La historia que México quiere repetir

Sesenta y un partidos mundialistas, 18 victorias y apenas dos torneos que todavía brillan por encima del resto. En 1970 y 1986, México convirtió la localía en una fuerza capaz de llevarlo hasta los cuartos de final. Medio siglo después, la generación de Javier Aguirre intenta demostrar que esa fórmula todavía funciona.
Javier Aguirre dirige una selección que intenta reconstruir la confianza perdida en Qatar 2022.
Javier Aguirre dirige una selección que intenta reconstruir la confianza perdida en Qatar 2022. / MexSport Sports Agency

La historia que persigue la Selección Mexicana en 2026 no comenzó con el gol de Julián Quiñones a Sudáfrica ni con la victoria que rompió una espera de 96 años en partidos inaugurales. Comenzó mucho antes. Comenzó cada vez que México organizó una Copa del Mundo.

Porque existe una constante imposible de ignorar: cuando el Mundial se jugó en territorio mexicano, el Tri encontró una versión que rara vez apareció lejos de casa. En 1970 y en 1986 atravesó invicto la fase de grupos, alcanzó los cuartos de final y firmó las dos mejores actuaciones de su historia.

Ahora, con Javier Aguirre al frente y el boleto a octavos de final al alcance de la mano, aquella historia vuelve a aparecer como referencia.

La primera vez ocurrió en 1970.

Hasta entonces México había disputado seis Copas del Mundo y apenas había conseguido una victoria. El país recibía por primera vez el torneo más importante del futbol y el Estadio Azteca se convirtió en el centro del planeta.

El 31 de mayo, más de cien mil personas llenaron el inmueble para el partido inaugural ante la Unión Soviética. El encuentro terminó 0-0, pero dejó una sensación inédita. México no parecía un invitado en su propio Mundial. Parecía un equipo capaz de competir.

Cuatro días después llegó una de las noches más recordadas en la historia de la selección.

México goleó 4-0 a El Salvador con tantos de Gustavo Peña, Javier Valdivia en dos ocasiones y Juan Ignacio Basaguren. Sigue siendo la mayor victoria del Tri en una Copa del Mundo.

El cierre de grupo confirmó que aquello no era casualidad. Un gol de Gustavo Peña bastó para derrotar 1-0 a Bélgica y asegurar el primer lugar del sector. México terminó invicto, con dos triunfos, un empate y apenas un gol recibido.

Por primera vez, el país soñaba en serio. La aventura terminó en cuartos de final ante Italia, pero aquella selección abrió una puerta que hasta entonces parecía cerrada.

Dieciséis años después, México volvió a encontrarse con el Mundial. La edición de 1986 llegó de manera inesperada después de que Colombia renunciara a la organización. El país aceptó el reto y la selección volvió a responder.

El debut fue ante Bélgica. Fernando Quirarte y Omar Carreón marcaron en la victoria 2-1 que encendió al Estadio Azteca. Después llegó un empate frente a Paraguay y finalmente una victoria sobre Irak que aseguró el liderato del grupo.

Otra vez invicto. Otra vez primero de grupo. Otra vez con la sensación de que la localía hacía posible algo diferente.

Aquella selección dirigida por Bora Milutinovic firmó además el mejor rendimiento defensivo en la historia del Tri en una Copa del Mundo: cinco partidos, ninguna derrota y apenas dos goles recibidos.

Después derrotó a Bulgaria en octavos de final y alcanzó los cuartos por segunda vez. Ahí apareció Alemania Federal. Los penales terminaron con el sueño mexicano, pero no con el legado de aquella generación.

Hasta hoy, 1970 y 1986 siguen siendo las únicas ocasiones en que México alcanzó los cuartos de final de una Copa del Mundo. La dimensión de esos dos torneos se entiende mejor cuando se observa el resto de la historia.

