El Congo persigue en Guadalajara su regreso al Mundial, 52 años después del colapso de Zaire en 1974

El repechaje internacional del Mundial de Futbol 2026, que se llevará a cabo en el Estadio Akron de Guadalajara, se siente como el preludio de una redención histórica. La selección de República del Congo llegó a México con la misión de sacudirse 52 años de ausencia en la Copa del Mundo y darle un respiro a una nación que, mientras sueña con goles, lidia con una de las crisis humanitarias más profundas del planeta.
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Los Leopardos, dirigidos por el francés Sébastien Desabre, son el equipo mejor rankeado del torneo de repechaje y esperan en la gran final al ganador del duelo previo entre Jamaica y Nueva Caledonia.
El panorama para el Congo es, sobre el papel, alentador. Si logran imponerse en los 90 minutos —o en la prórroga y penaltis si fuera necesario—, se integrarán al Grupo K del Mundial, donde ya aguardan potencias como la Portugal de Bruno Fernandes, Colombia y Uzbekistán.
Six nations, two spots. 🏆🌎
— FOX Soccer (@FOXSoccer) March 23, 2026
Bolivia, Congo DR, Iraq, Jamaica, New Caledonia, and Suriname meet in the FIFA Play-Off Tournament with two places at the 2026 FIFA World Cup up for grabs- who gets in? pic.twitter.com/ACUQFPhwh5
Para llegar aquí, los congoleños tuvieron que mutar en gigantes y eliminar en las fases previas a potencias africanas como Camerún y Nigeria, una hazaña que ya ha encendido la chispa de una especie de choque patriótico en las calles de Kinshasa.
Sin embargo, el camino no estuvo exento de drama.
El 9 de marzo pasado, la FIFA puso fin a una angustiante batalla legal al desestimar una protesta de Nigeria, que alegaba irregularidades en la nacionalización de figuras clave como Aaron Wan-Bissaka y Axel Tuanzebe.
Con el fallo a su favor, el equipo de Desabre llegó a tierras mexicanas con una plantilla donde 24 de los 26 convocados militan en ligas europeas, liderados por el capitán y referente defensivo del Lille, Chancel Mbemba.
Zaire, 1974
Hablar del futbol en el Congo es, inevitablemente, invocar el fantasma de Zaire 1974. En aquel entonces, bajo la dictadura de Mobutu Sese Seko, el país —rebautizado como Zaire entre 1971 y 1997— se convirtió en el primer representante del África subsahariana en clasificar a un Mundial.
Lo que debía ser una fiesta de la identidad africana —enmarcada en la política de Authenticité de Mobutu— terminó convirtiéndose en una tragedia surreal.
Tras ganar la Copa Africana de Naciones ese mismo año, los jugadores fueron tratados como tesoros nacionales, pero la realidad en Alemania Federal fue demoledora. Después de una derrota bastante digna ante Escocia (2-0), los funcionarios enviados por el gobierno de Mobutu y que acompañaban a la delegación, comunicaron que el pago prometido por disputar el torneo jamás llegaría.
En el vestuario, los jugadores amenazaron con no salir al campo en señal de protesta. Y aunque eventualmente decidieron disputar el encuentro, lo hicieron con una nula disposición de competir y sin poner demasiada resistencia ante una Yugoslavia que los goleó 9-0 sin piedad.
La furia de Mobutu fue de dimensiones desproporcionadas. Envió a su guardia personal al hotel de concentración con un ultimátum de vida o muerte: si perdían por más de tres goles ante el campeón defensor, Brasil, no podrían regresar al país o sus familias sufrirían las consecuencias.
Aquel contexto explica la famosa jugada de Ilunga Mwepu, quien en un tiro libre brasileño salió disparado de la barrera para patear el balón antes que Rivelino. El mundo, claro, se burló de la jugada pensando que no conocía las reglas; en realidad, era un hombre desesperado intentando arañar segundos al reloj para mantener el marcador 3-0 y salvar su pellejo y el de sus compañeros.
Al regresar, Mobutu les quitó todo. Y el futbol congoleño entró en un largo invierno del que apenas hoy parece despertar.
Mientras Mbemba, Yoane Wissa y Cédric Bakambu se entrenan en las modernas instalaciones de Guadalajara, la realidad en su hogar es desgarradora. El Congo atraviesa un recrudecimiento de la violencia en sus provincias orientales, especialmente en Kivu del Norte e Ituri.
El conflicto, alimentado por la lucha por el control de minerales críticos como el coltán y el cobalto —ingredientes esenciales para tecnología global—, involucra a más de cien grupos armados, incluyendo al rebelde M23, respaldado según denuncias internacionales por la vecina Ruanda.
Las cifras son de una crudeza insoportable. Más de 5.3 millones de desplazados internos y 24 millones de personas enfrentando inseguridad alimentaria para este 2026.
Es en este escenario es que los Leopardos se han convertido en una especie de pegamento social capaz de unir a las diversas etnias y clases políticas. El futbol en el Congo no es un escape de la realidad, es la realidad misma expresada en 90 minutos de lucha.
La República Democrática del Congo se juega en Guadalajara la posibilidad de reescribir su historia, de sustituir la imagen de Ilunga Mwepu pateando el balón por miedo, por la de Chancel Mbemba levantando los brazos en señal de triunfo.
