La última tarde de calma antes del Mundial; cinco días para romper cien años

La Selección Mexicana salió sonriente a la cancha. Javier Aguirre caminó entre ejercicios y observó cada movimiento con la calma de quien ha visto mucho futbol. A cinco días del debut ante Sudáfrica, el Tri afina detalles para enfrentar una historia que lo persigue desde 1930: la de los partidos inaugurales que nunca ha podido ganar.
La selección mexicana entrenó a puerta abierta previo a su partido ante Sudáfrica del próximo 11 de junio.
La selección mexicana entrenó a puerta abierta previo a su partido ante Sudáfrica del próximo 11 de junio. / Agustin Cuevas/Getty Images

El sol cayó con fuerza sobre el césped. Faltan cinco días para el partido más esperado de los últimos cuatro años y, sin embargo, la primera imagen que dejó la Selección Mexicana fue la de un grupo relajado. Contento.

Javier Aguirre apareció caminando junto a sus jugadores. Sonrisas. Comentarios al aire. Ningún gesto de tensión. Ninguna señal de nerviosismo. Sólo un entrenador de 67 años y un grupo que parece disfrutar los últimos días antes de que el Mundial les cambie la rutina para siempre.

Antes de que comenzara el entrenamiento, ya había futbol. Carlos Acevedo, Guillermo Ochoa y Raúl Rangel formaron un pequeño torito a primer toque. Tres porteros compartieron espacio y bromas, movieron la pelota con naturalidad, como si quisieran recordar que antes de las alineaciones, las dudas y la presión, el juego sigue siendo eso: una pelota que corre.

A unos metros, Aguirre llamó a Gilberto Mora. Hablaron en privado durante algunos minutos. El técnico escuchó más de lo que habló. Luego ambos regresaron con el grupo y el entrenamiento comenzó oficialmente.

Antes de que la intensidad aumentará, Aguirre hizo una pausa. Llamó al grupo y cedió el protagonismo a Luis Romo. El mediocampista celebró su cumpleaños un día antes, rodeado de compañeros y atravesó la tradicional fila india entre aplausos, empujones y bromas. Por unos segundos desaparecieron Sudáfrica, las alineaciones y el Mundial. Quedó únicamente la imagen de un vestidor que disfruta sus últimos días de convivencia antes de entrar en la tensión de la competencia.

Después llegaron los ejercicios. Controles orientados, secuencias a uno y dos toques, recepciones incómodas y dinámicas de velocidad donde Aguirre se mantuvo atento a cada detalle. Segundos después, apareció una de las escenas que mejor retratan al seleccionador nacional. Aguirre caminó toda la cancha. La recorrió completa. Observó ejercicios. Escuchó conversaciones. Lanzó indicaciones. Se acercó a unos, corrigió a otros. Fue estación por estación hasta llegar a los porteros. Ahí se detuvo durante varios minutos.

No es casualidad. Desde que arrancó la concentración el pasado 6 de mayo, el Vasco ha repetido el mismo ritual. "Tengo 30 años de entrenador. Empecé en el 96 con Atlante. Salió Ricardo Antonio La Volpe y entré yo. Desde ese día hasta hoy me gusta ver a los porteros. Siempre. Es un puesto específico", explicó días atrás.

La explicación va más allá de la curiosidad. "Me intereso mucho por los once del equipo. Si delego totalmente esa responsabilidad y no participo en la toma de decisiones, me siento extraño. Siempre lo he hecho y creo que merece ese tiempo que le dedico a observar y a aprender".

Por eso observa. Porque a cinco días de inaugurar un Mundial, cada detalle importa. Mientras Aguirre vigilaba, Rafael Márquez ya había estado antes sobre el campo para preparar la sesión. Toni Amor coordinaba los ejercicios. Todo parecía funcionar como una maquinaria perfectamente ensamblada.

Hubo trabajo físico, ejercicios con balón y dinámicas diseñadas para elevar la dificultad técnica. Controles orientados. Secuencias a uno y dos toques. Recepciones incómodas. Situaciones donde el talento aparece o queda expuesto.

Y en medio de todo, la voz del entrenador.

—¡Grande, contrólala!

El grito fue para Guillermo Martínez.