El registro acumulado del Tri en Mundiales es, para bien y para mal, revelador. Sesenta y un partidos, 18 victorias, 15 empates y 28 derrotas. Ha marcado 64 goles y ha recibido 101. La diferencia de -37 retrata una realidad incómoda: históricamente, México ha encontrado más puertas cerradas que abiertas en el torneo más importante del futbol.

Todo comenzó el 13 de julio de 1930 en Montevideo. México perdió 4-1 ante Francia en el primer partido de su historia mundialista. Juan Carreño Lara anotó el primer gol mexicano en una Copa del Mundo, pero aquel tanto no evitó el inicio de una larga travesía.

Después llegó la peor racha que ha vivido la selección: trece partidos consecutivos sin ganar, desde aquel debut en Uruguay hasta una victoria sobre Checoslovaquia en Chile 1962. Tuvieron que pasar casi treinta y dos años para que México conociera el triunfo en un Mundial.

También existen cicatrices profundas. La más dolorosa llegó en Argentina 1978, cuando Alemania Federal goleó 6-0 al Tri en la peor derrota de su historia mundialista. México perdió sus tres partidos y terminó último de su grupo. Aquel torneo permanece como uno de los capítulos más oscuros de la selección.

Por eso 1970 y 1986 ocupan un lugar aparte. No sólo porque México alcanzó los cuartos de final. También porque fueron los únicos Mundiales en los que logró convertir la localía en una ventaja tangible.

Ese dato es el que más peso tiene de cara al presente. Cuando México organizó un Mundial nunca perdió en la fase de grupos. Ni en 1970. Ni en 1986.

Y en ambos casos llegó más lejos que cualquier otra selección mexicana. La historia reciente también ayuda a entender la magnitud del momento.

Entre Estados Unidos 1994 y Rusia 2018, México alcanzó los octavos de final en siete Copas del Mundo consecutivas. Siete veces apareció el mismo límite. Siete veces el sueño terminó antes del llamado quinto partido. La repetición fue tan constante que terminó por convertirse en una obsesión nacional.

Luego llegó Qatar 2022. Por primera vez desde 1978, México quedó eliminado en la fase de grupos. Terminó en el lugar 22 del torneo y firmó su peor actuación mundialista en más de cuatro décadas.

La caída recordó que ninguna tradición es eterna. Por eso el triunfo sobre Sudáfrica el pasado 11 de junio tuvo un significado especial. No fueron únicamente tres puntos.

Fue la primera victoria de México en un partido inaugural de Copa del Mundo. Fue también la confirmación de que el equipo de Javier Aguirre tiene una identidad reconocible. Julián Quiñones abrió el marcador al minuto 9. Raúl Jiménez amplió la ventaja al 67. El resultado devolvió una sensación que el futbol mexicano había perdido en Qatar: la posibilidad de mirar hacia adelante.

Ahora aparece Corea del Sur. Una victoria dejaría al Tri con seis puntos antes de la última jornada y lo colocaría prácticamente en los octavos de final. Sería además un nuevo paso hacia una meta mucho más ambiciosa: recuperar el camino que alguna vez recorrieron las selecciones de 1970 y 1986.

El escenario también acompaña la narrativa. El partido será en Guadalajara, en un Estadio Akron repleto, con una afición que agotó las entradas desde hace meses. No será el Azteca de 1970 ni el de 1986, pero sí otro estadio mexicano dispuesto a empujar a la selección en una noche que puede marcar el rumbo del torneo.

La historia ofrece razones para creer. Cuando México organizó un Mundial nunca perdió en la fase de grupos. Cuando juega una Copa del Mundo en casa alcanza su mejor versión. Y las dos veces que logró llegar a cuartos de final lo hizo frente a su gente. Esa es la herencia que intenta recuperar el equipo de Javier Aguirre.

Y esa es la historia que empieza a ponerse a prueba otra vez.


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Mario Palafox
MARIO PALAFOX

Editor SR en Sports Illustrated México. 25 años de experiencia en medios. Ha cubierto 4 Copas del Mundo, Juegos Olímpicos, Fórmula Uno, NBA, NFL.