enmarcado por selvas y cordilleras y enclavado en ese puente de tierra llamado Centroamérica, una región atrapada en el extravío semántico de las potencias: los del norte la llaman el sur y los del sur la piensan como norte. 

Lee también: Keylor Navas, un retrato íntimo

Más cerca de las rutas migratorias hacia Estados Unidos que de las vitrinas del futbol europeo, la sola irrupción de Keylor en el más alto nivel desafió el orden habitual de las jerarquías deportivas

El segundo rechazo fue más directo. El club de su ciudad, el Municipal Pérez Zeledón, lo descartó en divisiones inferiores porque su estatura no les parecía suficiente para el arquetipo elevado del arquero monumental. Aquel niño delgado, de reflejos veloces y fe inquebrantable, no medía aún el metro ochenta que hoy lo impone bajo los tres palos. 

Keylor, el primero de izquierda a derecha, en el Pedregoso, equipo de futbol de su infancia
Keylor, el primero de izquierda a derecha, en el Pedregoso, equipo de futbol de su infancia / Cortesía

Aquella primera negativa pudo haber clausurado su destino, pero no lo hizo. En lugar de rendirse, Navas se aferró con más vehemencia a la certeza íntima de que había nacido para algo extraordinario.

Sus padres migraron a Estados Unidos en busca de horizontes menos estrechos, Keylor y su hermana permanecieron en Costa Rica al amparo de sus abuelos maternos: fueron ellos quienes lo educaron en la fe, entre las plegarias y devociones que todavía hoy lo definen. 

Desde entonces, la espiritualidad se volvió su brújula. Religioso hasta los huesos, Keylor Navas no bebe alcohol —no lo hizo ni siquiera en su boda—, su vida pública está básicamente guiada por la fe que desde siempre ha llevado consigo. “Dios me ha dado un don por algo; y yo debo ofrecer lo mejor de mí mismo en retribución”, le dijo a El País en 2015. Pero en esa seriedad litúrgica, habita también un hombre festivo; en el Levante organizaba noches de bachata en su casa de Valterra, concursos de danzas tropicales donde él y Andrea, su esposa, eran los anfitriones incansables. “Tiene sangre caliente y se mueve muy bien. Aprendíamos de él y de Andrea”, dijo Ángel Rodríguez al diario español. Ese es Navas, una mezcla insólita, un hombre que puede recitar de memoria un pasaje de la biblia y, al mismo tiempo, entregarse a un paso de merengue. 

Esa misma fe, templada desde la infancia, fue la que le impidió abandonar aquel sueño que nació a los seis años, cuando vio a Lester Morgan —el guardameta del equipo nacional— lanzarse para hacer una atajada imposible. “Yo quiero ser como él”, le dijo Keylor a su padre.

Para el tico, el punto de inflexión llegó a los dieciséis años. Cuenta una de esas leyendas que se vuelven eternas, aunque su veracidad superen los límites del cuento, que un día Keylor Navas fue canjeado por 50 balones de futbol para abandonar a su modesto equipo en Pérez Zeledón y fichar con el Deportivo Saprissa, el más laureado e importante del país. Según el diario costarricense La Nación, la realidad fue menos fantástica, aunque no menos reveladora: el traspaso se concretó por dos mil dólares, una suma irrisoria incluso para la modestia del Pedregoso, el club que lo formó. 

Esa transacción —que estuvo a muy poco de ser solamente simbólica— marcó el fin de un origen humilde y el inicio de una epopeya que lo llevaría de las canchas de tierra al mayor de los altares futbolísticos. Con los Morados ganó seis títulos nacionales y una Copa de Campeones de la Concacaf. 

En 2010 dio el salto a Europa. Primero en el Albacete Balompié, como suplente, y luego en el Levante, donde comenzó a esculpir su leyenda: sus reflejos inverosímiles, felinos y su instinto anticipatorio lo elevaron por encima de Courtois y Bravo como el mejor portero de La Liga en la temporada 2013-2014.

Pero fue en el Mundial de Brasil 2014 —aquel torneo en el que Costa Rica se alzó como una revelación absoluta— el que catapultó a Keylor a la dimensión de los elegidos. Enfrentó a gigantes y excampeones mundiales como Italia, Inglaterra, Grecia y Uruguay y las prodigiosas intervenciones de sus atajadas —como aquella en cuartos de final ante el holandés Wesley Sneijder, cuando Navas fue nombrado el jugador del partido a pesar de llevarse la derrota—  sostuvo al equipo y al sueño de un país diminuto que por unos días se sintió dueño del mundo. Elegido como uno de los mejores porteros del torneo, su destino cambió para siempre.

🇳🇱Wesley Sneijder: Technique 💯 🇨🇷Keylor Navas: Techinque 💯 #WorldCup

Posted by FIFA World Cup on Friday, March 4, 2022

El Real Madrid lo fichó en agosto de ese mismo año. Aquel niño que, tras ser rechazado por ser “demasiado bajo”, decidió elevarse sobre todos. Navas acabó heredando una de las porterías más exigentes del planeta en el Santiago Bernabéu, se consolidó como titular indiscutible y fue piedra angular para que el equipo conquistara tres Champions League consecutivas, una hazaña sin parangón en la época contemporánea.

Con la llegada del belga Thibaut Courtois al equipo merengue, el rol de suplente de Keylor se hizo cada vez más evidente. Dejó el Real Madrid en el verano de 2019 y llegó al París Saint-Germain y ese mismo año llevó al equipo a la final de la Champions League, donde cayeron ante el Bayern Munich. 

En Francia, además, se vio arrastrado a una grave polémica extradeportiva, que, aunque originada en 2019, cuando llegó a París, se conoció hasta 2024. Un exempleado lo denunció ante la Fiscalía de Versalles, acusándolo de haberlo tenido en condiciones laborales irregulares durante casi dos años: sin contrato, sin registro ante la seguridad social francesa, con jornadas de hasta 90 horas semanales y alojado en un sótano húmedo, sin ventanas. Navas le imponía condiciones al margen de la legalidad y le pagaba en efectivo, ignorando por completo la legislación laboral del país

Estas denuncias coincidieron con una etapa deportiva difícil para Navas, quien en ese momento jugaba en Newell’s Old Boys en Argentina. En Rosario, su incorporación despertó expectativas extraordinarias, pero en cuestión de meses su vínculo con Newell’s colapsó: por diferencias contractuales, tensiones internas, la ausencia del arquero en juegos importantes y los rumores de su llegada a los Pumas, Keylor terminó forzando su salida de NOB para llegar a México. 

El recién fichado Keylor Navas sonríe durante su presentación como nuevo jugador de los Pumas UNAM en La Cantera
El recién fichado Keylor Navas sonríe durante su presentación como nuevo jugador de los Pumas UNAM en La Cantera / Agustin Cuevas/Getty Images

Navas, de 38 años, inicia un capítulo inusitado en su carrera. Fue presentado como el nuevo jugador de los Pumas de la UNAM, con dos objetivos explícitos: dar estabilidad en el arco y romper una sequía de 14 años sin título en la Liga MX. 

Es el epílogo improbable para una trayectoria que alcanzó las cumbres del futbol mundial, y que ahora busca, en el corazón de México, una última consagración. Un niño que consideraron insuficiente para custodiar las grandes porterías, ahora desembarca en México con el eco de su leyenda.


Published |Modified
Alejandra González Centeno
ALEJANDRA GONZÁLEZ CENTENO

Reportera y creadora de contenido en Sports Illustrated México.