Minutos después, el delantero respondió con una definición de primera intención y recibió inmediatamente el reconocimiento de Aguirre.

El técnico lo ve todo. Escucha todo. Comenta todo.

Los auxiliares completan el paisaje. De un lado, Brian Gutiérrez y Mateo Chávez mantienen la pelota viva en un reto improvisado, intercambian pases imposibles sin permitir que el balón toque el suelo. La atmósfera es competitiva, pero ligera. Del otro, varios jugadores hacen tiro a gol con la competencia que esto implica, el que falla se sale. Los arqueros responden una y otra vez.

En otra zona del campo, Santiago Giménez trabaja de forma específica con Toni Amor. Movimientos cortos. Desmarques. Pelea por espacios reducidos. Mateo Chávez participa como apoyo en los ejercicios. La escena deja una lectura inevitable.

El delantero del Milan sigue en la búsqueda de convencer por completo al cuerpo técnico.

Porque aunque Aguirre insiste en que puede utilizar a cualquiera, las señales de la alineación empiezan a aparecer. Y cuando utilicen a Gimenez, éste pueda responder.

Lo que quedó claro al final de la tarde es lo que el propio Aguirre repite: el 11 no tiene dudas. Puede poner a cualquiera para enfrentar a Sudáfrica el próximo jueves. Pero la alineación ante Serbia dejó pistas. Raúl Rangel acumula ocho partidos consecutivos como titular y parece haberse adueñado de la portería. César Montes y Johan Vásquez apuntan a la central. Jesús Gallardo parece fijo por la izquierda. La única duda visible permanece en la lateral derecha, entre Jorge Sánchez e Israel Reyes.

En el medio campo, Brian Gutiérrez y Álvaro Fidalgo han ganado terreno durante las últimas semanas. La incógnita pasa por Erick Lira y el estado físico de Edson Álvarez, quien podría ser el primer cambio en caso de que no le alcance el tiempo para tomar ritmo.

Más adelante, Raúl Jiménez, Julián Quiñones y Roberto Alvarado ofrecieron ante Serbia una combinación que gustó al cuerpo técnico por movilidad, presión e intercambio constante de posiciones. Pero las conclusiones futbolísticas terminaron siendo secundarias. Porque cuando la práctica terminó y los jugadores abandonaron la cancha, quedó una sensación distinta. Una sensación conocida.

México entrenó a puerta abierta por última vez antes del partido inaugural del Mundial. Javier Aguirre observó cada detalle.
México entrenó a puerta abierta por última vez antes del partido inaugural del Mundial. Javier Aguirre observó cada detalle. / Agustin Cuevas/Getty Images

Algo parecida a aquella tarde del 5 de junio de 2010, cuando México entrenó a puertas abiertas en el St. Stithians College de Johannesburgo. También faltaban pocos días para inaugurar una Copa del Mundo. También existía ilusión. También había un grupo convencido de que podía cambiar la historia.

Dieciséis años después, la historia vuelve a tocar la puerta. Y es una historia que ha sido especialmente cruel con México. Ninguna selección ha disputado más partidos inaugurales en la Copa del Mundo que el Tri. Siete en total. Ninguna arrastra un registro tan incómodo en ese escenario: cinco derrotas y dos empates: Francia en 1930, Brasil en 1950, Suecia en 1958, La Unión Soviética en 1970 y Sudáfrica en 2010.

Décadas de estrenos sin victoria. Por eso este entrenamiento abierto fue mucho más que una práctica. Fue la última postal de la calma antes del ruido. La última tarde de bromas, cumpleaños y toritos antes de que el Azteca se llene y el mundo vuelva a mirar a México.

El jueves, cuando el balón empiece a rodar frente a Sudáfrica, ya no importarán los ejercicios, las pruebas ni las pistas de la alineación. Importará una sola cosa: que el grupo que salió contento a la cancha sea también el que finalmente encuentre la manera de ganar un partido inaugural que México lleva casi un siglo en su persecución.


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Mario Palafox
MARIO PALAFOX

Editor SR en Sports Illustrated México. 25 años de experiencia en medios. Ha cubierto 4 Copas del Mundo, Juegos Olímpicos, Fórmula Uno, NBA, NFL.