Mundial 2026: el balón como planisferio colonial

El Mundial de Norteamérica 2026 exhibe cómo la migración y las antiguas relaciones coloniales influyen en la conformación de varias selecciones nacionales
La selección de Curazao encontró su primera clasificación a la Copa del Mundo con técnico y jugadores nacidos en los Países Bajos.
La selección de Curazao encontró su primera clasificación a la Copa del Mundo con técnico y jugadores nacidos en los Países Bajos. / FIFA.com

La Copa del Mundo de Norteamérica 2026 no sólo marcará el regreso del torneo a la región por primera vez desde 1994. También será, en muchos sentidos, un espejo de la historia política del último siglo. En la lista de selecciones clasificadas empieza a asomarse algo más que futbol: aparecen trayectorias migratorias, antiguas colonias y comunidades que crecieron lejos del territorio que hoy representan.

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El nuevo formato aprobado por la FIFA, con 48 selecciones en lugar de 32, abrió una puerta que permitirá observar con mayor claridad las huellas del pasado colonial en la cancha. Uno de los casos más llamativos es el de Curazao, territorio caribeño que adquirió un estatus autónomo en 2010 tras la disolución de las Antillas Neerlandesas. Su presencia mundialista no puede entenderse sin mirar hacia Países Bajos.

Muchos de los futbolistas elegibles para Curazao nacieron y se formaron en Europa. No necesitan naturalización: basta la ascendencia familiar para que la normativa de la FIFA permita su convocatoria. Esa posibilidad no es nueva, pero rara vez había tenido un peso tan visible en la construcción de una selección.

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El fenómeno no se limita al Caribe. Marruecos ya dio una muestra clara en Catar 2022, cuando buena parte de su plantel había nacido en Francia, Bélgica o España. Argelia y Túnez siguen una lógica similar desde hace años, apoyándose en jugadores formados en academias europeas que mantienen vínculos familiares con el norte de África.

Más al sur, Senegal y Costa de Marfil también encuentran en el éxodo una extensión natural de su cantera. No es extraño que sus figuras crezcan en ligas francesas o belgas antes de consolidarse con la camiseta nacional.

Haití ofrece otro ejemplo en el Caribe. Su regreso al escenario mundialista se apoya en futbolistas nacidos en Francia o Canadá, producto de décadas de migración. La identidad futbolística ya no depende exclusivamente del lugar de nacimiento, sino de la red familiar y cultural que conecta territorios.

El Mundial de 2026 reunirá así a selecciones cuya competitividad está íntimamente ligada a la diáspora. Más que una anomalía, es una consecuencia natural de un siglo de movimientos poblacionales. El balón, como tantas veces, termina contando una historia más amplia que el marcador.

Equipos en la repesca con casos similares

  • República Democrática del Congo. Antigua colonia belga cuya base de futbolistas nace o se desarrolla en academias de Bélgica y Francia, reflejo de una relación histórica que aún impacta en su estructura deportiva.
  • Surinam. Caso espejo de Curazao. La excolonia neerlandesa puede integrar futbolistas nacidos en Países Bajos, donde reside una amplia comunidad surinamesa.
  • Jamaica. La amplia comunidad jamaicana en el Reino Unido ha permitido que varios jugadores nacidos en Inglaterra opten por representar a la selección caribeña, fortaleciendo su plantilla a partir de la diáspora.

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Ángel Soto M.
ÁNGEL SOTO M.

Editor y redactor de Sports Illustrated México.